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La forma tradicional de conectarse con esta fecha es realizando un ayuno, el cual tiene importantes beneficios físicos

Este jueves tendrá lugar la luna nueva a las 9:49pm (hora de la Ciudad de México). Este momento marca la conjunción exacta de la Luna con el Sol, en la constelación de Cáncer.  

Astrológicamente la Luna tiene su domicilio en Cáncer, el signo del zodiaco que está asociado con las cualidades lunares, siendo un signo de agua, ligado al crecimiento y las emociones. En este caso ello es doblemente notable, ya que el Sol se encuentra en Cáncer, en el domicilio de la Luna.

Tradicionalmente en la agricultura esta fecha era usada para la siembra, pues se consideraba que el proceso lunar se reflejaba en la naturaleza. La luna nueva, como el nombre indica, significaba la nueva vida y una nueva tendencia hacia la luz y la plenitud. Cabe destacar que en numerosas tradiciones en las que se practican ayunos o purificaciones con un sentido religioso, se suele elegir la luna nueva para realizarlas. Esto se conjuga con la muerte y el renacimiento microcósmicos que se pueden observar simbólicamente con la luna nueva.

En nuestra época, la ciencia ha demostrado que los ayunos pueden ser excelentes coadyuvantes para la salud mental y física. Se han encontrado indicios de que el ayuno puede ayudar a regenerar las células del sistema inmune y de que el estado de ketosis al cual se somete al cuerpo es, para el cerebro, equivalente al ejercicio físico.

Muchas personas buscan alinear sus procesos de salud con procesos espirituales, para encontrar sentido o motivación. Es por ello que la luna nueva es un perfecto momento para hacer un ayunto de 1 día o de algunas horas (se necesitan por lo menos 12 horas para que dé beneficios). El ayuno puede ser complementado con flores, velas, oraciones y demás y así, convertirse en una puja

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Hay un sentimiento que llena y parece corresponder únicamente a la sensación de lo trascendental

Uno abre Confesiones de San Agustín y se halla con un pensador, uno inquietísimo, pero sobre todo, un inspirado envidiable. Hay algo en sus palabras que nos transmite un espíritu lleno, que desborda una alegría trascendental, le llamo yo. Tan está ahí que San Agustín consigue hacérnosla sentir, y en este libro se guarda una verdad que todos buscamos: ese sentimiento, que llena.

Hallamos en Confesiones una Roma (354-430 d. C.) que aún no está dibujada del todo por el cristianismo, que venera a sus dioses antiguos y está inmersa en sus costumbres arraigadas, como la lucha entre gladiadores. Hallamos también a un San Agustín ávido de sentido: "Confesiones no es más que un relato autobiográfico de la búsqueda de éste".

El misticismo de San Agustín, aunque enclavado en el catolicismo, muestra una arista mucho más universal que bien podría encajar con cualquier religión. Y hallamos a un San Agustín que, al fin, consigue mirar con perspectiva la ciencia, las artes, la razón y la sabiduría: todo desde el justo medio que les da el ser parte de la unidad: Dios, y no la verdad o la promesa por sí mismas.

Los siguientes fragmentos de Confesiones nos hablan de un misticismo que envuelve a los misterios más prístinos de la existencia del ser humano: la unidad, la eternidad, el tiempo... Si el sentimiento trascendental en las palabras de San Agustín se trata de un placebo o no, nos queda la irrelevancia de la respuesta. El sentimiento está allí, y es uno que pareciera llenar desde la inspiración del sentido de todas las cosas.

 

 

Y me recojas de la dispersión en que anduve dividido en partes cuando, apartado de la unidad, que eres tú, me desvanecí en muchas cosas.

 

Sobre la eternidad

Porque tú habías hecho el tiempo mismo; ni pudieron pasar los tiempos antes de que hicieses los tiempos.

Mas precedes a todos los pretéritos por la celsitud de tu eternidad, siempre presente; y superas todos los futuros, porque son futuros, y cuando vengan serán pretéritos. Tú, en cambio, eres el mismo, y tus años no mueren. Tus años ni van ni vienen, al contrario de estos nuestros, que van y vienen, para que todos sean. Tus años existen todos juntos, porque existen; ni son excluidos los que van por los que vienen, porque no pasan.

Tú hiciste todos los tiempos, y tú eres antes de todos ellos; ni hubo un tiempo en que no había tiempo.

 

Alabanzas

¡Oh eterna verdad, y verdadera caridad, y amada eternidad! Tú eres mi Dios; por ti suspiro día y noche, y cuando por vez primera te conocí, tú me tomaste para que viese que existía lo que había de ver y que aún no estaba en condiciones de ver.

Mas para mí el bien está en adherirme a Dios, porque, si no permanezco en él, tampoco podré permanecer en mí. Mas él, permaneciendo en sí mismo, renueva todas las cosas.

 

Twitter: @AnaPauladelaTD