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Un duro golpe para Facebook

Este ha sido un año difícil para Facebook. La red social más grande del mundo ha estado bajo intenso escrutinio a partir de que se reveló que Cambridge Analytica otuvo acceso a millones de perfiles para influir en las elecciones de Estados Unidos y, aparentemente, permitió la injerencia de Rusia. Zuckerberg tuvo que presentarse ante el Congreso y el Senado de Estados Unidos para responder numerosos cuestionamientos.

En respuesta a un clima enrarecido de serio cuestionamiento, Facebook ha hecho importantes cambios que al parecer podrían no ser muy rentables, aunque son indispensables para sanear su imagen pública. Entre ellos está una mayor transparencia, más privacidad y un giro más hacia lo social y menos hacia las noticias (la idea es ser, otra vez, más una red social y menos un medio).

Ante esta situación, los ingresos de Facebook se vieron afectados. Si bien la compañía reportó ganancias de 13.2 mil millones de dólares, esto fue mucho menos de lo que se esperaba en Wall Street, lo cual colocó en un estado de volatilidad sus acciones, que pasaron de 217 dólares por acción hasta 176 dólares en un solo día. La pérdida es realmente monumental -cerca de 120 mil millones de dólares-, no sólo porque alcanzó el 20% del total, sino por el valor total de la empresa, por lo cual podría ser la caída de valor más grande de la historia, comparada al producto interno bruto de varios países. 

Zuckerberg, quien perdió en la jornada unos 15 mil millones, pasó en 5 minutos de ser el cuarto hombre más rico del mundo a ser el sexto. Y eso no es todo. Según se ha empezado a especular, la junta directiva de Facebook podría estar ya buscando un reemplazo para Zuckerberg, en aras de cuidar el negocio. Algo que no sería del todo raro, ya que muchas de estas compañías que cotizan en la bolsa avanzan, con el tiempo, a tener un CEO que no es el fundador. Sin embargo, Zuckerberg ha sido especialmente reticente a soltar el control de la empresa que creó cuando era un estudiante universitario.

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Un glitch en el asistente virtual de Amazon hizo a una pareja pasar una situación penosa y generó preocupación sobre la privacidad de esta tecnología

El escritor de ciencia ficción Philip K. Dick anticipó que en el futuro serían nuestros aparatos los que nos espiarían, ya no los agentes del FBI. Sea esto accidental o perverso, ese futuro ya está aquí, como prueba un reciente incidente. 

Una pareja de Portland se sobresaltó cuando uno de los empleados del esposo los alertó de que había estado recibiendo mensajes de audio con sus conversaciones privadas. En primera instancia la pareja se mostró incrédula, pero luego el empleado les detalló una de sus conversaciones: una discusión sobre pisos de madera. Los mensajes habían sido enviados por el asistente virtual de Amazon, Alexa, la personalidad que reside en el aparato Echo.

Ante esta situación, Amazon admitió que existe una vulnerabilidad en el software de Alexa que hace que adivine las conversaciones y tome acciones con base en estimaciones que pueden ser, evidentemente, incorrectas. Amazon explicó que lo sucedido es algo sumamente raro. Debieron de haber ocurrido varias fases de malinterpretación: primero, el aparato debió de haber escuchado una palabra similar a su nombre y luego interpretar la conversación subsecuente como "enviar mensaje", y más tarde debió de preguntar "¿nombre de contacto?" y en la conversación de fondo interpretar un nombre y una afirmación a su pregunta.

Amazon explicó que se encuentra trabajando para que esto no vuelva a suceder, e informó que se puede evitar cualquier accidente desactivando la función de Echo para hacer llamadas. 

De cualquier manera, quedan ciertas dudas en cuanto a la protección de datos. Alexa funciona escuchando incesantemente el ambiente, para responder cuando se le menciona ("Alexa"). Una vez que se le llama, Alexa almacena la información de las conversaciones que ocurren cuando se ha activado su función de asistencia en la cuenta personal de Amazon de los usuarios. Esta información se queda allí indefinidamente, a menos de que los usuarios la borren manualmente. Y recientemente, Amazon hizo una patente que en un futuro permitiría a Alexa dar asistencia aunque no sea llamada. Por ejemplo, Alexa podría escuchar una conversación en la que se menciona el plan de ir a cenar y tomar la iniciativa y enviar un mensaje con una recomendación, mientras la conversación transcurre.