*

X

Este profesor del MIT calculó en 1973 el año en que la humanidad colapsaría (y hasta ahora ha acertado en todo)

Sociedad

Por: pijamasurf - 08/31/2018

Jay Forrester, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts y creador de la “dinámica de sistemas”, predijo en 1973 el año en que la civilización humana podría colapsar

Es muy posible que la humanidad se encuentre en un momento crucial, una especie de encrucijada en donde, por un lado, se presenta la posibilidad de tomar ciertas decisiones, emprender algunas modificaciones sustanciales y actuar de otra manera o, por otro lado, hacer lo mismo que hemos hecho hasta ahora, sin cambios de ningún tipo, ni en nuestros hábitos ni en nuestras ideas, en la manera en que se maneja la economía o se educa a las nuevas generaciones, o en el cuidado del planeta. 

Un camino conduce a cierta restauración del lugar del hombre en el panorama más amplio de la vida en este planeta, a una existencia si no en equilibrio, sí al menos respetuosa de las otras formas de vida con quienes convivimos, y acorde a la condición finita de la Tierra en sí.

El otro camino nos lleva a la destrucción de la vida (como ya ocurre), quizá incluso a la extinción misma de la especie humana, pues nuestra supervivencia está ligada a todos los ciclos naturales del planeta, mismos que desde hace varias décadas hemos afectado seriamente.

¿Este segundo pronóstico es sombrío? Algunos dirán que simplemente es realista. Y, por otro lado, no es nada nuevo. Sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, varios personajes de cierto renombre e instituciones igualmente prestigiosas comenzaron a levantar la voz de alarma respecto del futuro del ser humano, el cual, según esas perspectivas, estaba seriamente amenazado.

Una de esas predicciones fue elaborada por Jay Forrester en 1973. En esa época, Forrester era un profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), en donde fue reconocido por desarrollar la “dinámica de sistemas”, un método inicialmente concebido para proyectar el impacto de las políticas gerenciales de grandes empresas. En aquel entonces, fue General Electric quien propuso y financió el proyecto. 

Sin embargo, una vez que Forrester continuó por cuenta propia con sus investigaciones, aplicó el método que había creado a la realidad global del ser humano y su presencia en la Tierra. El profesor tomó en cuenta el ritmo de crecimiento de la población humana, los niveles de industrialización de nuestro modo general de vida, la producción de alimentos y su consumo, las conexiones entre proveedores y consumidores (a gran escala), las condiciones climáticas del planeta, los niveles generales de contaminación provocada por el ser humano y la cantidad de países existentes, entre otras variables. 

Ayudado con los instrumentos computacionales que existían entonces, Forrester llegó a una cifra precisa del año en el que la especie humana colapsaría: el 2040.

Ante este pronóstico, Forrester sugirió la posibilidad de limitar el crecimiento, en varios sentidos, incluso de la población, lo cual fue visto con recelo y le valió ser señalado como un “neomalthusiano” (en alusión a Thomas Malthus, uno de los primeros economistas en recomendar el control de la población como única medida eficaz frente a la finitud de los recursos naturales). 

Pero, por otro lado, en términos generales el profesor no se equivocó en el futuro proyectado. Si ponemos atención a la situación actual, lamentablemente puede decirse que el tiempo le dio la razón. En este video se explica con más detalle la predicción de Forrester:

Si este es el caso, ¿la humanidad tendrá realmente tan poco tiempo de supervivencia? ¿Y por qué si vemos que el colapso es tan evidente, no somos capaces de tomar las medidas adecuadas para evitarlo?

 

También en Pijama Surf: Esta gráfica muestra las decisiones personales que realmente combaten el cambio climático

Te podría interesar:

Científicos australianos detectan que el plástico está haciendo que se encojan los penes

Sociedad

Por: pijamasurf - 08/31/2018

Una condición que afecta el pene parece estarse masificando, debido a la exposición a químicos en el plástico

Por la obsesión que tiene nuestra cultura con el tamaño del pene, uno pensaría que las siguientes generaciones de hombres estarían naciendo mejor dotados, para así favorecer sus posibilidades de encontrar pareja y reproducirse. Tal dinámica evolutiva -que obviamente, es sólo especulativa- parece estar siendo coartada por un elemento extraño contaminante: el plástico y su arsenal de químicos. El problema supera por mucho el tema del tamaño del pene, pues pone seriamente en juego la funcionalidad de dicho órgano.

Dos científicos australianos aseguran que los animales y seres humanos expuestos a químicos en el plástico están presentando una condición llamada hipospadia, un defecto de nacimiento en el pene que puede producir problemas de funcionalidad, así como encogerlo. La información es controversial, al menos en tanto que los gobiernos han negado que estos químicos sean nocivos. Se sabe, sin embargo, que algunos plásticos tienen químicos que perturban el sistema endocrino y actúan como hormonas sexuales; y en varios estudios realizados con animales, se notaron efectos como infertilidad e hipospadia.

Los doctores Andrew Pask y Mark Green de la Universidad de Melbourne están estudiando los efectos de ciertos químicos en la reproducción masculina y han hallado que de 1980 al 2000, la hipospadia se duplicó. Los científicos creen que ya que el tema no es muy agradable, generalmente se evita discutirlo seriamente. Pero el hecho de que se esté duplicando este fenómeno habla de que no se trata de defectos genéticos, sino ambientales.

Esta condición afecta la uretra y hace que ésta salga hacia el exterior no en la punta del pene sino en el escroto o en el tallo, lo cual, por supuesto, es muy problemático. En el desarrollo de la investigación se ha descubierto que un ratón fácilmente desarrolla está condición si se le da a beber Atrazina, un químico que se encuentra en el plástico. El daño se acentúa en las generaciones subsecuentes. El ser humano ha estado expuesto a esto desde 1950, por lo cual hay cierta lógica en que estemos viendo un incremento del fenómeno.

Otros científicos señalan que aunque los efectos de estos químicos han sido comprobados en animales no se ha probado que ocurra lo mismo en los seres humanos, por lo que son más cautos al hablar del tema. Las personas que tienen esta condición no logran pasar orina, así que deben someterse a una cirugía, la cual tiene un alto porcentaje de complicaciones.