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La soledad es peor que fumar 15 cigarros al día; generación Z la más sola, según estudio

Salud

Por: pijamasurf - 09/03/2018

¿Una epidemia de soledad?

La soledad parece ser uno de los grandes problemas de la vida moderna urbanizada hipertecnológica. En un estudio realizado en Estados Unidos, en el que se tomó en cuenta la escala para medir la soledad desarrollada por UCLA, se observó que el 46% de los estadounidenses padece ocasionalmente de soledad, de la sensación de sentirse separados o fuera de algo. Los investigadores de CIGNA que realizaron la investigación concluyen que esto es un nivel casi epidémico de soledad.

El puntaje más alto en la escala (48) predominó entre la generación Z, que incluye a los individuos que tienen entre 18 y 22 años, mientras que, sorprendentemente, las personas de 72 años o más reportaron sentirse menos solas, con un score de 39.

En un estudio en el Reino Unido se encontró que los riesgos asociados a sentirse solo son superiores a fumar 15 cigarros al día. Además se halló una relación entre la soledad y el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas, pues la soledad suele derivar en que la gente deje de tener estímulos mentales, los cuales usualmente son provistos por otras personas que nos emocionan o nos retan.

En otra investigación se descubrió que en los individuos que se sienten solos o tienen pocas conexiones sociales el riesgo de morir antes de los 70 años aumenta al 50%, mientras que las personas obesas sólo tienen un 30% de riesgo. Así que sentirse solo y no tener conexiones íntimas es peor que comer mucho y comer mal y fumar.

Ahora bien, hay que decir que estar solo como tal no produce ningún problema físico, sino que es el estrés asociado el que deriva en problemas para la salud. En otras palabras, una persona puede estar sola constantemente y no padecer el efecto negativo de la soledad, pues quizá se siente conectada con lo que hace, etc. Sin embargo, es obvio que tener conexiones emocionales íntimas es bueno para la salud.

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Por: pijamasurf - 09/03/2018

Sabiduría ancestral demuestra que es vital cómo empiezas el día

En el hinduismo se dice que en el día está el año, es decir, el día es un microcosmos del año. El año, a su vez, como es evidente, es un microcosmos de la vida: en un año hay diferentes estaciones en las cuales hay crecimiento, madurez, decadencia, muerte, etc. Esta misma idea aparece en numerosas cosmovisiones tradicionales y tiene un claro sentido intuitivo.

En todas las tradiciones espirituales es una costumbre empezar el día realizando meditación, contemplación, oración y/o purificación y no simplemente pararse e ir a trabajar o quedarse distraído. Generalmente, este tipo de prácticas se sincronizan con el amanecer o incluso antes, para aprovechar el silencio. Hay, por supuesto, razones devocionales detrás de esto. Pero felizmente, estas razones devocionales coinciden con motivos psicológicos. Por ejemplo, en un estudio reciente se descubrió que las mujeres que se levantan temprano se deprimen menos.

Ahora bien, si tomamos en serio esta idea de que un día es como una pequeña vida en sí misma, resulta aún más importante empezar el día con una inercia positiva que le dé sentido a la jornada. Sabemos que el ser humano es un ser de hábitos, y que los hábitos se refuerzan positiva o negativamente. Asimismo, sabemos que no hay nada que mejore el desempeño como la motivación y la confianza. Si tomamos todo esto en cuenta, resulta aún más obvio por qué es importante empezar el día realizando algo que nos coloque en una inercia positiva.

Otro ejemplo puede ilustrarlo mejor. Sabemos la importancia que tienen los primeros años de la vida en el desarrollo emocional, psicológico y físico de una persona. Un niño que no recibe amor y no es educado en sus primeros años de vida generalmente vivirá muchas dificultades a lo largo de la existencia, lo cual no significa que está condenado a sufrir por siempre, pero ciertamente le costará más trabajo. De igual manera, si vemos el día como un microcosmos, resulta lógico que si comenzamos la jornada sin darle amor y atención a nuestra vida y a nuestros procesos, nos costará más trabajo encontrar un vector positivo tanto en nuestro estado de ánimo como en nuestras capacidades cognitivas.

Es por todo esto que es tan importante empezar el día con ciclos virtuosos. No necesariamente debe ser rezando o meditando; puede ser quizás cantando, yendo a caminar, haciendo ejercicio, leyendo algún texto que nos inspire. Lo fundamental es que la actividad nos permita concentrarnos y nos haga sentir auténticamente bien, es decir, no como una indulgencia al placer, sino algo que nos haga conectarnos con nosotros mismos o con algo superior. Este envión anímico inicial se hará sentir durante el día, y será una capa de protección y fuerza para afrontar las diferentes circunstancias que se presentan en la jornada.