*

X
¿Qué pierde la modernidad al dejar de hablar del alma?

Llama al mundo, si quieres, el valle de la elaboración del alma. Entonces descubrirás la razón de la existencia.

John Keats

El alma es la gran desplazada de la discusión intelectual actual. En lugar de usar este término que fue tan importante para la filosofía por más de 2 mil años, hoy en día en la academia se prefiere hablar alternativamente del yo (o ego o sí mismo; self), de la mente o de la conciencia, cada uno refiriéndose a aspectos que alguna vez fueron discutidos bajo el término alma (psykhe en griego) y además olvidando completamente otros aspectos de nuestra subjetividad y nuestra relación con el mundo. No es que cuando se hablaba del alma antes no se hablara de estos otros términos también -si bien "conciencia" es relativamente reciente-, pero cabe hacer el énfasis de que progresivamente el alma ha dejado de figurar en el pensamiento y ha perdido tracción como una forma de explicación o, más importante, de evocación de una realidad, seguramente porque los demás términos no subvierten demasiado un modelo materialista de la realidad (aunque ciertamente, no es fácil someter a la conciencia a un modelo naturalista). Incluso la psicología, una disciplina relativamente reciente, es contradictoriamente un logos sin psique, pues salvo algunas excepciones más bien marginales -como los seguidores de Jung- no se verá actualmente aparecer en un libro de psicología la palabra "alma". Afectada de cierto cientificismo, la psicología quiere ser una ciencia y niega que debería ser, antes que otra cosa, un arte. 

El alma es una hipótesis innecesaria, no parece describir nada en específico, ni ubicarse en algún lugar definido, y menos aún aparece bajo el microscopio o los rayos X. Sin embargo, justo por esto, porque hay cosas en nuestra experiencia subjetiva que no pueden describirse puntualmente, limitarse a una ubicación -porque se mezclan con otras, porque hay una riqueza en su desfronterización y en su liminalidad- es necesario hablar del alma. El alma es algo que no parece ser un objeto concreto, pues no es una cosa más entre una serie de cosas bien definidas, sino que es una relación, un principio unificador, una especie de eros, una coincidentia oppositorum. Una relación entre lo material y lo espiritual, entre la vida y la muerte, entre el misterio y el conocimiento. Por ello es necesario hablar del alma, porque sin eso el mundo se vuelve quizás más preciso pero también menos poético, menos abierto a la participación analógica, al vuelo del alma, a la música del alma, al silencio del alma...

"Mientras que hay una cosa como 'la música del alma' no hay una cosa como 'la música del yo'. ¿Por qué es esto?", se pregunta el filósofo irlandés William Desmond en su libro The Gift of Beauty. Incluso tenemos un género musical bajo este estandarte: el soul. (¿Quién podría imaginarse un género: "ego music"?) Decimos que una persona toca o canta con su alma; la expresión perdería poder y sentido si decimos canta con su sí mismo (o con su yo). No estamos hablando de música meramente espiritual, pues hay algo que parece enteramente corpóreo en el blues y en el soul, y sin embargo no puede explicarse mecánicamente como la ciencia explica los procesos corporales. Hay una chispa, un élan vital que nos mueve, algo que a la vez fluye y arde, opaco y transparente, un alma. 

Es útil recordar la idea que tiene Aristóteles del alma. Para el filósofo el alma es la forma del cuerpo, pero no es una forma platónica trascendente, sino que existe solamente en la unidad del cuerpo y la forma. Es la unidad que surge de la suma de las partes, lo que rige todas las funciones del cuerpo, lo que mueve y anima. Pero Aristóteles tiene en mente algo muy distinto a lo que nosotros pensamos con el sistema nervioso o el cerebro. Tenemos pasajes memorables y en cierta forma enigmáticos, como este en De Anima:

El alma en cierta forma es todas las cosas; pues todas las cosas son o sensibles o inteligibles, y el conocimiento es en cierta manera lo que es cognoscible, y la sensación es lo que es sensible...

