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El secreto deseo que subyace a la exploración recreativa de las drogas

Un árbol surgió. ¡Oh trascendencia pura!

-Rilke, Sonetos a Orfeo

 

El ser humano ha utilizado sustancias para alterar su conciencia desde tiempos inmemoriales y seguramente lo seguirá haciendo. Esto sugiere que hay una búsqueda perenne en su consumo, que, si bien es vivido de manera diferente según el  contextos cultural, parece tener un carácter universal y podría revelar algo intrínseco a la naturaleza humana y a la naturaleza del mundo.

Hace unos años publicamos aquí una nota sobre el trabajo de Johan Harari quien ha teorizado que detrás de las adicciones a las drogas se encuentra como causa verdadera una necesidad de conexión. Harari basa su argumento en casos clínicos, incluyendo ratas que sólo se vuelven adictas a las drogas cuando están marginadas de una población, no reciben la suficiente atención y no viven en un entorno "positivo". Lo que demuestra Harari, en todo caso, es que la causa de la adicción no es la droga en sí, sino los factores psicológicos del individuo.

Lo que queremos argumentar aquí es que este sentido de conexión es otra forma de hablar de lo que la escritora francesa Simone Weil llama "la belleza del mundo". Y que no sólo las personas que se vuelven adictas sino todas las personas que toman sustancias recreativas, como pueden ser los psicodélicos, lo que están buscando es una experiencia de la belleza del mundo. Dicha conexión es inherente a la experiencia de belleza, pues al percibir la belleza uno participa en el orden y la claridad del mundo que se revela y al hacerlo intima algo inefable y trascendente. Dice Weil:

Las diferentes clases de vicios, el uso de estupefacientes en el sentido literal y metafórico de la palabra, todo esto constituye la búsqueda de un estado en que la belleza se haga patente. [...]Todos los gustos de los hombres... están en en relación con un conjunto de circunstancias, con un medio en el que les parece tener un acceso a la belleza del mundo. (A la espera de Dios)

Ahora bien, uno podría decir que esto es una exageración en tanto a que la mayoría de las personas no son estetas o devotos, no parecen tener un sentido de la belleza y se acercan a las drogas por pasiones menos refinadas. Sin embargo, hay que entender qué es la belleza para Weil y en general para la tradición platónica y en general para la religión. 

En términos generales, Platón enseña que la belleza que encontramos en nuestras vidas es una imagen de la belleza eterna de las formas divinas. Por esta razón el cosmos -que es resultado de la impresión de la imagen divina- tiene como esencia la belleza (de hecho "cosmos" significa tanto orden como belleza). La belleza tiene como característica el orden, la integridad, la claridad y la proporción y por lo tanto acercarnos a la belleza es entrar en armonía, entrar en consonancia cósmica. Desde Platón la belleza siempre estará asociada en la imaginación occidental con la verdad y el bien, "los tres trascendentales" -el mismo Platón señala que la "belleza es el esplendor de la verdad". Otra asociación no menos importante es la de la belleza y el amor. En El Banquete Diotima le expone a Sócrates la teoría de la "escalera del amor". En síntesis: la belleza excita el eros por lo divino. La contemplación de formas bellas mortales e individuales suele llevar -al menos en el alma filosófica- a buscar contemplar formas eternas universales.Y es que lo que nos parece bello en el cuerpo de una mujer, en una montaña o en un poema, por ejemplo, es ya una intimación de lo trascendente; en lo contingente la belleza es el translúcido atisbo de lo absoluto. Lo que Platón y Simone Weil sugieren es que cuando nos enamoramos de una persona la energía más profunda que subyace nuestro deseo es un amor hacia lo divino, una sed de encontrar una fuente infinita.

