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No hay felicidad sin paz interior y plenitud del ser (un fragmento de Walt Whitman)

Buena Vida

Por: pijamasurf - 06/26/2018

Una página del diario de Whitman nos demuestra que la felicidad que tantos persiguen es más bien consecuencia de la tranquilidad del espíritu, aunada a un grado pleno de comunión con la vida

¿Por qué la felicidad es una preocupación? Esta pregunta puede parecer un poco tonta, pero no por ello es menos real. Cuántas personas, en este mismo momento, no viven preocupadas porque no se consideran felices o porque sienten que su vida es particularmente desdichada o desafortunada…

Sin embargo, es muy posible que en ciertos casos esa postura frente a la felicidad sea, paradójicamente, la fuente misma del malestar. Como han insistido tantos filósofos, poetas, hombres de ciencia o pensadores de tradiciones espirituales y religiosas, vivir “persiguiendo” la felicidad es una actitud que más bien la aleja de nuestra vida. 

Prueba de ello es la insatisfacción que suele invadir a quienes, sin una reflexión de por medio, orientan su vida en función de entidades un tanto abstractas o simbólicas en donde creen que encontrarán la felicidad –el dinero, las posiciones materiales, una posición social de poder, una pareja, etc.–, pero aun consiguiéndolas, descubren que eso no les dio el bienestar que tanto buscaban.

¿Por qué? En buena medida, porque la felicidad auténtica surge primero del interior del ser humano, y sólo desde ahí puede volcarse hacia el mundo exterior. ¿Y cómo ocurre esto? En pocas palabras, cuando una persona ha entrado en paz consigo misma, cuando ha entendido la razón de su existencia y se encuentra satisfecha con ésta. No una satisfacción conformista o de resignación, sino más bien un entendimiento cabal de las circunstancias en las que se encuentra, que sin duda pueden cambiar (y, de hecho, cambiarán), pero que en ese momento se reconocen así, como son. Sólo entonces, si esas mismas circunstancias se combinan de otra manera, es posible que una persona pueda experimentar cierto momento de felicidad…

En una entrada de su diario correspondiente al 20 de octubre de 1876, el poeta Walt Whitman consignó una experiencia que ejemplifica esta actitud frente a la felicidad. En ese entonces Whitman tenía 57 años de edad y continuaba adicionando versos a su poema Hojas de hierba, del cual publicaría varias versiones en los siguientes años. No obstante, su salud estaba notablemente afectada por un derrame cerebral que había sufrido poco tiempo antes, en 1873, el cual lo llevó a mudarse de Washington a Nueva Jersey para vivir en casa de su hermano. El mismo año su madre murió y, con esto, se completó una temporada particularmente adversa para el poeta.

Todo lo cual, sin embargo, no le impidió experimentar este momento:

No sé qué ni cómo, pero me parece que más que nada gracias a estos cielos (de vez en cuando pienso, que aunque por supuesto lo he visto todos los días de mi vida, nunca antes había visto realmente el cielo). Este otoño vivido he tenido algunas horas maravillosamente plenas –¿o acaso no podría decir que han sido perfectamente felices?–. Según he leído, Byron, justo antes de su muerte, le dijo a un amigo que en toda su vida sólo había conocido tres horas felices. También está esa vieja leyenda alemana sobre la campana del rey, con la misma idea. Mientras estaba en el bosque, con una hermosa puesta de sol entre los árboles, pensé en Byron y en la historia de la campana, y surgió en mí la impresión de que estaba teniendo una de esas horas felices. (Aunque tal vez mis mejores momentos nunca los he apuntado: cuando llegan no puedo permitirme romper el encanto con registros acuciosos. Simplemente me abandono a ese estado de ánimo, lo dejo ser y me entrego a su éxtasis placentero).

¿Qué es la felicidad, de cualquier manera? ¿Es una de estas horas o algo parecido? Tan impalpable… ¿Un simple aliento, una tinta que se desvanece? No estoy seguro, pero me daré a mí mismo el beneficio de la duda.

En esta página, Whitman insiste sobre la naturaleza instantánea y esporádica de la felicidad, su condición fugitiva, pero curiosamente no alcanza a establecer el vínculo entre dicha impresión y la experiencia de plenitud por la que estaba pasando. Un caminante se interna en el bosque y de pronto se descubre sorprendido no sólo en medio de la plenitud de la naturaleza, sino también en la plenitud de sí mismo, y acaso se da cuenta, en un momento de lucidez, que una y otra no son distintas, que todos pertenecemos a un mismo flujo de vida que nos recorre y nos sostiene, tanto como a las aves o a las plantas, y que en el fondo eso es la felicidad: reconocernos identificados con la vida en sí, inundados por su flujo inmarcesible.

¿No será entonces la clave, la resolución del misterio de la felicidad, cultivar esa paz interior y la comunión entre uno mismo y las circunstancias de la vida? 

 

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Una guía ‘alquímica’ de bebidas alcohólicas y alimentos para acompañarlas

Buena Vida

Por: pijamasurf - 06/26/2018

Un ingenioso mapa de inspiración alquímica para el mundo de vinos, licores y cervezas

En el desarrollo de la alquimia, existe una noción sostenida a lo largo de los siglos en torno al balance entre los opuestos. En la terminología del trabajo alquímico es común encontrar alusiones a lo luminoso y lo oscuro, lo sublime y lo terrenal y, también, lo frío y lo cálido.

En parte inspirado por este principio –que, por otro lado, recorre otras tradiciones de pensamiento esotérico– el diseñador Rego Sen realizó una guía para navegar varias de las bebidas alcohólicas más consumidas y algunos de los alimentos que suelen acompañarlas.

A partir de la división clásica de los cuatro elementos, Sen distribuyó bebidas como la cerveza, el vodka, los licores digestivos y los vinos, así como platillos condimentados o postres, asignándole al fuego las bebidas que queman, al aire las bebidas que secan, al agua aquellas que sacian y a la tierra las que amargan.

La ilustración es notable pero, sin duda, no del todo rigurosa con respecto al desarrollo histórico de la alquimia. De cualquier forma puede tomarse como una invitación a tomar en cuenta esas otras formas de pensamiento sobre la vida, en este caso específico, a propósito de lo que llevamos a nuestro cuerpo y que provoca una reacción química. 

Si somos nosotros mismos quienes elegimos los elementos y los ingredientes, ¿por qué no elegir aquellos que propicien reacciones benéficas?

 

En este enlace puedes consultar la imagen en alta resolución

 

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