Esta es la peculiaridad del alma, que es también su genio, su naturaleza anfibia. Promiscuidad hilomórfica... el alma puede ser todas las cosas pues vincula lo material con lo espiritual e intelectual, piensa y siente a la vez, participa en el cielo y en la tierra. Es en el alma donde se hace la totalidad. Es el alma la que celebra la boda alquímica, el hieros gamos, la que se prepara para recibir a su esposo en la noche oscura.  

El mismo Desmond sugiere que el alma nos lleva al umbral de un misterio, "es un buen nombre para aquello que se ha evaporado en la autodeterminación yoica de nuestra época... tal vez no haya un conocimiento positivo del alma en el sentido de un concepto absolutamente determinado, pero eso no significa que no conozcamos el alma". La podemos conocer "metaxológicamente", esto es, en el logos de lo intermedio, de lo liminal, del bardo, en los nervios y en las junturas (y en los espacios entre las notas) y, más aún, en la porosidad. En los espacios que unen a los opuestos y hacen de lo que se une no uno sino tres, en ese entre -entre lo trascendente y lo inmanente, entre la vida y la muerte y entre la muerte y la vida-, en la divina ambivalencia. Heráclito, en su fragmento 45, dice: "No podrías agotar en tu búsqueda los límites del alma, incluso si atravesaras todos los caminos; así de insondable es su logos". El ratio inagotable del alma, que es enigmáticamente todas las cosas y ninguna. Como reza la frase medieval: es una esfera cuyo centro está en todas partes, pero cuya circunferencia en ninguna... El alma es como Dios, pero a la vez no, es otra cosa, otra posibilidad divina (y demónica), unión y separación al mismo tiempo. 

Como le ocurrió a San Agustín con el tiempo, el alma es algo que si se nos pregunta qué es nos costaría definir, pero que en el fondo todos sabemos, todos sentimos inefablemente lo que es el alma, esa realidad poética, ese corazón húmedo que no se limita al pecho ni a la piel, sino que atraviesa la tierra. Lo que brota en canción, en romería, lo que festeja en una zambra, lo que se deleita en un ágape, no es el yo o el sí mismo, ni siquiera la conciencia entendida como una sucesión de qualias, es el alma, la integridad claroscura de nuestra experiencia. Pero también, lo que se desfonda en el abismo, lo que siente melancolía, lo que coquetea con perderse para siempre, con traicionarse y herirse más profundo que la médula, lo que "baila con el Diablo bajo la luna", no es el mecánico y posiblemente ilusorio yo generado por la computadora del cuerpo, es el alma. Dejaremos de lado el argumento soteriológico y todo lo que al pensarse como alma puede enriquecer la existencia, al darle un telos y una relación con el infinito. Que lo poético baste. Para concluir dejo, à propos, un pasaje del libro del teólogo David Bentley Hart, The Beauty of the Infinite, el cual podría servir como una especie de definición del alma, sólo que no lo es realmente, mantiene la poética elusividad del alma, se huelga en cierta vaguedad a la vez que devela epifánicamente la esencia, en una cópula aristótélica-tomista-platónica: 

Antes de que la subjetividad moderna hubiera evolucionado completamente y hubiera emergido de las aguas, una persona era concebida como un alma viviente, inseparable del elemento en el que él o ella habitaba y conocía; y el alma, en lugar de la estéril abstracción del ego, era una realidad espiritual y corporal unificada; era la vida y la forma del cuerpo, abarcando todo aspecto de la existencia humana, del nous a las funciones animales, uniendo razón y sensación, pensamiento y emoción, espíritu y carne, memoria y presencia, anhelo supernatural y capacidad natural; abierta a todo el ser, permeable multiplicidad receptiva ante el mundo, era aquello en lo que el ser en sí mismo se mostraba, un logos reuniendo y asimilando la luz del ser, viendo y escuchando en las cosas del mundo el logoi del ser, permitiendo que se digan a sí mismas y existan en ella, como palabras y pensamientos. El alma era la simultaneidad de foro e intus [afuera y adentro], el mundo y el yo, fe y entendimiento. Tal vez desde la perspectiva poskantiana, dicho lenguaje parece menos que riguroso; pero ciertamente no requiere de nada tan elaborado (tan arbitrario y poco convincente) como la arquitectura kantiana del conocimiento para sostenerlo. Y lo que se perdió cuando el alma fue abandonada en favor del yo (de cualquier manera que uno interprete la lógica de este movimiento) es un mundo en el que el alma podía a la vez habitar y reflejarse a sí misma: la impresión inmediata de belleza, esplendor, otredad tanto familiar como inviolablemente otra, el deseo que esto provoca, el abrumador y extrañamente elocuente llamado de su luminosidad, su invitadora trascendencia. 

