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Saturno retrógrado en Capricornio: repensar y reforzar entre la depresión y la lentitud

AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/11/2018

Del 17 de abril al 6 de septiembre del 2018, Saturno, "el gran maléfico", estará en movimiento retrógrado

En la astrología tradicional Saturno es considerado, junto con Marte, un planeta maléfico. Como señala el filósofo neoplatónico Jámblico, este entendimiento de "maléfico" no es del todo preciso, ya que los planetas, considerados como arquetipos o divinidades, son tendencias o influencias que llevan hacia la completud del ser, hacia el cumplimiento de un propósito de vida, de una especie de dharma. En este sentido Saturno no es realmente "maléfico", pero es el encargado de poner orden y obligar por los medios más forzosos a que el individuo cambie y entre en ritmo con el destino cósmico. Esta "rectificación" saturnal no suele ser muy placentera que digamos. 

Saturno ingresó a Capricornio, el signo que rige y donde dispone de mayor potencia, a finales de diciembre del 2017 y estará en este signo hasta el 2020. Este período tiene esta duración debido a los aparentes movimientos retrógrados, que hacen que Saturno parezca regresar en su viaje por las constelaciones y permanezca más tiempo dentro de la misma. Desde el 17 de abril hasta el 6 de septiembre Saturno estará retrógrado. Los astrólogos interpretan el movimiento retrógrado como un tiempo de reflexión, detenimiento, alentamiento, desconexión, y también como una oportunidad para retomar fuerzas, planear y volver a intentar superar algunos de los grandes escollos que repetidamente nos impiden florecer. Saturno es el planeta de los límites y los obstáculos y esto suele generar frustración y dolor pero, como aprendemos con el tiempo, esto es necesario para crecer. Saturno en Capricornio puede ser un tiempo muy depresivo, contraído, poco fluido y adverso para la salud, especialmente para los huesos, los dientes y en general las estructuras (todo esto es regido por Saturno) y para las rodillas (que rige Capricornio). Esto se acentúa en aquellas personas que tienen planetas en su carta que hacen aspectos con este tránsito -y todo esto puede ser aún más difícil durante el retrógrado-. Sin embargo, es también una gran oportunidad para poner las cosas en orden, encontrar una estructura sólida que nos permita navegar la realidad y desarrollar fortaleza ante la adversidad. El retrógrado también nos da una nueva oportunidad, como si el tiempo se regresara y nos dijera: allí viene otra vez la prueba. El astrólogo Austin Coppock describe así el momento de Saturno en Capricornio:

Saturno es el gran maléfico en la astrología, trae privación, miedo, frío excesivo, fragilidad, depresión, confinamiento y exclusión. Sin embargo, Saturno también enseña las virtudes de la paciencia, la disciplina, la durabilidad, el deber, y nos muestra cómo mantener una calma glacial incluso en las peores condiciones. 

Lo que no te mata no necesariamente te hace más fuerte; puede ir progresivamente mermándote hacia un estado insalvable. Te hace más fuerte si eres capaz de mantener cierta entereza ante la contrariedad, si eres capaz de desarrollar cierta veta estoica, cierto desapego a todo lo dispensable y virar la atención hacia aquello esencial e impostergable. De la misma manera que antiguamente en el invierno las personas debían fortificarse, encontrar provisiones, resguardarse y conservar energía, este tiempo enseña la sabiduría de la fortificación, de construir la propia fortaleza inexpugnable.

Saturno y Capricornio no sólo significan el estado invernal de retraimiento, conservación y preserverancia, significan la inteligencia organizacional para soportar la escasez y la adversidad -sobrevivir los embates de un tiempo malhadado con puro tesón es muy difícil-. Eso quiere decir optimizar, tomar prevenciones, ahorrarse riesgos, calcular y cultivar esa particular sabiduría que asociamos con la edad, con la experiencia, con aquello que es capaz de no sucumbir ante el calor del momento. Saturno, siendo el planeta de la melancolía, es también el planeta de la contemplación (esto es ejemplificado en el cuadro de Durero) y de la inteligencia más fría y alta -es el guardián de la eternidad en el esquema hermético del Poimandres- y estos momentos llaman al desarrollo de esta inteligencia que mira hacia lo que trasciende el tiempo y las vicisitudes. Una inteligencia necesaria, ya que de otra manera el ser será devorado por Cronos, el padre que sin miramientos devora a sus hijos. 

Saturno también significa el padre, la tradición, el pasado, las deudas, aquellas cosas que nos mantienen atorados. Saturno en Capricornio, dice Coppock, "nos otorga la oportunidad de recuperar y digerir nuestra historia familiar, cultural y global". Aquellos que aprenden de la historia tienen la oportunidad de cambiar el futuro, y aquellos que comulgan con sus ancestros tienen la oportunidad de asegurar que lo valioso se mantenga vivo y que los patrones obsoletos finalmente sean eliminados.

