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10 cosas que nos hubiera servido mucho escuchar cuando teníamos 20 años

Buena Vida

Por: pijamasurf - 08/10/2018

Si hubiéramos tenido esto en cuenta a los 20, las cosas serían distintas a los 40

Ciertamente, la edad es algo relativo y para una persona con la mente abierta, el mundo y todos sus deleites siguen siendo "su ostra": disponible y accesible para ser devorado. También es cierto que algunas cosas son más fáciles de hacer con cierta frescura, con cierta maleabilidad y con menos hábitos adquiridos. A veces quisiéramos borrar el pizarrón para poder escribir algo nuevo.

En este espíritu hemos reunido aquí 10 cosas que una persona con un poco más de experiencia y que reflexiona sinceramente sobre sus errores y aciertos, podría recomendarle a un joven. Un ensayo en el espíritu de los consejos para jóvenes del viejo tío William Burroughs:

 

1. Cultiva tu atención

Nunca es posible hacer suficiente énfasis en esto. Aunque hay virtudes innatas que son difíciles de adquirir, y si bien éstas pueden ayudar mucho a la facultad de la atención, la atención puede cultivarse y esto es trascendental. William James, psicólogo de Harvard y una de las mentes más brillantes de los últimos 150 años, consideró que la habilidad de dirigir la atención era la facultad más importante del ser humano, la marca del genio. Eso es discutible, pero nos inclinamos a pensar que un dominio de la atención es aún más importante y benéfico que la inteligencia (medida, por ejemplo, a través del IQ). Si eres capaz de poner atención, puedes aprender lo que sea. Hoy en día todo conspira en contra de esto, por lo que te recomendamos que te des un espacio para salirte del multitasking y cultives tu atención. Simplemente, mantén tu mente concentrada en una sola cosa. Todos los días, durante el tiempo que consideres necesario. Para inspirarte, te recomendamos lo que escribió Simone Weil, una de las escritoras más brillantes del siglo XX.

 

2. Aprende otro idioma

Aprender otro idioma literalmente te abre un nuevo mundo, tanto cerebralmente como en la geografía externa. No sólo te permite acceder a gente y a una cultura distintas; te permite ver la realidad de una forma más amplia. Asimismo, se ha encontrado que hablar otros idiomas ayuda a proteger el cerebro de enfermedades degenerativas. Más que estudiar materias técnicas y científicas que seguramente nunca aplicarás -a menos de que te interesen profesionalmente- dedica tu tiempo a aprender alguna lengua. Si has cultivado tu atención, no será difícil. Y, hay que decirlo, a los 20 (y más aún a los 13) es mucho más fácil que a los 40.

 

3. Aprende a tocar un instrumento musical (o al menos, a cantar o bailar)

La música es lo mejor de nuestras vidas, es un lenguaje que nos conecta con un lado puramente emocional y que nos permite entonarnos, entrar en ritmo con el cosmos. La danza es una filosofía del cuerpo, una forma de existir. Nietzsche escribió que él "no podría creer en un dios que no supiese bailar". Una persona que no sepa bailar tampoco provoca ese eros descomunal que lleva al éxtasis. No dejes de desarrollar algún aspecto musical; si no, no serás una persona completa.

 

4. No esperes a sentirte bien para hacer las cosas

Si esperas a sentirte bien o estar en el estado ideal para hacer las cosas, te perderás de la oportunidad de crecer. Sólo la adversidad, lo difícil, lo que nos exige dar un salto cualitativo y nos pone a prueba nos hace crecer. Ten esto en mente siempre. Como escribió Beckett: Fracasa... fracasa otra vez, fracasa mejor. 

 

5. Aprende a no tomar las cosas tan en serio

Lo primero que hay que decir es que esto no entra en conflicto con la voluntad y el deseo de lograr algo. Simplemente es más benéfico no aferrarte demasiado a las cosas, a tu propia identidad, a tu éxito, a lo que piensan los demás, al destino, al mundo en sí. Todo es impermanente y morirás. Hay humor en esto. Y hay inteligencia en el humor. Ríe y disfruta. Aprende a relajarte y desde ahí, actúa.