Weil entiende que en nuestra época en la que se ha perdido la fe, la belleza es realmente el único medio que nos queda para acceder fácilmente a lo divino. Esto es algo que experimentos en la actualidad: en una época secular el arte carga casi todo el peso como medio legítimo para espiritualizar la vida. O las drogas psicodélicas. Queda el consuelo, al menos, de que la belleza es un bastión inexpugnable, pues su búsqueda no se trata de algo cultural, sino que es parte de nuestra esencia. Dice Weil que el sentimiento de belleza "aunque mutilado, deformado, mancillado, permanece irreductible en el corazón del hombre como un móvil poderoso. Está presente en todos los afanes de la vida profana." Está presente en todos los afanes pues es algo así como una vulnerabilidad al mundo, una intimidad y una fraternidad con la naturaleza, una capacidad de ser afectados y un deseo hacia el bien. En cada intento de hacer el bien, de conectar con una persona, de buscar conocimiento, de estar presentes y percibir la realidad, hay un móvil de belleza. La belleza "es como un espejo que nos devuelve nuestro propio deseo de bien", dice Weil.

Podríamos seguir poetizando y filosofando sobre la belleza -y ciertamente nos hará bien- pero que baste decir que para Weil "la belleza es al eternidad del mundo", es "esencialmente deseo de Encarnación", es "la única finalidad del mundo"  (una finalidad que no contiene ningún fin, como observó Kant) y que a través de ella descubrimos el secreto de "que lo sobrenatural está presente en todas partes". A algunos les podría parecer contradictorio que lo "sobrenatural" (la belleza) esté presente en todas partes si hemos dicho antes que la belleza se encuentra en las actividades más comunes y terrenales. Pero esto se explica por el hecho de que "la belleza no es atributo de la materia en sí misma. Es una relación del mundo con nuestra sensibilidad". Es decir, la belleza existe porque somos conscientes, es una liga entre el mundo y nuestra alma, una liga que es también una ventana hacia lo que trasciende el mundo. Natural es todo aquello nacido; los griegos utilizaban el término physis, lo físico es la naturaleza. Evidentemente la visión de Weil y de Platón no es una visión materialista. Sería muy largo hacer aquí el argumento sobre por qué es lógico sostener que la conciencia trasciende la materia y por lo tanto la percepción de la belleza es ya un acto de conciencia trascendental (sobre esto recomiendo mucho el trabajo David Bentley Hart). Sólo diré que la forma en la que razonaron Aristóteles y otros teólogos y filósofos antiguos es que es ilógico pensar que la materia es causa de sí misma, ya que esto postula una infinita cadena de causas -el famoso ejemplo es el de un orbe que es sostenido por tortugas en el vacío: abajo siempre tiene que haber otra tortuga ad infinitum-. Así bien, es lógico postular una causa que no ha sido causada y por lo tanto que no está sujeta a las leyes que observamos en la materia, como por ejemplo la potencia (la posibilidad de cambio). Esta causa sin causa -el "motor inmóvil"- generalmente ha sido llamada Dios, y es aquello que dota al mundo de existencia, es el Ser que sustenta el ser de los seres (ya que el ser no puede surgir del no-ser). Implica, además, una conciencia o mente trascendente, la cual brinda al mundo el principio de intelección (pues la actividad propia de Dios, dice Aristóteles, es la contemplación de sí mismo). Es por esto que lo sobrenatural puede considerarse ubicuo, pues el sólo hecho de ser conscientes implica una cualidad que es trascendente a la materia y una participación en la realidad divina. 

