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10 libros extensos que pueden convertirse en grandes compañeros de vida

Libros

Por: pijamasurf - 08/30/2018

Como el río de Heráclito, también los libros nos transforman conforme los recorremos

La lectura es un recorrido, no sólo por el hecho evidente de que leer significa ir de la primera letra de una palabra a la última, de la primera palabra de una frase a la última, de la primera frase de un párrafo a la última, y del primer párrafo de un libro al último. No sólo por eso. También porque leer es una actividad que, al hacerse, nos transforma. 

Los mejores libros son aquellos en donde algo pasa, tanto interior como exteriormente, tanto con el libro en sí como con su lector: la trama evoluciona, la historia cambia, los personajes se desarrollan, pero también quien lee va cambiando poco a poco, a veces sin que se dé cuenta de ello: le toma simpatía a tal o cual personaje, animadversión a otro, las ideas del autor le parecen similares a las suyas pero también, de pronto, admite puntos de vista que hasta entonces no había considerado. Y así, ese lector que comenzó el libro en el punto A, en la primera letra que leyó, no es el mismo que llega al punto B, a la última página de su tomo.

En esta ocasión quisimos compartir libros que tienen en común ser particularmente extensos. No se trata de obras que se lean en 1 o 2 días, y quizá ni siquiera en un par de semanas. El propósito fue hacer sugerencias de libros que por el tiempo que toma leerlos, quizá hagan más evidente al lector esa transformación a la que aludimos. Como ocurre en la vida, que después de pasar mucho tiempo con una persona nos percatamos que ha cambiado tanto como nosotros mismos pero, en el mejor de los casos, la relación se sostiene.

Como en otras listas de esta sección, la de ahora no es exhaustiva, su orden no refleja alguna jerarquía en particular y los criterios para elegir los títulos mostrados oscilan entre el placer y la seriedad, entre la posibilidad de disfrutar un libro pero también de mover a la reflexión del lector.

 

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Haruki Murakami

Haruki Murakami ha dicho en algunas entrevistas que, en cierto momento de su trayectoria como escritor, se enfrentó a un dilema: ser un autor “under”, conocido por los lectores de su país, quizá premiado en Japón (como sucedió con uno de sus primeros libros), pero poco más que eso o, por otro lado, intentar escribir algo que pudiera ser un verdadero éxito en ventas, que pudiera permitirle vivir realmente de ser escritor y que lo hiciera conocido más allá de sus fronteras natales. Como es evidente, eligió la segunda opción y escribió Tokio blues (1987), la novela que efectivamente le dio fama mundial 

Sin embargo, a diferencia de otros autores de best sellers, Murakami nunca renunció a escribir literatura. Tokio blues quizá sea una novela que hace numerosas concesiones al lector (con el propósito de ser lo más accesible posible), pero por su formación misma o por sus aspiraciones como escritor, el deseo de Murakami de agregar así sea un párrafo a la historia de la literatura, está ahí.

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo fue publicada originalmente entre 1994 y 1995 en Japón. Es decir, es posterior al primer gran éxito de Murakami, pero su concepción todavía está anclada en las inquietudes de sus primeros libros: la creación de un mundo en donde el sueño y la realidad no están claramente diferenciados, la incomprensión del amor y en general de las relaciones entre hombres y mujeres, la melancolía que a veces se asienta sobre la existencia y más.

 

Noticias del Imperio, Fernando del Paso

A primera vista, esta novela es solamente una novela histórica. Su base, sin duda, son los hechos relacionados con el “reinado” de Maximiliano de Habsburgo al frente del Segundo Imperio Mexicano. Sin embargo, más allá de la historia, Fernando del Paso edificó una obra que también habla de la locura, de la condición de ser mujer, de la dificultad del amor, de la crueldad inherente a la historia humana y varios otros temas afines, todo ello con un dominio magistral del español.

 

2666, Roberto Bolaño

Roberto Bolaño escribió esta novela en una especie de carrera contra la muerte, cuando sabía ya de la enfermedad que a la postre acabaría con él. En ese sentido, no es una novela sencilla, por más que, como otras obras suyas, esté escrita con un español que sin dejar de ser literario, es de algún modo accesible (Bolaño era un gran contador de historias), pero los hechos que relata quizá no estén hechos para todas las sensibilidades. De cualquiera manera, es un libro escrito con la vida pendiendo de un hilo, y eso se nota.

