*

X
¿La vida puede vivirse como un proyecto, con metas y objetivos bien definidos? ¿O esa pretensión no hace más que marchitar su vitalidad?

¿Qué significa ser uno mismo? Esta pregunta es relativamente reciente en la historia de la humanidad, pues las ideas de “individualidad”, “identidad” y aun otras como “realización” y “cambio personal” no tuvieron en épocas pasadas el mismo valor que ahora se les concede. La existencia siempre ha sido un enigma para el ser humano o, dicho de otro modo, una condición a la cual se busca entender y otorgar un significado, y es posible que actualmente experimentar la vida como un “proyecto” a desarrollar sea una forma en que se intenta responder esa pregunta. En este contexto vale la pena, sin embargo, dar un paso atrás para considerar ciertas cosas con mayor detenimiento y reflexión, particularmente aquello que corresponde a la singularidad del tiempo y las condiciones que vivimos.

Con lucidez, el filósofo Byung-Chul Han ha señalado uno de los riesgos de plantearse la vida como una “empresa”, pues entre otras implicaciones, la existencia se convierte en una competencia frenética y un tanto ciega en la que el sujeto es al mismo tiempo “esclavo” y “amo”, esto es, una persona explotada por sí misma, exigiéndose siempre más en el intento insuficiente de conseguir un logro inalcanzable.

Este diagnóstico puede sonar exagerado a algunos, pero basta mirar un poco la sociedad en la que cada cual vive para, al menos, concederle el beneficio de la duda al filósofo. Personas “adictas” a su trabajo, otras sedientas insaciablemente de “nuevas” experiencias, algunas más con decenas de propósitos planteados y quizá iniciados pero al final dejados en el abandono. Socialmente se insta al sujeto a “ser más” o “ser mejor”, a considerar su vida como un proyecto (con objetivos, planeaciones, control de riesgo y todo ese vocabulario propio del manejo de un negocio capitalista, ahora cada vez más trasladado y aplicado a la existencia), a progresar y evolucionar, y el sujeto toma dicho mandato un tanto inconscientemente, lo obedece y se esfuerza, pero sin entender por qué ni cómo, esto es, sin preguntarse por los motivos que lo llevan a ello ni la forma en que ejecuta la orden. Y en esa confusión, cuando se da cuenta de que no alcanzó el objetivo propuesto, experimenta dicho resultado con frustración, como un “fracaso” personal o como una falta de capacidad de sí mismo. Y repite el ciclo: si no lo logró es porque no se esforzó lo suficiente.

¿Qué significa “ser más”, después de todo? ¿Qué significa “ser mejor”? ¿Y dónde terminan ese “más” y ese “mejor”?

Dostoyevski, en Los hermanos Karamazov, escribió que “vivir es más importante que buscar el sentido de la vida”. A esa consideración podrían sumarse la de Kierkegaard y la de Alan Watts, entre varios otros, quienes coincidieron con el maestro ruso en cierta idea de sencillez desde la cual es posible acometer la existencia. Para Kierkegaard, la vida no es un problema que deba resolverse, sino una realidad que necesita experimentarse; y Alan Watts dijo, en una de sus conferencias, que “el significado de la vida es únicamente estar vivo”, a lo cual añadió: “es tan simple, tan obvio y tan sencillo; sin embargo, todos viven apresurados y en gran pánico, como si fuera necesario lograr algo más allá de sí mismos”.

¿Qué tienen en común estas ideas? Más allá de la lectura que cada cual puede darles, estos autores coinciden en la primacía del vivir sobre los significados que intentamos darle a la existencia. De hecho, si reflexionamos con atención, en muchas situaciones es esa acumulación de sentido la que provoca cierta sensación de pérdida, confusión o entorpecimiento, pues en el esfuerzo de imponer un significado a algo que no lo tiene, la conciencia comienza a dividirse y complicarse, a enredarse en sí misma, a fragmentarse hasta disolverse en una y mil ocupaciones.