El astrólogo y alquimista Álvaro Remiro indica que uno debe preguntarse "¿que quiere el dios?", ¿qué le gusta a la divinidad planetaria a la que estamos tratando? En el caso de Saturno, sin duda, se trata de la disciplina, el orden, el compromiso, la paciencia. Esto es lo que hay que sacrificar en el altar de este dios. El fruto del sacrificio será el alma; como sugiere James Hillman: "en la paciencia está tu alma".

Debemos recordar que los alquimistas llamaron a su materia prima "Saturno", el plomo que sería transformado en oro. Jung luego interpretó esto como la posibilidad que ofrece la depresión y la enfermedad en general para entrar en contacto con las profundidades del alma y hacer consciente el material inconsciente que constituye la materia de la alquimia -es aquí donde puede empezar la gran obra de transformación-. Saturno es la piedra angular para el templo de la Jerusalén celeste, es decir, para construir la morada que lleva finalmente a la trascendencia del tiempo, del propio Saturno.  

Notablemente, este período de Saturno en Capricornio es el final de un lapso de 200 años. Los astrólogos rigen su medición de ciclos del tiempo por las conjunciones de Saturno y Júpiter -entre otras cosas, como la precesión y demás-. Estas conjunciones ocurren cada 20 años y siguen ciclos de 200 años en signos zodiacales que tienen el mismo elemento. Esta era ha sido regida por la tierra -por el materialismo-: llevamos 200 años de conjunciones en Capricornio, Tauro y Virgo. La siguiente conjunción ocurrirá en Acuario en el 2020, un signo de aire, dando inicio a una nueva era. Así que estamos viviendo, por así decirlo, un fin de ciclo, lo cual puede ser bastante tortuoso, pero al final del túnel nos espera la brisa fresca del signo del humano.

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Las preguntas que hacemos podrían estar creando el mundo que experimentamos

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Por: pijamasurf - 06/11/2018

El efecto del observador en la física, según la interpretación de John Wheeler, sugiere que vivimos en un mundo participativo en el que la realidad surge de nuestras interrogaciones

El físico John Archibald Wheeler fue sin duda uno de los físicos más importantes del siglo XX, famoso, entre otras cosas, por acuñar el término "agujero negro" y por su interpretación de la mecánica cuántica basada en lo que llamó un "universo participativo". 

Wheeler, quien fue discípulo de Niels Bohr, consideró, después de un largo análisis de lo que implicaba la teoría cuántica, que el cosmos debía de ser un fenómeno participativo, es decir, que sólo existía en dependencia del acto de observación, esto es, de nuestra conciencia, como señala John Horgan en su perfil de Wheeler para la revista Scientific American. Uno de los aspectos más interesantes de la teoría de Wheeler es el paralelo que trazó con la teoría de la información de Shannon. Para Wheeler el bit de información era análogo al quantum de la física, la unidad mínima que es definida por el acto de observación (de allí su famosa exclamación It from bit):

Cada eso [it], cada partícula, cada campo de fuerza, incluso el mismo tiempo-espacio, deriva su función, su significado, su existencia misma -aunque en ciertos contextos de manera indirecta- de las respuestas que se obtienen a preguntas de sí o no, selecciones binarias, bits que se generan a partir de los aparatos [de medición].

Para explicar la naturaleza de la realidad a Wheeler le gustaba contar el siguiente ejemplo, basado en una versión alterna del popular juego "20 preguntas". En la versión convencional, una persona sale de una habitación mientras el resto de los participantes se pone de acuerdo sobre una persona, lugar o cosa que será la respuesta. El individuo que salió luego tiene 20 preguntas, que serán respondidas con "sí" o "no", para adivinar. En la versión de Wheeler, la persona que responde sólo pensará en el objeto de la respuesta una vez que se le haya hecho la pregunta y no antes. Todas las demás personas harán lo mismo, de tal forma que la respuesta sea consistente con todas las preguntas previas. Este ejemplo es ilustrativo, según, Wheeler, porque muestra, al igual que en el caso del electrón que pasa a través de una rendija, que la realidad no emerge hasta que se hace una pregunta. "La situación no se declara a sí misma hasta que has hecho una pregunta. Y el preguntar una pregunta impide y excluye que se pregunte otra". Y si esto ocurre con el acto de observación que determina la posición y el momentum de una partícula, ¿no sucederá lo mismo con la realidad del mundo? Lo que implica esto es que la realidad que vivimos podría ser una función de las interrogantes de nuestra conciencia, algo que emerge a partir de las particularidades de nuestra observación; y si hiciéramos otras preguntas, el mundo sería otro. Por lo tanto, no existe un mundo allá afuera, externo y separado. Por eso Wheeler dijo: "Me tomo 100% en serio el hecho de que el mundo podría ser un producto de nuestra imaginación".

 

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