(p. 138)

 

Twitter del autor: @alepholo

Te podría interesar:

La piedra filosofal, la conjunción de los opuestos y otros principios de la alquimia (entrevista con Álvaro Remiro)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 08/29/2018

Hablamos con el alquimista Álvaro Remiro sobre la piedra filosofal, la conjunción de los opuestos, el solve et coagula, el mercurio y el sulphur, la vocación de los seres hacia la perfección y otros temas

La palabra "alquimia" es una de las más abusadas, más malentendidas y a veces vilipendiadas en la actualidad. Proliferan las aplicaciones y las apropiaciones superficiales, pérfidas o simplemente erróneas del término, a veces incluso entre académicos y supuestos expertos. En el interés de salvaguardar esta antigua tradición ligada al hermetismo entrevistamos al hakim Álvaro Remiro, un alquimista, espagirista y astrólogo que fue iniciado a la alquimia por el doctor Yabir Abu Omar, quien durante 12 años le reveló los misterios de la alquimia de Al-Andalus y la preparación de remedios vegetales. 

A continuación, presentamos el audio de la entrevista y una transcripción de algunos de los puntos salientes de nuestro diálogo. Hemos editado levemente la transcripción para ajustar el lenguaje a la palabra escrita. De cualquier manera, reiteramos que la totalidad de la entrevista no fue transcrita aquí. 

La visión espiritual de la alquimia y la visión materialista de la ciencia

La alquimia no tiene nada que ver con la química, si bien es cierto que la química tiene su nacimiento en cercanía a autores alquímicos, ya que al investigar los misterios de la vida en la materia se produjo también un interés por ciertas reacciones químicas y se realizaron ciertos experimentos que se fueron enfocando a lo meramente material. La química trabaja con la materia, pero la alquimia trabaja con el espíritu o los espíritus, que son los que ordenan la materia. La diferencia es clave, pues los fundamentos de la ciencia actual y los de la alquimia son totalmente distintos. No se podría llegar a la comprensión total de la alquimia desde la química a no ser que en el camino se haga un cambio de conciencia o de planteamientos básicos... Lo importante es lo que no se ve, lo imperceptible, lo que no se puede medir o pesar; esa es la parte importante, la sustancia primera, que va modulando la materia, ese fuego universal que va transformado esa única materia en las distintas modalidades que hoy conocemos como los elementos químicos.
La ciencia se ha ido alejando del espíritu intentado explicar las cosas desde el análisis, desde la observación de los principios de las materias con las que trabaja, alejándose de la inteligencia del Logos, de la conciencia que está antes de la materia, que es previa a la aparición de la materia, una inteligencia que ordena la materia y que participa de todo ordenamiento universal... Los científicos consideran la materia como algo inerte; de hecho, todavía no hay un a explicación convincente para lo que llamamos vida, y menos aún para la vida consciente. Si nos atenemos a la la ortodoxia pura del método científico, la conciencia no existe, pues no podemos demostrarla en un laboratorio, no se puede hacer un experimento que explique la conciencia. Desde esta ortodoxia ni siquiera la conciencia del propio científico puede comprobarse, lo cual es paradójico.

Ese Logos o espíritu sutil, el principio del Logos universal, ese orden e inteligencia que abarca todo el universo, eso sería a lo cual la alquimia busca acceder. Por eso se llamaba el "trabajo de lo oculto", pues lo que buscamos no es evidente, está oculto, sólo podemos ver sus efectos en la materia... Para los alquimistas la forma pertenece al espíritu y no a la materia, la materia es caótica e informe y es el espíritu el que la ordena.