Retomando la idea inicial, hay que mencionar que si bien el deseo que mueve a una persona a tomar una droga es un deseo de belleza, éste no será satisfecho en las drogas, si bien evidentemente puede tener una experiencia muy valiosa que transforme su vida y le permita encaminar su vida hacia un estado en el sea sensible a la belleza de manera más constante. "El error consiste precisamente en la búsqueda de un estado especial. La falsa mística es también una manifestación del mismo error", escribe Weil. El deseo de belleza  no puede saciarse con un evento especial, con una situación producida artificialmente, pues justamente la belleza es parte misma de la existencia y reclama estar siempre presente. En realidad ni siquiera puede saciarse con el amor que se siente hacia una persona -y en este sentido el amor carnal y el amor romántico son similares a una droga-. Lo dijo bien Borges "Enamorarse es crear una religión que tiene un dios falible." La belleza lo que pide es enamorarse de un amado infalible y es en este sentido que necesita de la religión y no sólo del arte para consumarse. De hecho este es el logro auténtico de la religión, conseguir que una persona se enamore de un amante infalible (la esencia de la religión es el amor, todo lo demás es prescindible). Es por ello que tenemos figuras como Krishna o Cristo, pues la religiosidad se consuma en el amor y la mayoría de nosotros para amar necesitamos de otra persona con la que podamos relacionarnos. Este es el misterio de la Trinidad, según ha sido explicado por la teología cristiana y por la misma Weil: las personas de la divinidad son lo que permite que se establezca esta relación de amor dentro de la divinidad que entrega su ser al mundo. 

Lo que buscamos, cuando buscamos y nos aferramos a algo (a lo que sea), es la belleza sobrenatural que existe en todas las cosas. Podemos sin embargo, confundirnos y aferrarnos a la belleza mortal -aquella mutilada, deforme, impura, etc.- que es una sombra de la belleza divina. De cualquier manera lo que deseamos es la belleza que trasciende el mundo. Es por ello que Jung entendió que la auténtica cura a las adicciones era la espiritualidad. En una carta que acabaría siendo el origen del método de Alcohólicos Anónimos, Jung le escribió al cofundador Bill Wilson: "Como puedes notar, en latín alcohol es 'spiritus', y usamos la misma palabra para la más alta experiencia religiosa como también para el veneno más depravado. Una buena fórmula entonces sería: spiritus contra spiritum." El espíritu, nos dice la teología, es la unión -esa "conexión" que buscan en el fondo los adictos- entre el Padre y el Hijo (el Logos), el "vínculo de gloria" o amor y en el hinduismo es la unión eterna entre el Ser (Sat) y la Conciencia (Chit) que nos da el Gozo (Ananda), que el profesor Radhakrishnan llama también "espíritu". "Alabado sea el espíritu que puede conectarnos", dice Rilke en su Sonetos a Orfeo.

Twitter del autor: @alepholo 

 

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Un comentario sobre la fascinante teoría de Bernardo Kastrup

Bernardo Kastrup, un ingeniero informático que trabajó en el CERN, lleva ya algunos años intentando formular una teoría que explique la naturaleza de la conciencia, refinando cada vez más su argumento. Kastrup defiende lo que llama "idealismo ontológico", una visión que considera que la conciencia no sólo es una propiedad fundamental del universo, sino que es el universo. Dicho de otra forma, el universo físico es sólo el aspecto extrínseco de la conciencia universal, y cada persona es sólo una excitación dentro de esa conciencia universal. Kastrup antes había esbozado una metáfora para explicar esto: el individuo consciente con toda su identidad personal es como un remolino en un río, una especie de nudo o excitación que parece diferenciarse del río (la conciencia universal), pero a fin de cuentas el remolino (la espuma) no es nada más que agua (conciencia).

En un artículo reciente publicado en la revista Scientific America, Kastrup ha encontrado una nueva analogía, invocando el trastorno de identidad disociativa o desorden de personalidad múltiple para explicar lo que ocurre con esta conciencia universal que nosotros experimentamos de manera separada, como personas entre una multiplicidad de otros. Somos, cada uno de nosotros, dice Kastrup, los alteregos de la conciencia universal.

Kastrup cita un caso clínico reportado por médicos alemanes en el que se registró la actividad cerebral de una mujer que padecía desorden de personalidad múltiple, y entre sus personalidades disociadas había una que decía estar ciega. Al medir la actividad cerebral cuando esta personalidad (o alter) se instalaba de manera dominante, los médicos notaron que la típica actividad cerebral asociada con la vista no estaba presente, incluso cuando tenía los ojos abiertos. En otro estudio se comparó el sello neural de actores que fingían tener un trastorno de personalidad múltiple y pacientes que realmente tenían este trastorno. El estudio halló que existe una diferencia característica y comprobó que dicho trastorno disociativo es real; al menos en lo que respecta a la actividad cerebral, estas personas, como intuyó el poeta Rimbaud ("je sui un autre"), realmente son otras. 