 

6. Colócate en situaciones donde seas vulnerable

Esto no significa que salgas a pasear al barrio más peligroso del mundo a ver qué sucede, o que extiendas una cuerda para caminar por encima de un abismo. Significa que te abras a la posibilidad del dolor y del rechazo. Que no te limites por tus prejuicios o los conceptos de la sociedad. No tienes que ser fuerte, perfecto, seguro y demás cualidades del tipo. De hecho, eres más fuerte, perfecto y seguro si aceptas tus carencias, tus errores, tus miedos. Confiésale a la persona que irradia en tu mente que la amas. Pídele perdón a la persona que heriste. Habla sobre tus problemas y, eventualmente, ríete de ellos con los demás.

 

7. La vida está offline

Sí, el internet tiene grandes cosas -y otras no tanto-. Pero lo cierto es que lo mejor de la vida no pasará ante una pantalla. Sal de tu habitación. Pasa más tiempo en la calle. Desconéctate para conectarte con el presente, con las posibilidades que siempre están latentes cuando sales al mundo y pones atención.

 

8. Haz ejercicio (pero no para verte bien, sino para sentirte bien)

El ejercicio es vital para la salud, pero no tanto para la juventud. Es vital hacer ejercicio para cuando uno empieza a envejecer. Dicho eso, es muy difícil mantener una buena rutina si no se crearon hábitos en este sentido durante la juventud. La clave yace en hacer algo que te guste, algo que te produzca alegría y te relaje. Piensa en esto antes de buscar ir al gym para crear músculos enormes. Un ejercicio que realmente te haga sentir bien lo podrás hacer toda la vida. Ve hacia lo profundo, no hacia lo superficial. 

 

9. Lee a los clásicos (y lee filosofía y poesía)

No busques avanzar más rápido y leer las versiones actualizadas, los resúmenes o los comentarios de los grandes autores. Ve a las fuentes. Entenderás cómo lo que piensan las personas actualmente está prefigurado y moldeado por lo que pensaron las grandes mentes. No sólo leas novelas o libros de autosuperación o textos prácticos. Lee filosofía y poesía. Filosofía para saber vivir, para tener una dimensión ética, para hacerte las grandes preguntas y encontrar sentido. Poesía para refinar tu mirada, para sentir el mundo, para habitarlo poéticamente, es decir, con sensibilidad a la belleza y a la creación.

 

10. Piensa frecuentemente en los demás

La gran mayoría de los problemas de nuestras vidas tienen en común esto: nos hacen pensar en nosotros mismos, en nuestro dolor, en nuestro fracaso, en nuestra inseguridad, en la expectativa, etc. Si no estás pensando en ti, difícilmente estás sufriendo. Ayudar a los demás es la mejor terapia y el mejor karma. Aprende a no ensimismarte en tus propios pensamientos. Mejor, piensa en qué puedes hacer que será realmente benéfico o placentero para alguien más. Da.

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Buena Vida

Por: pijamasurf - 08/10/2018

La vida busca manifestarse y fluir; no hay necesidad de frustrar su camino

En nuestra época es más o menos común escuchar que una persona se siente “estancada” en su vida, una expresión coloquial que posee sus variaciones (hay quien se considera “atorado”, “hundido”, “en un bache”, etc.) pero que, en todos los casos, da cuenta de ese sentimiento de frustración, de cierta parálisis indeseada y, a fin de cuentas, de la impresión de permanecer en un mismo lugar existencial, del que parece no haber salida y al respecto del cual no se mira en el horizonte ningún cambio. 

Cada persona, por otro lado, puede referir dicho “estancamiento” a distintos ámbitos. Habrá quien lo relacione más con su trabajo, por ejemplo, que acaso ya no le satisface; otros con su vida profesional, en sentido amplio; algunos con la relación de pareja que viven, o acaso con su familia, etcétera. 