[El alquimista debe] Reconocer que sólo hay una materia y sólo hay un espíritu. Todas las purificaciones, rectificaciones e investigaciones se hacen buscando ese espíritu universal, ese espíritu puro que es el que ordena, es lo que podríamos llamar el Padre o la semilla  que hace que todas las formas sean posibles.

 

El origen de la alquimia

La alquimia es un paradigma muy antiguo pero que se adapta a múltiples paradigmas, musulmanes, cristianos, judíos, paganos, hindúes y otros,  y cada uno de estos, con sus propios paradigmas, encuentra una verdad en la alquimia. Es aceptada por todas estas culturas, pero es también perseguida por todas ellas... Es un conocimiento eterno que se cree que se origina en Egipto, y que que va transitando a través de la historia entre diferentes culturas, siendo aceptada por los sabios de casi todos los siglos. Es una verdad arquetípica, la más simple, y es por eso que se ajusta lo mismo a un patrón cristiano, con la muerte y la resurrección de Cristo, o a un patrón musulmán, desde una visión más matemática y de trabajo místico. Esa unión de la alquimia con la mística es lo que ha llevado a muchas confusiones y a muchos autores a decir que la alquimia no es un proceso material sino un desarrollo místico o espiritual, cuando en realidad trabaja los dos frentes, trabaja en el espíritu y en la materia; trabaja en el laboratorio y en el propio espíritu del operador.

 

La ley de la analogía: como es arriba, es abajo

La alquimia está basada en el principio fundamental de la relación analógica entre el macrocosmos y el microcosmos, es la ley de "como es arriba es abajo"; como se señala en la Tabla Esmeralda, todo está en todo, todo parte del uno, todo es información compartida, diversos aspectos de lo mismo. Es fundamental trabajar desde esta visión... el operador, al mismo tiempo que hace la transformación en su materia, la debe hacer en su propia materia espiritual. Como se dice en las Instrucciones de un padre a su hijo acerca del árbol solar: "Hijo mío, adhiere tu corazón a Dios antes que al arte", es decir, no consideres la alquimia como una técnica, como si lo importante fuera la materia. Lo importante es la conexión que establece el operador con el espíritu y esa ascesis que se busca a través de la alquimia para llegar a la comprensión de la creación y, por lo tanto, a la conexión con Dios.

 

Conciencia vs materialismo

[Para la labor alquímica] es necesario entrar en un marco filosófico adecuado para entender las escrituras alquímicas... Tu percepción de la realidad cambia: todo tiene un espíritu, ya sea un mineral, una planta, un animal: todo tiene conciencia. La conciencia es ese orden que recibe la materia. [Por ejemplo,] un cuarzo tiene conciencia de ser cuarzo, pues tiene esa forma, esa apariencia y no otra; por lo tanto, hay un principio ordenador que hace que nos presente esa forma.

Vivimos en una sociedad descreída y decepcionada, que ha perdido sus propios valores. Hay algo que parece una crisis materialista, pero no es una crisis. Al vivir en un paradigma materialista sólo existe la materia, todo lo que se puede mostrar científicamente no es más que materia. [Así entonces,] es lógico que se organice el mundo en torno a la materia, ya que no hay fe en el espíritu. Hay desolación en la gente.

 

La vocación hacia el oro

Este desarrollo de la vocatio parte del principio alquímico que enseña que todo en el universo tiene un nacimiento y un fin al que tiende y una capacidad de desarrollo y evolución que es su vocación. Al igual que todos los metales nacen con una tendencia o vocación hacia su perfección, que es el el oro, cada ser nace con una tendencia hacia la realización perfecta del espíritu esencial que lo ha conformado.

[La materia y el operador deben ponerse a prueba] Esa [es la] lucha del dragón celeste y el dragón terrestre, entre el espíritu y la materia, porque el espíritu necesita de la materia para poder aparecer, existir en la vida material... El espíritu debe luchar con la burda materia... para alcanzar su perfecta forma, la perfección con la que ha sido creado. Todo es parte de un germen, de una semilla, de un continente de posibilidades y de una fuerza que le hace tender a su máxima expresión -en el ser humano cada uno tiene esa tendencia, nacemos de un germen, tenemos unas cualidades que nos son propias, unas como individuos, otras como seres humanos-. El desarrollo de la perfección de la conciencia es llegar a una comunión con el universo. Pero a un nivel más simple, esto es el desarrollo de la felicidad. Mi maestro siempre decía que la vocación del ser humano es ser feliz; por lo menos podemos decir que cuando el ser humano está desarrollando correctamente su vocación, el resultado sería un estado de gozo y paz.

