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Solsticio de verano, 21 de junio 2018: el día más luminoso del año

AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/21/2018

El 21 de junio a las 05:07 horas ocurrirá el solsticio de verano en el hemisferio norte y el solsticio de invierno en el hemisferio sur, una fecha sumamente significativa

El jueves 21 de junio tendrá lugar el solsticio de verano, el día más luminoso del año en el hemisferio norte y el inicio oficial del verano. El momento exacto en el que el Sol se acerca más al cenit ocurrirá a las 05:07 horas de la madrugada, hora de la Ciudad de México (a las 10:07am, tiempo universal). En el centro de México el día durará 13 horas con 25 minutos, y en otras partes del mundo, como en Rusia, esto puede extenderse mucho más. Desde este momento el Sol iniciará un "descenso" hasta culminar en el solsticio de invierno en diciembre, el día más oscuro del año.

En el hemisferio sur este mismo momento significará el solsticio de invierno, el día más oscuro, que da inicio al invierno.

Los solsticios y equinoccios son los grandes pivotes del año; antiguamente servían para organizar los ciclos de la agricultura y solían estar ligados a diferentes mitos y festividades religiosas, algo de lo cual todavía podemos apreciar ciertos rasgos. Esta fecha sigue congregando a personas en sitios arqueológicos como Stonehenge o Chichén Itza, donde la arquitectura toma en cuenta los solsticios y pueden apreciarse diferentes alineaciones.

El solsticio de verano es (o era) para muchas culturas el tiempo de la cosecha, de la fruición de lo que se sembró, pero no sólo materialmente sino también espiritualmente, habiendo un paralelo arquetípico entre la conciencia o el espíritu y la luz. Era también, entonces, una fiesta de la fertilidad -siendo el Sol el símbolo de la energía creativa- en la que tradicionalmente se rendía culto a divinidades ligadas a la agricultura. Se confunde e interpenetra esta fecha en la tradición cristiana con la Fiesta de San Juan, quizás de manera similar a como el sincretismo religioso romano mezcló la Navidad (y las saturnalias) y el solsticio de invierno. Entre las religiones paganas y sus versiones new age, se celebra el llamado Midsummer. 

Como solemos mencionar en estas fechas, los equinoccios y los solsticios nos recuerdan que vivimos en un tiempo específico, no sólo en el Cronos, el tiempo mecánico, compuesto solamente de unidades idénticas, sino en el Kairós de los griegos, el tiempo oportuno, el tiempo cualitativo. Hay un tiempo para sembrar, un tiempo para cosechar, un tiempo en el que es más propicio construir algo nuevo, un tiempo en el que es más propicio conservar lo que se tiene, tiempos para explorar, tiempos para guardarse, tiempos para luchar, tiempos para descansar. Todo bajo el cielo tiene un tiempo adecuado para su propósito, como dice el texto bíblico. Esta conciencia resulta un tanto extraña para el habitante moderno de la ciudad, que no convive mucho con los ciclos naturales y está acostumbrado a que todas las cosas estén igualmente disponibles los 365 días del año. Por ello el recordatorio: la existencia se vuelve más rica y cobra más sentido cuando el individuo la concibe como ritmo y como un lograr entrar en armonía con el cosmos. Estas fechas son oportunidades para hacer una "alineación y balanceo".

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Saturno retrógrado en Capricornio: repensar y reforzar entre la depresión y la lentitud

AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/21/2018

Del 17 de abril al 6 de septiembre del 2018, Saturno, "el gran maléfico", estará en movimiento retrógrado

En la astrología tradicional Saturno es considerado, junto con Marte, un planeta maléfico. Como señala el filósofo neoplatónico Jámblico, este entendimiento de "maléfico" no es del todo preciso, ya que los planetas, considerados como arquetipos o divinidades, son tendencias o influencias que llevan hacia la completud del ser, hacia el cumplimiento de un propósito de vida, de una especie de dharma. En este sentido Saturno no es realmente "maléfico", pero es el encargado de poner orden y obligar por los medios más forzosos a que el individuo cambie y entre en ritmo con el destino cósmico. Esta "rectificación" saturnal no suele ser muy placentera que digamos. 

