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¿Qué ocurre en el cerebro de las personas que son engañadas por su excesiva autoestima?

Salud

Por: pijamasurf - 05/01/2018

Es decir, ¿cómo es posible que una alta autoestima y autosuficiencia puedan evolucionar al grado de distorsionar la realidad?

La confianza en uno mismo, según los psicólogos, es el resultado del autoconcepto y la autoestima. Esta última puede variar ante diferentes estímulos como el trato de los otros hacia uno, la crianza, la eficacia con que uno se enfrenta a cada uno de los retos de la vida, etc. Para tener una autoconfianza empoderada y saludable no hay una solución de 5 segundos, sino que se requiere de un largo trabajo de introspección, sinceridad y una motivación constante. En muchas ocasiones, los terapeutas de la salud mental recomiendan hacer un cambio de mentalidad (mindset), en el que se introduzca un pensamiento positivo a favor del éxito.

No obstante, ¿qué pasa cuando la autoconfianza desborda la realidad? De acuerdo con el biólogo Dominic Johnson y el científico James Fowler, el exceso de autoconfianza:

sólo resulta en valoraciones falsas, expectativas irracionales y decisiones arriesgadas, por lo que queda por descubrir cómo esta falsa creencia puede evolucionar o establecerse en una población con estrategias competitivas que incluyen creencias si bien precisas, imparciales.

Es decir, ¿cómo es posible que una alta autoestima y autosuficiencia puedan evolucionar al grado de  distorsionar la realidad?

Psicólogos como Heidi Grant, de la Universidad de Harvard, proponen como ejemplo el caso del actual presidente de EEUU, Donald Trump, quien no sólo se considera un ser apto para su puesto de trabajo, sino que culpa a otros cuando los resultados o las consecuencias de sus decisiones se salen de sus manos y, además, no son del todo positivas. Grant se pregunta entonces: “¿Por qué la persona con excesiva autoconfianza permanece felizmente ignorante de sus propias limitaciones?”.

Si bien podríamos sacar a relucir el bien conocido efecto Dunning-Kruger, nuevas investigaciones han llegado a considerar otras opciones. Los psicólogos sociales Joyce Ehrlinger, Ainsley Mitchum y Carol Dweck consideran que este fenómeno puede relacionarse con las creencias implícitas que el individuo tiene sobre la maleabilidad de su carácter y sus habilidades. En otras palabras:

hay ciertas personas que ven tanto a su personalidad como a su inteligencia como fenómenos ‘fijos’ (es decir, vives de cierta manera y no puedes hacer nada al respecto), mientras que otros creen que son capaces de adaptarse al cambio y a desarrollar con esfuerzo una experiencia.

Normalmente, los individuos con el primer tipo de mindset prefieren demostrar que son inteligentes ante los demás, antes que buscar otras oportunidades para volverse más inteligentes. De hecho, en los estudios de estos investigadores se comprobó que:

aquellos estudiantes con un mindset fijo en verdad eran excesivamente autoconfiados –sus estimaciones eran más del 25% más altas que sus resultados–. Y aquellos estudiantes que creían que sus habilidades eran maleables –i.e. un mindset de crecimiento– subestimaron su desempeño por un 5%.

Es como si poseer un mindset de habilidades fijas llevara a la gente a sobrevalorar esas habilidades.

Este tipo de mindset puede convertirse en la clave para entender la regulación de la autoconfianza, pues Ehrlinger y sus colaboradores descubrieron que los estudiantes con un mindset fijo se esmeraban más en problemas sencillos y menos en los más complejos, seleccionándolos de manera que pudiesen reforzar su exceso de autoconfianza –y así, confirmar su opinión sobre ellos mismos–. Por lo anterior podemos concluir que, con la psicoeducación adecuada, se puede moldear una personalidad más maleable:

Con esto no se quiere decir que una persona no es estable con el paso del tiempo, pero estudios longitudinales sobre los rasgos de personalidad han encontrado que los rasgos varían considerablemente con la edad, así como los coeficientes intelectuales que pueden cambiar según el medio ambiente y el aplicador de la prueba. Sí, hay límites, pero las personas pueden y suelen cambiar con esfuerzo y experiencia.

Después de todo, la personalidad de un individuo puede ser reflejo tanto del cerebro como de su neuroplasticidad, que pueden modificarse con el paso del tiempo y llenarse siempre de riquezas culturales, diversidades sexuales y conocimientos extendidos en el tiempo y el espacio. Bastaría entonces tomar conciencia sobre la realidad de uno mismo y, a partir de esto, llevar a cabo acciones que lo afectan a uno y, asimismo, a segundas e incluso a terceras personas.