 

Los hermanos Karamázov, Fiódor Dostoyevski

La vida se entiende de cierta manera antes y después de leer a Dostoyevski.

 

Guerra y paz, León Tolstói

Enmarcada en la época y los efectos de las guerras napoleónicas (y particularmente los años de la invasión de Napoleón a Rusia), Guerra y paz es uno de esos libros de los que puede decirse que tratan prácticamente de todo, una afirmación que sin duda necesita acotarse a la época y las condiciones de Tolstói, pero que aun así se sostiene. En español, la mejor traducción existente es la que realizó Lydia Kúper y fue publicada por El Aleph Editores y Del Taller de Mario Muchnik.

 

Vida y destino, Vasili Grossman

Esta novela de Vasili Grossman ha sido llamada la Guerra y paz del siglo XX pues, como la de Tolstói, buscó retratar la manera en que la vida de una persona, una familia, una sociedad y un país se transforman a partir de un conflicto bélico, en su caso, la segunda guerra mundial.

 

El hombre rebelde, Albert Camus

Una de las ventajas de Albert Camus como autor es que, a diferencia de otros filósofos o escritores en general, con él suele ocurrir que el lector tiene la impresión de estar en compañía de un amigo, quien quizá monologa un poco, o expone un tema, pero siempre con cierta calidez, sin aires de superioridad, sin perder nunca esa proximidad intelectual pero también afectiva. Particularmente en sus ensayos suele sobrevenir esta sensación, pues aun cuando los temas tratados no son de suyo sencillos, Camus logra tender un puente entre ideas, autores, tesis filosóficas y la comprensión hipotética del autor.

 

Hamlet, William Shakespeare

Que una obra de teatro figure en esta lista puede parecer un tanto imprevisto, pues a diferencia de los otros títulos, ésta no ocupa varios cientos de páginas de un tomo. No obstante, sí es la obra más extensa de Shakespeare y, por mucho, la más comentada. Si la agregamos es justamente por eso: porque quizá su lectura tarde no más de algunos pocos días, pero su efecto seguramente se extenderá por mucho más tiempo. Indudablemente, la traducción de Tomás Segovia es la mejor en español.

 

Paradiso, José Lezama Lima

Paradiso es un viaje a la exuberancia caribeña en varios sentidos: en su cultura, en su lenguaje, en las raíces que le dieron origen. Puede no ser un libro no del todo sencillo, pero si logras adentrarte en él, seguramente te mostrará posibilidades del idioma español que no habías considerado hasta ahora.

 

Un libro clásico

Borges cuenta en Siete noches que la primera vez que leyó la Comedia fue en el trayecto que hacía en tranvía de su casa en Las Heras y Pueyrredón (en la Recoleta) a una biblioteca en el barrio de Almagro donde trabajaba. Borges, como cualquier otra persona, leía en el transporte público, y en su caso eligió leer a Dante.

La anécdota sirve para mostrar que, en cierto modo, cualquier libro puede leerse en casi cualquier condición. A veces ciertos autores o ciertas obras están rodeados de un aura de respeto o solemnidad que más bien nos inspira a evitarlos y no, como sería mejor, a acercarnos a ellos. ¿Pero por qué no pensar que la Odisea puede leerse mientras vamos de camino al trabajo o la escuela? ¿Por qué no creer que uno o dos capítulos del Quijote pueden hacer más agradable el tiempo en que esperamos a un amigo?

Para leer, hay únicamente dos requisitos verdaderamente imprescindibles: saber hacerlo y disfrutarlo. Después de eso, el libro que elijas seguramente te llevará a otros más.

 

También en Pijama Surf: 10 libros que son una excelente introducción al arte, la ciencia y la historia

 

Imagen de portada: Monsieur & Madame Adelman, Nicolas Bedos (2017)

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Libros

Por: pijamasurf - 08/30/2018

¿Qué tan prudente ha sido tomar los frutos obtenidos de la tecnología digital sin antes reflexionar sobre sus efectos en nuestra existencia?