Saturno ingresó a Capricornio, el signo que rige y donde dispone de mayor potencia, a finales de diciembre del 2017 y estará en este signo hasta el 2020. Este período tiene esta duración debido a los aparentes movimientos retrógrados, que hacen que Saturno parezca regresar en su viaje por las constelaciones y permanezca más tiempo dentro de la misma. Desde el 17 de abril hasta el 6 de septiembre Saturno estará retrógrado. Los astrólogos interpretan el movimiento retrógrado como un tiempo de reflexión, detenimiento, alentamiento, desconexión, y también como una oportunidad para retomar fuerzas, planear y volver a intentar superar algunos de los grandes escollos que repetidamente nos impiden florecer. Saturno es el planeta de los límites y los obstáculos y esto suele generar frustración y dolor pero, como aprendemos con el tiempo, esto es necesario para crecer. Saturno en Capricornio puede ser un tiempo muy depresivo, contraído, poco fluido y adverso para la salud, especialmente para los huesos, los dientes y en general las estructuras (todo esto es regido por Saturno) y para las rodillas (que rige Capricornio). Esto se acentúa en aquellas personas que tienen planetas en su carta que hacen aspectos con este tránsito -y todo esto puede ser aún más difícil durante el retrógrado-. Sin embargo, es también una gran oportunidad para poner las cosas en orden, encontrar una estructura sólida que nos permita navegar la realidad y desarrollar fortaleza ante la adversidad. El retrógrado también nos da una nueva oportunidad, como si el tiempo se regresara y nos dijera: allí viene otra vez la prueba. El astrólogo Austin Coppock describe así el momento de Saturno en Capricornio:

Saturno es el gran maléfico en la astrología, trae privación, miedo, frío excesivo, fragilidad, depresión, confinamiento y exclusión. Sin embargo, Saturno también enseña las virtudes de la paciencia, la disciplina, la durabilidad, el deber, y nos muestra cómo mantener una calma glacial incluso en las peores condiciones. 

Lo que no te mata no necesariamente te hace más fuerte; puede ir progresivamente mermándote hacia un estado insalvable. Te hace más fuerte si eres capaz de mantener cierta entereza ante la contrariedad, si eres capaz de desarrollar cierta veta estoica, cierto desapego a todo lo dispensable y virar la atención hacia aquello esencial e impostergable. De la misma manera que antiguamente en el invierno las personas debían fortificarse, encontrar provisiones, resguardarse y conservar energía, este tiempo enseña la sabiduría de la fortificación, de construir la propia fortaleza inexpugnable.

Saturno y Capricornio no sólo significan el estado invernal de retraimiento, conservación y preserverancia, significan la inteligencia organizacional para soportar la escasez y la adversidad -sobrevivir los embates de un tiempo malhadado con puro tesón es muy difícil-. Eso quiere decir optimizar, tomar prevenciones, ahorrarse riesgos, calcular y cultivar esa particular sabiduría que asociamos con la edad, con la experiencia, con aquello que es capaz de no sucumbir ante el calor del momento. Saturno, siendo el planeta de la melancolía, es también el planeta de la contemplación (esto es ejemplificado en el cuadro de Durero) y de la inteligencia más fría y alta -es el guardián de la eternidad en el esquema hermético del Poimandres- y estos momentos llaman al desarrollo de esta inteligencia que mira hacia lo que trasciende el tiempo y las vicisitudes. Una inteligencia necesaria, ya que de otra manera el ser será devorado por Cronos, el padre que sin miramientos devora a sus hijos. 

Saturno también significa el padre, la tradición, el pasado, las deudas, aquellas cosas que nos mantienen atorados. Saturno en Capricornio, dice Coppock, "nos otorga la oportunidad de recuperar y digerir nuestra historia familiar, cultural y global". Aquellos que aprenden de la historia tienen la oportunidad de cambiar el futuro, y aquellos que comulgan con sus ancestros tienen la oportunidad de asegurar que lo valioso se mantenga vivo y que los patrones obsoletos finalmente sean eliminados.

El astrólogo y alquimista Álvaro Remiro indica que uno debe preguntarse "¿que quiere el dios?", ¿qué le gusta a la divinidad planetaria a la que estamos tratando? En el caso de Saturno, sin duda, se trata de la disciplina, el orden, el compromiso, la paciencia. Esto es lo que hay que sacrificar en el altar de este dios. El fruto del sacrificio será el alma; como sugiere James Hillman: "en la paciencia está tu alma".

Debemos recordar que los alquimistas llamaron a su materia prima "Saturno", el plomo que sería transformado en oro. Jung luego interpretó esto como la posibilidad que ofrece la depresión y la enfermedad en general para entrar en contacto con las profundidades del alma y hacer consciente el material inconsciente que constituye la materia de la alquimia -es aquí donde puede empezar la gran obra de transformación-. Saturno es la piedra angular para el templo de la Jerusalén celeste, es decir, para construir la morada que lleva finalmente a la trascendencia del tiempo, del propio Saturno.  

Notablemente, este período de Saturno en Capricornio es el final de un lapso de 200 años. Los astrólogos rigen su medición de ciclos del tiempo por las conjunciones de Saturno y Júpiter -entre otras cosas, como la precesión y demás-. Estas conjunciones ocurren cada 20 años y siguen ciclos de 200 años en signos zodiacales que tienen el mismo elemento. Esta era ha sido regida por la tierra -por el materialismo-: llevamos 200 años de conjunciones en Capricornio, Tauro y Virgo. La siguiente conjunción ocurrirá en Acuario en el 2020, un signo de aire, dando inicio a una nueva era. Así que estamos viviendo, por así decirlo, un fin de ciclo, lo cual puede ser bastante tortuoso, pero al final del túnel nos espera la brisa fresca del signo del humano.