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Francia toma una medida responsable y prohíbe el uso de "smartphones" en todas sus escuelas

Una nueva ley, impulsada por la presidencia de la república en Francia, prohíbe desde este curso escolar el uso de teléfono portátiles en las escuelas. La medida pretende favorecer un "ambiente que permita la atención, la concentración y la reflexión, que son indispensables para la comprensión y la memorización", según afirma el comunicado oficial del gobierno francés. Al parecer, al presidente francés, quien es filósofo de formación, no le han pasado desapercibidos los efectos nocivos que tiene el uso excesivo de la tecnología, particularmente en lo que se refiere la facultad de la atención.

Además, la medida busca limitar la exposición a la pornografía a la que son susceptibles los jóvenes, especialmente a través de sus amigos de la escuela, pues suelen mostrarse tempranamente imágenes pornográficas en sus aparatos. En lugar de pasar el tiempo absortos en sus aparatos, el Ministerio de Educación francés cree que esto fomentará la interacción directa, no mediada -es decir, los niños se dedicarán a jugar entre sí-. En Francia, nueve de cada 10 personas entre los 12 y los 17 años tienen un teléfono móvil.

Las escuelas pueden decidir si queda prohibido traer el teléfono a la escuela o los alumnos pueden traerlos pero deben dejarlos en sus lockers. De cualquier manera, los alumnos que usen sus teléfonos en la escuela podrán ver como sus aparatos son confiscados.

Diversos estudios previos han demostrado que el desempeño escolar en escuelas que prohíben el uso de teléfonos celulraes mejora significativamente y equivale por lo menos a 5 días más de clases al año. 

Indudablemente, muchos países se beneficiarían de tomar medidas similares; sin embargo, son pocos los que se atreverían a enfrentar a la opinión pública -en Francia la opinión pública se quejó, pero aún así el gobierno hizo avanzar la medida- y al poder económico de las grandes compañías de tecnología.

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Los hackers de The Fappening finalmente han sido sentenciados por difundir desnudos de celebridades

En el 2014 se llevó a cabo uno de los robos de imágenes de celebridades más famosos y abundantes en la historia de Internet, el llamado Fappening o el iCloud Leak, en el que se dieron a conocer imágenes de numerosas celebridades, la mayoría de ellas mujeres: Jennifer Lawrence, Kate Upton, Kirsten Dunst, Bar Rafaeli, Blake Lively y muchas otras. Las imágenes, tomadas de la nube por hackers, fueron publicadas en sitios de pornografía y tomaron el título de "the fappening", slang para algo así como el acontecimiento masturbatorio.

El 7 de octubre del 2014, en su primera entrevista luego del Fappening, Jennifer Lawrence declaró a Vanity Fair: "No es un escándalo. Es un crimen sexual. Es una violación sexual. Es desagradable", y agregó: "sólo porque soy una figura pública, sólo porque soy una actriz, no significa que yo pedí esto".

Sobre esto escribimos un artículo analizando lo sucedido: Fappening: ¿violación tumultuaria a Jennifer Lawrnce o doble moral del Internet?. Aquí un fragmento:

En su calidad de fruto prohibido, las imágenes de Jennifer Lawrence (a quien en realidad vimos actuar "desnuda", vestida de azul como Mystique en X-Men: Days of Future Past) y otras celebridades no ofrecen nada que no pueda encontrarse en los terabytes de porno fácilmente accesible, salvo en un punto: son la fatídica realización de la fantasía sexual colectiva emanada de un cuerpo que nunca poseerán. Algunos comentaristas lo equiparan a una violación masiva, tumultuaria, incluso demográfica. Las fantasías sexuales en la era del Internet suelen ser así: contemplativas, casi abstractas en su brutal especialización.

Ahora este caso ha completado su círculo con el anuncio de que George Garofano, de 26 años, tendrá que ir a la cárcel 8 meses por hackear las cuentas de 240 personas y vender las imágenes. Se pedía más tiempo, pero el juez determinó que durante el período del juicio Garofano había sufrido distintas vejaciones que ameritaban una reducción de la condena.

Garofano era el último de los tres hackers involucrados; los otros dos fueron sentenciados a períodos de 9 y 19 meses respectivamente. Finalmente, la demanda de J Law se cumplió, aunque tal vez no con la severidad que la actriz hubiera deseado.