La alquimia es un trabajo que pasa del elemento material, tierra, al agua, al aire y hasta el fuego [el elemento más espiritual]... En los seres humanos se trabaja con las emociones para elevarse a la mente, y luego llegar al espíritu. En ese recorrido cada uno puede encontrarse a sí mismo, y al encontrarse a sí mismo puede encontrar la plenitud. 

 

La astrología

La astrología nos habla de acompasar al ser humano con esos ritmos del cosmos, con esos conocimientos de los arquetipos de cada una de las esferas. Ayuda a desarrollar la plenitud del ser, a ver el potencial del individuo, el proceso evolutivo y el fin al que tiende.



Solve et coagula 

Todo lo que está en el universo se está disolviendo o coagulando, va tendiendo a uno de los dos polos. Igualmente los seres humanos. Podemos decir que a una persona. cuando está en crisis. se le ha disuelto la personalidad. La idea que tiene de sí misma, de repente se disuelve. Entra en crisis para renacer en una personalidad que sea una expresión más pura del ser, más cercana al espíritu, y por lo tanto ese nacer y morir se está dando constantemente en nuestras vidas y ese renacer, como el ave fénix, igualmente ocurre con la naturaleza que está naciendo [y muriendo] y de la misma putrefacción nace toda la vida. Son paradojas básicas para comprender no sólo la alquimia, sino para comprendernos a nosotros mismos...

 

Sulphur y mercurio

Eso que diferencia, lo que da características especiales, es lo que llamamos sulphur. Y eso que lo une, que lo funde todo, es lo que llamamos mercurio, lo que lo lleva todo al estado indiferenciado. Esto es una constancia universal para que puedan manifestarse los seres.

 

La conjunción de los opuestos

En realidad la fusión de la conciencia sería la completitud, el frío y el calor juntos, lo masculino y lo femenino juntos. En un inicio el ser humano no tiene sexo, el Adam Kadmon es la completitud, el rebis, la sustancia que tiene las dos naturalezas. Cuando nos liberamos de los opuestos llegamos a la unidad, pero en realidad no nos liberamos de ellos sino que los congregamos en uno, y los congregamos en nosotros mismos en un acto trascendente y hasta mágico.

 

La piedra filosofal 

La piedra filosofal lleva todo a su perfección y, por lo tanto, es una medicina... Lo único que hace es quitarle los impedimentos al metal para poder ser oro, quitarle las dificultades. El alquimista, cuando ve el plomo ve oro, ve oro en estado inmaduro o poco evolucionado o imperfecto. Cualquier ser o materia a la que aplicamos esa piedra filosofal lo lleva a su perfección. Podríamos decir, quita los impedimentos psicofísicos que impiden al ser desarrollar todo su potencial. Por un lado curaría el cuerpo, y por otro lado, llevaría a su perfección máxima a la conciencia.

 

Las trampas del oro y del ego

Ninguno de nosotros va salvar al planeta; en todo caso, será la naturaleza la que nos salve a nosotros. Es una cuestión de percepción. Mi maestro decía que la trampa está en el oro: el oro representa la perfección, el espíritu en su grado máximo, pero también representa el poder, el ego, la ambición y el poder que se adquiere a través de la materia... Lo importante no es que sobreviva la materia; es que sobreviva el espíritu.

Debe ser una paradoja, pues cuando llegas a la piedra, [debes estar] en un nivel de conciencia en el que ya no necesitas la piedra, en el que ya no necesitas la materia, pues ya estás en el espíritu.

 

Álvaro Remiro estará impartiendo un diplomado de alquimia en México el 15 y 16 de septiembre. 

 

Facebook de Álvaro Remiro