Hasta hace unos años, buena parte del mundo recibió con entusiasmo la ola impetuosa que empujó la tecnología digital, con Internet en su punto más visible. Todo el mundo estaría ahora conectado, podríamos hablar con personas en el otro extremo del planeta y enterarnos de cualquier hecho en el instante mismo en que ocurriera. La información, el conocimiento y el contacto estarían ahí, siempre disponibles, siempre instantáneos, siempre al alcance: ¿qué podía salir mal?

A la vuelta de los años, sin embargo, el panorama no sólo no es prometedor, sino que además se ha vuelto un tanto sombrío. Como bien anticiparon Aldous Huxley y Charles Bukowski, el futuro de saber y fraternidad que se auguraba entonces se ha convertido en un mar de distracción y un páramo de soledad, en los cuales el ser humano parece estar o muy contento o muy entretenido, aunque también es posible que en el fondo esté también insatisfecho.

Los libros que ahora compartimos nos invitan a reflexionar sobre esos frutos supuestamente dulces que cosecharíamos en la época digital pero que, en vista de la situación presente, admiten y acaso necesitan una reflexión antes de tomarlos. En algunos casos, se trata de obras que con varios años de antelación advirtieron sobre las condiciones que nos esperaban y que quizá aún estemos a tiempo de cambiar a nuestro favor. La lista sigue parcialmente la selección que realizó hace unas semanas Julian Gough para el periódico inglés The Guardian.

 

Comprender los medios de comunicación: las extensiones del ser humano, Marshall McLuhan

Marshall McLuhan fue uno de los primeros teóricos de la comunicación contemporánea. Aunque murió en 1980 y ni siquiera conoció Internet, en su momento comprendió con tanta lucidez las tendencias que seguirían los medios de comunicación y cómo cambiarían las relaciones humanas que anticipó la invención de la red, es decir, vio cómo las tecnologías asociadas a las comunicaciones se encaminaban hacia un medio capaz de conectar a todo el mundo en tiempo real. 

Por estas y otras razones, McLuhan es uno de los autores imprescindibles para entender el momento en que vivimos.

 

La sociedad del espectáculo, Guy Debord

Publicado en la década febril de 1960 (de hecho, pocos meses antes del mayo de 1968, tan significativo para Francia), La sociedad del espectáculo es un texto que sigue los pasos de los manifiestos vanguardistas de principios del siglo XX, pero también la tradición de los panfletos políticos que han buscado incendiar tanto las conciencias como los lugares donde se asienta el poder. 

Guy Debord expuso en este ensayo hecho de fragmentos un fenómeno de su época que le pareció asombroso: poco a poco pero inevitablemente, todo en la realidad se estaba encaminando a formar parte de un vasto, interminable espectáculo. 

Aunque varias décadas nos separan de las tesis defendidas por Debord, es todavía más sorprendente que muchas de ellas no han perdido vigencia.

 

La intimidad como espectáculo, Paula Sibilia

Siguiendo los pasos del situacionista francés, pero ya en el siglo XXI, la socióloga brasileña Paula Sibilia ofreció en esta obra una interpretación lúcida y original de la transformación que ocurrió con el concepto de intimidad a partir de la invención y la popularización de Internet. 

El celo con que lo íntimo se había creado y conservado durante al menos 3 siglos (del XVIII a finales del XX), cambió radicalmente hacia una apertura casi total, con el yo como protagonista y, más aún, como soberano de este movimiento. ¿O quizá como esclavo? 

Después de todo, dicha exposición de selfies, opiniones, fotografías, etc., se convirtió también en mercancía, y las personas comunes terminaron “trabajando” involuntariamente para las grandes compañías.

 

Ubik, Philip K. Dick

Philip K. Dick es, posiblemente, uno de los profetas más acertados de la época en que vivimos ahora: no en la forma, sino en el fondo. Es decir, quizá no adivinó el tipo de máquinas de las que estamos rodeados hoy, pero sí fue capaz de vislumbrar el “espíritu de la época”, por así decirlo, esta mezcla de vigilancia extrema, distracción sin límites y aceptación voluntaria de la servidumbre que tanto caracteriza a nuestro presente. 