En el artículo citado Kastrup y un grupo de colegas muestran que la literatura médica confirma que "la psique humana está constantemente activa, generando unidades personales de percepción y acción que pueden ser necesitadas para lidiar con los desafíos de la vida". Kastrup cree que esta constante creatividad de "unidades personales de percepción", es decir, de personas como tú y como yo (y todas las personas de las cuales cada uno puede estar compuesto), es una propiedad de la conciencia misma. Kastrup cree que esta idea puede explicar mejor que el fisicalismo la naturaleza de la realidad. 

Las experiencias subjetivas cualitativas (qualias) no pueden ser explicadas por la visión fisicalista o materialista. La ciencia actual simplemente no tiene una forma de explicar cómo puede surgir del "mero acomodo de cosas físicas" lo que se siente ver el rojo de un atardecer, el calor del fuego, el sabor de una manzana, etc. No se puede deducir, dice Kastrup, a partir de las propiedades de la materia ni de la manera en que las partículas subatómicas se ordenan en el cerebro la sensación de estar consciente, de la experiencia cualitativa que es lo más íntimo e inobjetable que existe para el ser humano. Pues, como dice el físico Andréi Linde: "Debemos recordar que nuestro conocimiento del mundo empieza con la percepción, no con la materia. Estoy seguro de que mi dolor existe, porque mi 'verde' existe, y mi 'dulce' existe. No necesito prueba de su existencia, porque estos eventos son parte de mí; todo lo demás es una teoría".

Una teoría que ha ganado tracción recientemente -aunque en realidad es una versión científica de una idea muy vieja: el animismo- es el panpsiquismo constitutivo. Esta teoría trata de librar el problema mencionado postulando que la materia tiene desde el principio una cualidad de experiencia, un tipo de mente, incluyendo a las partículas subatómicas. El problema con esto, dice Kastrup, es que este tipo de panpsiquismo no logra explicar cómo se combinan las partículas subatómicas o "puntos de vista subjetivos de baja escala" para producir "puntos de vista subjetivos de alta escala", como el de los seres humanos. Kastrup cree que una forma de eliminar este problema, llamado "problema de la combinación", es simplemente proponiendo que en realidad la conciencia no está fragmentada, como parece estarlo la materia. En su teoría la conciencia se extiende no sólo a toda la materia sino, de manera ilimitada, a todo el tejido del espacio-tiempo. Esto mismo ha sido llamado "cosmopsiquismo", pero Kastrup prefiere el nombre más conocido de "idealismo, al cual califica como "idealismo ontológico" y con el que se opone al panpsiquismo que después de todo puede interpretarse como una de forma materialismo o fisicalismo. La teoría de Kastrup prima la conciencia: "sólo existe una conciencia universal. La totalidad del universo físico es la apariencia extrínseca de la vida interior universal, justo como el cerebro viviente y el cuerpo son la apariencia extrínseca de la vida interna de la persona". Se trata, hay que decirlo, de una definición elegante. La conciencia es la totalidad del universo, pero esta vida consciente universal tiene la capacidad o la creatividad intrínseca de disociarse en formas innumerables que sólo en apariencia son otros, alters. De la misma forma que en el fondo Dr. Jekyll y Mr. Hyde, por citar un caso famoso, son el mismo ser, tú eres lo mismo que la conciencia del universo y todas las cosas. En cada uno de nosotros el universo juega un juego de rol.

Kastrup ha encontrado una forma de explicar, acercándose a un lenguaje científico, la intuición de numerosas religiones místicas, especialmente del hinduismo. Por ejemplo, en el tantrismo shaiva, el despertar consiste en disolver la falsa identidad individual separada y retomar la identidad de la conciencia universal; en que el practicante se reconozca como el propio dios Shiva, experimentando su propia creación de manera indivisible. Kastrup explica, como si fuere, el otro lado de la moneda: cómo esa misma conciencia universal se fragmenta o disocia en la multiplicidad de individuos para los cuales su propia identidad parece ser absolutamente real. La conciencia disociada es el sueño; la conciencia universal unificada es el despertar.

