*

X
Luna nueva en Géminis; Mercurio y la Luna entran en recepción mutua

Este miércoles 13 de junio a las 14:43, hora de la Ciudad de México (a las 19:43, tiempo universal), ocurrirá la luna nueva. La luna nueva es el momento de completa conjunción entre la Luna y el Sol, en este caso en el grado 22 del signo zodiacal Géminis. Tenemos en este caso lo que se conoce astrológicamente como recibimiento mutuo: la Luna se encuentra en el domicilio de Mercurio (en Géminis) y Mercurio en el domicilio de la Luna (en Cáncer). Así, la luna nueva está teñida por la energía mercurial, la insaciable curiosidad y astucia de los gemelos, un signo que también connota un aspecto alquímico de la conjunción de los opuestos -tema que es intrínseco a todas las lunas nuevas-.

Evidentemente, la luna nueva es apenas una coordenada en un diagrama planetario mucho más complejo (actualmente dominado por Saturno retrógrado en Capricornio haciendo oposición a Mercurio en Cáncer y próximamente con la Luna y con el Sol), por lo cual la supuesta energía del día que pregona un horóscopo basado solamente en el signo solar o lunar es incompleta, a lo mucho una sugestión basada en un pequeño trazo. Dicho eso, algunas personas creen que los movimientos de la Luna son especialmente influyentes -por su cercanía- y se pueden observar sus efectos en las mareas y en ciclos hormonales, entre otras cosas. En todo caso, esta luna nueva de Géminis adopta el tema de la creatividad, la palabra, la curiosidad, la comunicación -o encontrar formas hábiles para comunicar las emociones: Mercurio con la Luna-. Mercurio es el Logos, la inteligencia racional cósmica, aunque en Géminis tiene una parte también traviesa y dinámica; la Luna simboliza el aspecto emocional; teóricamente se podría hacer una conjunción de estos aspectos masculinos y femeninos, del intelecto y la emoción. 

Tradicionalmente esta fase lunar era usada para realizar ayunos, limpias, purificaciones y sanaciones. En la agricultura, este es el momento de la siembra -si se siguen creencias antiguas-, de la inseminación de la nueva vida en el vientre de la Tierra. Utilizando el cosmos como un espejo simbólico de nuestra mente y nuestra vida sublunar, podemos jugar con los símbolos y los arquetipos y aprovechar este aparente momentum hacia lo nuevo para cerrar ciclos e iniciar nuevos proyectos o experimentos en nuestra forma de ser y relacionarnos con el mundo. Podemos, de alguna manera, impulsarnos con la fuerza y la claridad que creemos ver en estas fechas para convencernos e imaginar que las cosas pueden ser diferentes. La luna nueva es nacimiento pero, siempre, también muerte: un ejemplo simbólico de que podemos renovarnos y hasta renacer si dejamos atrás los atavismos de nuestra mente. La Luna es siempre un espejo de la energía del Sol, en sí misma sólo un vehículo de nuestra imaginación y nuestro deseo.

Te podría interesar:
Hay un sentimiento que llena y parece corresponder únicamente a la sensación de lo trascendental

Uno abre Confesiones de San Agustín y se halla con un pensador, uno inquietísimo, pero sobre todo, un inspirado envidiable. Hay algo en sus palabras que nos transmite un espíritu lleno, que desborda una alegría trascendental, le llamo yo. Tan está ahí que San Agustín consigue hacérnosla sentir, y en este libro se guarda una verdad que todos buscamos: ese sentimiento, que llena.

Hallamos en Confesiones una Roma (354-430 d. C.) que aún no está dibujada del todo por el cristianismo, que venera a sus dioses antiguos y está inmersa en sus costumbres arraigadas, como la lucha entre gladiadores. Hallamos también a un San Agustín ávido de sentido: "Confesiones no es más que un relato autobiográfico de la búsqueda de éste".

El misticismo de San Agustín, aunque enclavado en el catolicismo, muestra una arista mucho más universal que bien podría encajar con cualquier religión. Y hallamos a un San Agustín que, al fin, consigue mirar con perspectiva la ciencia, las artes, la razón y la sabiduría: todo desde el justo medio que les da el ser parte de la unidad: Dios, y no la verdad o la promesa por sí mismas.

Los siguientes fragmentos de Confesiones nos hablan de un misticismo que envuelve a los misterios más prístinos de la existencia del ser humano: la unidad, la eternidad, el tiempo... Si el sentimiento trascendental en las palabras de San Agustín se trata de un placebo o no, nos queda la irrelevancia de la respuesta. El sentimiento está allí, y es uno que pareciera llenar desde la inspiración del sentido de todas las cosas.

 

 

Y me recojas de la dispersión en que anduve dividido en partes cuando, apartado de la unidad, que eres tú, me desvanecí en muchas cosas.

 

Sobre la eternidad

Porque tú habías hecho el tiempo mismo; ni pudieron pasar los tiempos antes de que hicieses los tiempos.

Mas precedes a todos los pretéritos por la celsitud de tu eternidad, siempre presente; y superas todos los futuros, porque son futuros, y cuando vengan serán pretéritos. Tú, en cambio, eres el mismo, y tus años no mueren. Tus años ni van ni vienen, al contrario de estos nuestros, que van y vienen, para que todos sean. Tus años existen todos juntos, porque existen; ni son excluidos los que van por los que vienen, porque no pasan.

Tú hiciste todos los tiempos, y tú eres antes de todos ellos; ni hubo un tiempo en que no había tiempo.

 

Alabanzas

¡Oh eterna verdad, y verdadera caridad, y amada eternidad! Tú eres mi Dios; por ti suspiro día y noche, y cuando por vez primera te conocí, tú me tomaste para que viese que existía lo que había de ver y que aún no estaba en condiciones de ver.

Mas para mí el bien está en adherirme a Dios, porque, si no permanezco en él, tampoco podré permanecer en mí. Mas él, permaneciendo en sí mismo, renueva todas las cosas.

 

Twitter: @AnaPauladelaTD