Recomendamos Ubik, pero casi cualquier novela de Philip K. Dick nos invita a reflexionar sobre el lugar tan protagónico que le hemos dado a la tecnología, en detrimento de necesidades históricamente más prioritarias para el ser humano.

 

Neuromante, William Gibson

William Gibson escribió a mediados de los años 80 la novela que dio origen al cyberpunk y, en cierto sentido, aunque previó el totalitarismo que traerían las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, alimentó también algunos sueños de rebeldía.

 

Cultura y simulacro, Jean Baudrillard

Otro profeta que clamó en el desierto: Jean Baudrillard, a quien muchos consideran uno de los mejores representantes del pensamiento posmoderno pero que, más allá de esta etiqueta, supo ver una operación que aunque se desarrollaba bajo la mirada de todo el mundo, nadie pareció notar: la realidad estaba siendo suplantada por una simulación, una miríada de simulacros que de una vez y para siempre tomaron el lugar de los hechos, la Historia, la verdad.

 

La singularidad está cerca, Ray Kurzweil

Ray Kurzweil (inventor, futurista, director de Google) delineó en este libro algunos de los caminos que, a su parecer, seguiría la tecnología en los años por venir, en particular en relación con la búsqueda tan ansiada de la inteligencia artificial que a muchos les parece también polémica y aun peligrosa.

 

Contra el rebaño digital, Jaron Lanier

Publicado en inglés con el título You Are Not a Gadget: A Manifesto, este libro advirtió en el año 2010 sobre ciertas contradicciones entre el espíritu “colectivista” de la Web 2.0 (de la cual nacieron los blogs, las redes sociales y otros proyectos afines) y la tendencia a la concentración y el elitismo del modelo social bajo el cual actuamos los seres humanos. Jaron Lanier, por cierto, es uno de los programadores más renombrados a nivel mundial, y uno de los primeros en desarrollar la tecnología de realidad virtual.

 

El aroma del tiempo, Byung-Chul Han

El subtítulo de este libro es “un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse”, y en cierta forma eso anuncia ya su talante. Con la sobriedad que caracteriza a su estilo y su manera de reflexoinar, Byung-Chul Han expone aquí los cambios tan extraordinarios que han ocurrido con nuestra experiencia del tiempo. Gracias a invenciones como el teléfono portátil e Internet, pareciera que ahora vivimos en un instante sin principio ni fin, un presente perpetuo en donde parece que ya no hay lugar para la memoria, la paciencia o el no-hacer.

 

Ensayos, R. W. Emerson

Nuestra última sugerencia es, no sin un guiño, los ensayos de uno de los autores más importantes del siglo XIX, leído y admirado por Borges y por Kafka y durante mucho tiempo una referencia obligada en la conciencia colectiva de Estados Unidos. Ralph Waldo Emerson fue predicador, pero también un filósofo incipiente del Nuevo Mundo.

Si lo incluimos en esta lista es porque como parte del “trascendentalismo” (corriente de pensamiento cuya fundación le atribuyen los historiadores de las ideas), Emerson defendió siempre que el ser humano necesitar estar en contacto constante con la naturaleza, pues de otro modo pierde pronto de vista aquello de la vida que sí importa, aquello que es necesario conservar y por lo cual todos los esfuerzos, todos los trabajos, valen siempre la pena. 

Leer a Emerson nos hace ver que ese canto de las sirenas con que ha estado acompañada la llamada “revolución digital” en el fondo no ha hecho más que distraeros de lo verdaderamente trascendente: la honestidad, la cercanía con nuestros semejantes, la búsqueda del bienestar personal y colectivo, la vida en comunidad, el equilibrio con la naturaleza y, en suma, esas virtudes que nos aportan muchas satisfacciones mucho más auténticas y perdurables que todos los gadgets o todos los likes del mundo.

 

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Imagen de portada: Müdigkeitsgesellschaft: Byung-Chul Han in Seoul/Berlin, Isabella Gresser (2015)