Otra analogía muy cercana la encontramos en aquella famosa imagen del la Mundaka Upanishad (que se encuentra también en el Rig Veda), la cual nos habla de dos pájaros que se posan sobre una rama. Uno come un fruto dulce, mientras el otro le observa. La escritura nos dice que el que come es el alma individual (jiva) y el que mira es el espíritu universal, uno el ser finito y el otro el ser infinito, los cuales, sin embargo, tienen una relación de interdependencia. Aunque es el individuo el que come, quien realmente goza es el que mira. En un precioso poema sobre esta imagen, el poeta Amal Kiran personaliza al ave que come, quien al comer su fruta nota que hay un hambre que la fruta no sacia, que en realidad busca otra fruta, una fruta imperecedera. Entonces descubre, más alto, a un ave dorada magnífica, que yace inmóvil, sumida en una dicha autosuficiente, habiendo encontrado la fruta en su propia magnificencia. Entonces, el ave que comía la fruta vuela hacia arriba y descubre que ella misma era esa ave dorada que en calma la contemplaba. La idea fundamental aquí, que se encuentra en toda la espiritualidad hindú, una espiritualidad en la que el gozo (ananda) es una categoría ontológica formando una especie de trinidad junto con el Ser (Sat) y la Conciencia (Chit), es que la conciencia universal (el Purusha) goza a través de todas las personas en las que encarna en el mundo material, es un único gozador en el fondo de toda experiencia, la cual aparenta ser múltiple. Esto no necesariamente significa que la multiplicidad sea una ilusión; se entiende mejor diciendo que la multiplicidad -o la disociación en múltiples personalidades- es el vehículo para el gozo de la conciencia universal. En una conocida analogía de la filosofía samkhya se dice que la conciencia es coja y que la materia o la naturaleza es ciega; así entonces, la conciencia se trepa sobre la naturaleza y ambas experimentan el mundo en una feliz asociación. No obstante, desde la perspectiva del vedanta, a la cual se acerca más Kastrup, la naturaleza (o la materia) no tiene una existencia independiente de la conciencia, es sólo una manifestación extrínseca que es tenida como real sólo hasta que no es reconocida como conciencia, como el eterno sujeto detrás de toda experiencia. 

La dirección que toma el trabajo de Kastrup vuelve a traer al centro de la discusión lo que la religión hindú lleva diciendo desde hace milenios, de alguna manera aplicando sus descubrimientos a la problemática moderna de la conciencia, "el problema duro de la ciencia", eliminado el lenguaje teísta y reformulándolo en el marco del lenguaje de la filosofía occidental y de la ciencia. Con esto no quiero decir que Kastrup haya tomado sus ideas directamente del hinduismo -aunque he visto que rápidamente él mismo reconoce las similitudes-; es probable que haya llegado a conclusiones similares por su propia cuenta. En sus libros Kastrup demuestra que estas ideas, hayan surgido del razonamiento empírico o de intuiciones místicas, pueden formularse de manera coherente en un lenguaje filosófico informado por los postulados más recientes de la física y la neurociencia. Así que esta similitud sólo fortalece lo que es ya un modelo sólido en sí mismo. De cualquier manera, hay que decir que el trabajo de Kastrup es sin duda uno de los más estimulantes de los últimos años en los estudios de la conciencia. Mientras que la ciencia conoce con cierta solvencia la naturaleza de las galaxias y las estrellas y demás fenómenos distantes, no tiene realmente un modelo medianamente satisfactorio para entender la conciencia. Esta negligencia es síntoma del materialismo científico que tiene en el abandono a la experiencia subjetiva, aquello más íntimo e importante para el ser humano.

 

Twitter del autor: @alepholo

 

Imagen: Android Jones