En cierto sentido, la sensación no es extraña al ser humano, y hasta podría decirse que forma parte de su condición. Más allá de las explicaciones históricas, sociológicas o filosóficas que pueden ofrecerse (Byung-Chul Han ha escrito lúcidamente al respecto, explicando la “sociedad del cansancio” y ese estado permanente de fatiga en que se vive ahora), es posible argüir también un elemento propio de la naturaleza humana: la dificultad del sujeto para manifestar su propio impulso de vida. 

En la medida en que el ser humano pasa buena parte de su formación al cuidado de otros, sin darse cuenta “aprende” a reprimir sus propios impulsos, su deseo, su espontaneidad, sus ganas de hacer algo, etc. Y si bien este mecanismo es hasta cierto punto necesario para la vida en común con los demás, cuando se le permite operar sin control puede devenir justamente en el fenómeno del cual estamos hablando. La vida, que está hecha para correr libremente, para florecer, para dar lugar a más vida, se frustra, su curso se interrumpe, no tiene más hacia dónde manar.

¿Cómo salir de ese estancamiento?

A continuación presentamos algunos puntos que pueden ser útiles a este respecto. No se trata de una guía definitiva ni infalible, pero nos parece que puede motivar a la reflexión personal necesaria para resolver dicha situación.

 

Acepta tus circunstancias

Por principio de cuentas, acepta el momento en que te encuentras. A veces, por una inclinación hasta cierto punto “natural” o comprensible, evadimos las sensaciones y pensamientos de frustración que tenemos, por distintos motivos.

Sin embargo, si quieres salir de ahí, antes es necesario que aceptes la realidad en la que vives y, sobre todo, el malestar en tu vida. Intenta mirarlo de frente, sin temor pero también sin juicios. Pondera tu trabajo, tu pareja, tu situación económica, la adicción que está perturbando tu vida, tu situación profesional, etc. ¿Qué encuentras ahí? ¿Qué te molesta? ¿Piensas con frecuencia que te parece insatisfactoria? ¿Es para ti fuente de infelicidad? ¿No te gusta pero “te aguantas”? ¿No te gusta pero piensas que “es lo que hay”? ¿Es justo para ti que te conformes con eso?

 

Prepárate para decidir

“Locura es hacer lo mismo siempre y esperar cada vez resultados distintos”. Más allá del autor de esta frase (que algunos atribuyen a Albert Einstein, al parecer equivocadamente), el mensaje es preciso: si quieres un cambio en tu vida, necesitas emprender las acciones necesarias para generarlo. 

Sabemos, en efecto, que no siempre es sencillo tomar una decisión. Cuando tus ingresos económicos dependen de un trabajo, no parece fácil renunciar a éste de un día a otro. Si en tu interior tienes un miedo profundo (y acaso todavía desconocido) a la sensación de soledad, quizá no te sea sencillo terminar una relación de pareja, no importa lo mal que te sientas en ella. Quieres mudarte pero no tienes el dinero suficiente para afrontar ese gasto, etcétera.

Sin embargo, sí es posible desde ahora ponerte en el camino de dicho cambio. En otras palabras: tomar otras decisiones preparatorias o paralelas que, en su momento, habrán servido para dar el salto mayor. 

Examina tus circunstancias y reflexiona sobre aquello que sí puedes hacer ahora para salir de esa frustración en la que te sientes. ¿Ahorrar? ¿Preguntar entre tus amigos si alguien sabe de algún trabajo? ¿Hablar francamente con tu pareja? Salvo situaciones muy extremas, siempre habrá algo que puedas hacer, una decisión que puedas tomar.