Valdría la pena preguntarse por qué en ocasiones la tarea de vivir no nos parece suficiente por sí misma y por qué nos sentimos impelidos a añadir “objetivos” suplementarios. No se trata de tener una vida vacía o carente de sentido. Esta no es una crítica que busque conducir a cierto nihilismo pesimista o, peor aún, conformista, en donde parezca que es mejor aceptar la vida tal y como la tenemos y vivir así hasta el final de nuestros días, resignados al vendaval y la corriente. Nada de eso. 

En cambio, quizá podamos considerar que vivir es su propio propósito, esto es, entender la vida como una tarea que en su propio desarrollo nos plantea las posibilidades y las alternativas. Frente al agobio de vivir una vida llena de objetivos, planes y proyecciones, es posible plantear en cambio una existencia en donde únicamente la vida en sí, el vivir experimentado con plenitud, sean la sola orientación, el único sentido, pero entendido éste no como un significado, sino como una fuerza que conduce y que guía, que indica hacia dónde persistir y hacia dónde continuar.

 

También en Pijama Surf: Cómo el mundo pasó de ser una danza a ser una carrera

Del mismo autor en Pijama Surf: Una lección sobre la búsqueda de la felicidad en ‘La dolce vita’ de Federico Fellini

 

Twitter del autor: @juanpablocahz

Imagen de la portada: La méridienne ou La sieste (d'après Millet), Vincent van Gogh (1890)

Te podría interesar:

Descarga 70 mil textos clásicos sobre religión, mitología y espiritualidad seleccionados por la Universidad de Princeton

Filosofía

Por: pijamasurf - 05/13/2018

Un tesoro de la sabiduría milenaria de la humanidad cuidadosamente clasificado por la Universidad de Princeton y disponible para descargar

La Universidad de Princeton ha compilado un jugoso archivo de sabiduría milenaria dentro del sitio Internet Archive, el cual permite descargar todo tipo de textos que ya no tienen copyright. En este caso se han clasificado más de 70 mil textos religiosos, mitológicos y filosóficos en diferentes idiomas (la mayoría en inglés, pero más de 3 mil en español). La herramienta permite buscar por idioma, por autores, por religión, tema y muchos más filtros.

Los textos allí reunidos son parte de la Princeton Theological Seminary Library y abarcan cientos de años, tocando casi cualquier tema religioso concebible. Son parte de un diálogo interreligioso que preserva y vincula las diferentes tradiciones de lo que podemos llamar una sophia perennis. Todo aquel interesado en las antiguas tradiciones y las raíces del pensamiento moderno encontrará un jugoso banquete de conocimiento.

Se encuentran en este jardín digital de tesoros textos como La rama dorada de Frazer, La mitología teutónica de Grimm, las obras de Madam Blavatsky, el Zend Avesta (el texto fundacional del zoroastrismo), el Satapatha Brahmana (el texto que describe el sacrificio védico y que Roberto Calasso considera el primer libro en prosa de la historia), las Leyes de Manu, el Mahabharata, los Jyatakas (el texto que recuenta las vidas previas del Buda), compilaciones de los sutras del mahayana, algunos puranas, estudios comparativos del cristianismo y el hinduismo, por supuesto las Upanishad, diferentes versiones del Rig Veda y el Sama Veda, textos islámicos, textos y comentarios de los misterios egipcios y sus rituales soteriológicos, textos sobre las religiones de Mesoamérica, todo tipo de comentarios de los diferentes libros, la Biblia y todo tipo de traducciones, incluyendo una versión sánscrita de la Biblia, textos de las diferentes sectas cristianas, textos de William James, Martín Lutero, John Locke y muchos otros pensadores, textos de astrología clásica, de los misterios de Eleusis, y textos tan especializados como un estudio de la adoración del falo y la vagina (lingam y yoni) en la India.

 

Consulta aquí el archivo