 

Fotografía principal: The Simpsons, por Matt Groening

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Salud

Por: pijamasurf - 05/01/2018

La ciencia nos señala que este tipo de personas no suelen darse cuenta de su propia toxicidad, ni de su incompetencia

Se les ha llamado “vampiros energéticos”, “personas tóxicas”, entre otros apelativos poco atractivos. En realidad son individuos de los cuales ciertos rasgos de su personalidad promueven la tensión, el conflicto y el caos. Una vez que se logra identificar quiénes son aquellos personajes malévolos que se encuentran cerca en nuestro día a día, es posible establecer límites con el fin de evitar que su toxicidad nos envenene. No obstante, ¿qué pasaría si el personaje tóxico que tanto daño hace alrededor fuese uno mismo?

Por las redes sociales circula una importante cantidad de publicaciones en donde se desean parejas o amistades que promuevan el bienestar, la paz y mucho amor. Sin embargo, y de una manera más frecuente de lo esperado, los usuarios que suelen compartir este tipo de imágenes resultan tener conductas consideradas hipócritas y falsas, para desencadenar malestares en segundas o terceras personas. Desgraciadamente, la ciencia nos señala que este tipo de personas no suelen darse cuenta de su propia toxicidad ni incompetencia. Esto sucede debido al efecto Dunning-Kruger, en donde existe una ligera superposición entre lo que otras personas piensan acerca de nosotros y lo que creemos que piensan, principalmente en tres aspectos:

 

– Ser frío y  prepotente

El cerebro del ser humano está estructurado de tal manera que se encuentra constantemente evaluando el entorno en búsqueda de alguna situación de riesgo. Solemos cuestionarnos si alguien que acabamos de conocer podría provocarnos problemas, si tiene posibilidades (por sus rasgos físicos o conductuales) de hacernos daño, etc.; y solemos responder a esa pregunta basándonos en sus acciones: si es empático, atento, sincero, amigable, con buenas intenciones…

En palabras de Heidi Grant, psicóloga de la Universidad de Yale:

Cuando eres cálido, la tendencia a decirle a las personas qué hacer se ve más como ‘una ayuda’. […] En otras palabras, cuando las personas creen que generalmente tienes buenas intenciones desde el corazón, se te brinda el beneficios de la duda y tus acciones se interpretan de manera generosa. Esto sólo sucede cuando eres cálido.

El problema es que la mayoría de las personas, en especial en el área profesional, considera que dar buenas impresiones a sus colegas se relaciona principalmente con la competencia. En su afán de demostrar sus habilidades y talentos, se vuelven negligentes para proyectar calidez. (De hecho, es peor que eso -algunas personas suprimen actuar con calidez con el fin de parecer más competentes-).

Es decir, este tipo de personas tóxicas suelen gritar o hablarles con un tono inquisitivo a sus compañeros, son incapaces de reconocer sus errores y culpan a otros, critican negativamente a sus colegas –resaltando sus errores– delante de los jefes para aparentar mayor competencia ante los demás, hacen comentarios peyorativos sobre los mismos jefes cuando éstos no están en el lugar, y no permiten a otros desempeñar sus funciones, pues ponen trabas y no siguen las líneas logísticas.

 

– Ser egoísta

Ya sea que una persona decida ignorar sus responsabilidades y deje que otros las asuman, o se queje constantemente por la negligencia o límites de los otros, estos tipos de rasgos se asocian con alguien tóxico que “se queja demasiado”. Incluso cuando alguien se encuentre enfocado sólo en el trabajo, la persona tóxica siempre criticará su manera de ser, su estilo de trabajo, o intentará robarse el crédito del esfuerzo del otro.

Para Grant:

Honestamente, la mayoría de las personas egocéntricas ni siquiera se dan cuenta de que lo son, y algunos de ellos ni siquiera quieren serlo. (Excepto los narcisistas. Asumámoslo). Para estar seguros de no caer en esta particular categoría de la toxicidad, toma un tiempo para ponerte en los zapatos de tus colegas para realmente intentar comprender su perspectiva. Sé curioso y pregunta, para aprender más acerca de tus compañeros de trabajo que no conozcas realmente. Y sobre todo, muestra empatía. Muéstrales que los respetas y valoras lo suficiente como para tratar de ver a través de sus ojos. Usa frases como ‘Lamento que estés pasando por eso…’ y ‘Me imagino lo que debiste sentir…’.

 

– Ser un intransigente “sabelotodo”

En varias investigaciones se ha demostrado que los compañeros de trabajo tóxicos suelen tener excesiva confianza en sí mismos, considerándose superiores y con mayores capacidades que sus colegas. No obstante, y en realidad, no siempre dominan el conocimiento ni los métodos de otras áreas. Desgraciadamente, este tipo de personajes suelen maltratar a los otros, por su supuesta inferioridad.

 

Fotografía principal: humansarefree