 

Haz consciente tu miedo

El miedo es una emoción inscrita en nuestra naturaleza más profunda. En cierto modo, es consustancial a la vida, pues en buena medida es la respuesta frente a aquello que la amenaza. No obstante, en el ser humano el miedo tiene también un cariz existencial, pues además del miedo que podemos sentir ante situaciones de verdadero peligro (una caída potencial, un ataque físico, etc.), a veces desarrollamos también miedo a otras que aunque son en ese sentido inofensivas, nos atemorizan. Miedo a fallar, por ejemplo; a la incertidumbre, al rechazo, quizá incluso al triunfo, etcétera.

En todo caso, haz el esfuerzo de experimentar conscientemente tu miedo. No te decimos que lo evites, sino justo lo contrario. Vívelo tal y como llega. Estas preguntas pueden ayudarte a hacer consciente dicha emoción:

¿Qué pasa con tu cuerpo? ¿Sudas? ¿Tiemblas? ¿Comienza a dolerte la cabeza? 
¿Qué pensamientos se presentan en tu mente? 
¿Qué te dan ganas de hacer cuando tienes miedo? ¿Salir corriendo? ¿Comer? ¿Fumar? ¿Beber alcohol?
¿Qué sientes cuando tienes miedo?

Conforme tengas más clara tu propia manera de experimentar el miedo, puedes tomar un momento de más calma para examinar tu historia personal y preguntarte a qué se deben dichas sensaciones, por qué en ciertas situaciones experimentas ese miedo y en otras no, qué de tu formación subjetiva puede explicar los pensamientos que cruzan por tu cabeza cuando tienes miedo, etcétera.

 

Conócete y valora lo que posees

En ocasiones, la frustración en la vida surge cuando una persona ha dejado que otros conduzcan su vida durante mucho tiempo, lo cual da como resultado, por un lado, que uno llegue a lugares donde en realidad no deseaba estar y, por otro, que el sujeto sea definido por el exterior y no por un proceso de definición interior consciente. Dicho de otro modo: el sujeto piensa lo que es en función de lo que otros piensan de él (o de ella), de modo tal que se vuelve un desconocido de sí mismo, que no sabe lo que posee, que no conoce su valor como persona, el valor de sus habilidades, sus conocimientos y sus recursos, etcétera.

Si sientes que este es tu caso, intenta mirarte desde otra perspectiva. Aquí algunas preguntas para comenzar esa reflexión:

¿Qué sabes hacer? Hasta ahora, ¿qué de lo que haces te genera algún tipo de pago económico? ¿Qué tan bueno te consideras en tu trabajo? ¿Y con respecto a tus compañeros (presentes o anteriores)? ¿Y con respecto a otros colegas de profesión? ¿Tienes otras habilidades? ¿Quién valora lo que haces? ¿Quién esperas que valore lo que haces? ¿Qué formas del reconocimiento estás habituado a buscar? ¿Recibes otros reconocimientos de los que no te das cuenta?

 

Sé espontáneo

En El miedo a la libertad, Erich Fromm dedica varios párrafos a definir y elogiar la espontaneidad del ser humano como reflejo de su impulso de vida, esa fuerza que muchos de nosotros experimentamos en la niñez, en la cual intención y acción se encuentran fundidas: pensamos en hacer algo y lo hacemos, sin titubeos ni retrasos. No obstante, con el tiempo dicha espontaneidad se hace cada vez menos espontánea, por así decirlo, pues las reglas, los códigos sociales, la educación y otros factores interrumpen su libre curso. 

Sin embargo, no desaparece. De hecho, todos somos capaces de reconocerla. Cuando se nos “antoja” hacer algo, cuando nace de nuestro interior un comentario ingenioso, cuando sentimos ganas de cantar o de bailar, de sonreír, de escribir, en suma, cuando un deseo auténtico se presenta, éste es fruto de dicho impulso de vida. Tanto como sea posible, escucha ese deseo y realízalo, sin ningún otro propósito más que satisfacerlo. 

De esa manera, poco a poco te darás cuenta de que la vida busca manifestarse siempre. 

 

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Imagen de portada: Ben Bauchau