*

X

En sus últimos escritos, Stephen Hawking predijo una raza de superhumanos que destruiría al resto de la humanidad

Ciencia

Por: pijamasurf - 10/14/2018

Hawking creía que un grupo de seres humano editaría sus propios genes para separarse del resto y podría acabar destruyendo a todos los humanos no aumentados

Un libro póstumo de Stephen Hawking, llamado Brief Answers to the Big Questions, será publicado este mes. Lo primero que se ha destacado de un adelanto del texto que ha entrado en circulación es que Hawking temía la creación de una raza de superhumanos que, editando su propio código genético, podrían aumentarse y acabar destruyendo al resto de la humanidad, una idea similar a la del Homo Deus de Yuval Noah Harari. Hawking escribe:

Estoy seguro de que en este siglo, las personas descubrirán cómo modificar tanto la inteligencia como también instintos como la agresión... Probablemente se tendrán leyes en contra de la ingeniería genética en humanos. Pero algunas personas no podrán resistir la tentación de mejorar características humanas, como la memoria, la resistencia a las enfermedades y la longevidad.

Esta probablemente sea la gran tentación fáustica del futuro. El físico creía que en los próximos mil años como máximo, una catástrofe nuclear o climática acabará haciendo inhabitable el planeta, pero esta raza de superhumanos podrá escapar, mientras que todos los demás perecerán:

Una vez que dichos superhumanos aparezcan, habrá significativos problemas políticos con los humanos no aumentados, quienes no podrán competir. Presumiblemente, éstos morirán, o se convertirán en insignificantes. En lugar de ellos, habrá una raza de seres autodiseñados que se estarán aumentado a un ritmo exponencial. Si la raza humana logra rediseñarse, probablemente se esparcirá y colonizará otros planetas y estrellas. 

Hawking teorizó que, posiblemente, este aumento biotecnológico ocurriría a través de sistemas de edición del ADN como CRISPR/Cas9, el cual permite a los científicos reemplazar genes atrofiados o dañinos con genes nuevos. Este sistema actualmente ya ha sido usado para tratar niños con leucemia. Hoy en día existen ciertas dudas sobre estas técnicas de ingeniería genética -y sus posibles efectos secundarios-, pero es plausible que en un futuro esta u otra técnica permita no sólo eliminar enfermedades, sino también aumentar radicalmente las capacidades de los seres humanos. Evidentemente, esto genera un singular problema ético, que remite a escenarios distópicos como los imaginados por Huxley, Orwell y Dick. Y ahora, también por Hawking.

 

Lee también:

El futuro de la humanidad: ¿sólo los más ricos sobrevivirán y trascenderán la condición humana?

La humanidad se dividirá en 2 castas: una que vivirá 200 años y otra que vivirá 50, según Yuval Noah Harari

Te podría interesar:

¿Las mujeres no tienen creatividad científica? El ‘efecto Matilda’ lo explica

Ciencia

Por: pijamasurf - 10/14/2018

Cuando se revisa la historia del desarrollo de la ciencia pareciera que sólo los hombres han participado en ella, ¿pero en verdad es así?

Más allá de las posiciones enconadas en las que actualmente viven ciertas personas al enfrentar a mujeres contra hombres, con cierta serenidad y aun objetividad es posible advertir el lugar secundario que las mujeres suelen tener en diversos ámbitos del desarrollo cultural humano. 

Una revisión (así sea superficial) de la historia del arte, de la ciencia, de la política y de casi cualquier otro campo nos arrojará un desequilibrio evidente entre el número de hombres y el de mujeres que figuran en esas páginas. Parafraseando cierto poema célebre de Bertolt Brecht podríamos preguntarnos: ¿dónde están las mujeres compositoras e inventoras?, ¿dónde las mujeres filósofas? ¿las líderes sociales? ¿Por qué parece que, durante tantos siglos, únicamente los hombres se encargaron de poner en marcha la rueda de la historia? 

Al menos en el caso de la ciencia, es posible encontrar respuestas concretas, particularmente las que con un sólido trabajo de investigación ha ofrecido Margaret Rossiter, profesora en la Universidad Cornell que en la década de 1990 acuñó el término “efecto Matilda” para señalar la ausencia deliberada de reconocimiento hacia las mujeres en los descubrimientos e invenciones científicas.

Rossiter dio ese nombre al concepto a raíz de “La mujer como inventora”, un ensayo de Matilda Joslyn Gage publicado en 1893 en el que su autora, una conocida feminista y luchadora por el derecho de las mujeres a votar, intentó refutar el prejuicio largamente sostenido de que las mujeres no poseían ningún tipo de inventiva o genio mecánico, lo cual explicaba que no destacaran en las disciplinas científicas y tecnológicas. Ya en aquella época Gage señaló que, más bien, la educación que solían recibir las mujeres hasta entonces descuidaba o ignoraba todo tipo de materias relacionadas con la ciencia. “Y aun así”, escribo Gage, “algunas de las invenciones más importantes del mundo se deben a una mujer”.

Siguiendo esa perspectiva, Rossiter se dedicó a rastrear los casos en Estados Unidos en los que una invención o un descubrimiento científico habían sido fruto del trabajo parcial o total de una mujer y no sólo no se le había otorgado el reconocimiento correspondiente sino que, lo que a veces resultaba todavía más inexplicable, dicho reconocimiento había recaído en la figura de un hombre.

Por ejemplo, el caso de Alice Augusta Ball, química originaria de Seattle, Washington, que a inicios del siglo XX dedicó sus esfuerzos a encontrar una cura para la lepra, trabajo que lamentablemente se vio interrumpido a causa de su muerte abrupta en un accidente automovilístico. Arthur Dean, un colega suyo, retomó los avances hechos por Ball y todos los trabajos los firmó con su nombre, sin otorgarle nunca ningún tipo de crédito a Ball. A la postre, la cura contra dicha enfermedad sería conocida como el “método Dean” contra la lepra.

Otro ejemplo significativo es el de Lise Meitner, doctora en física de origen austríaco que participó junto con otros en los primeros experimentos en materia nuclear y, también como otros científicos, fue perseguida por el régimen nazi, a causa de su origen judío. El logro más destacado de Meitner fue haber dirigido al equipo que descubrió la fisión nuclear, con la cual hoy en día se produce cerca del 20% de la energía eléctrica que se consume mundialmente (entre otros usos). Curiosamente, quien recibió el Premio Nobel de Química por dicho descubrimiento fue su sobrino, Otto Frisch.

Otros ejemplos del “efecto Matilda” han sido compilados recientemente por Timeline, un proyecto editorial en línea que busca recuperar esos momentos en que la historia ha parecido quebrarse para empezar algo nuevo y desconocido. Por ejemplo, la posibilidad para las mujeres de ser reconocidas por su trabajo intelectual.

 

También en Pijama Surf: 11 libros indispensables sobre feminismo según la Biblioteca Pública de Nueva York

 

Imagen de portada: Lise Meitner y Otto Hahn en su laboratorio, en 1913