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España vuelve a darle a la filosofía su lugar protagónico en la educación (y deberíamos hacer lo mismo)

Filosofía

Por: pijamasurf - 10/24/2018

España modifica ley educativa que hacía de la filosofía una materia marginal en las secundarias y bachilleratos

Una polémica ley -aunque en sintonía con el espíritu (o la falta de espíritu) de nuestros tiempos- en 2013 hizo que en España la filosofía fuera una materia marginal en el bachillerato. La filosofía había quedado limitada a un único curso impartido en primero de bachillerato. La ética había dejado de ser obligatoria, y también la historia de la filosofía. Esto es sin duda algo que hemos observado en numeroso países (aunque con sus diferencias), a decir, el desprestigio de las humanidades en un mundo cada vez más científico-técnico. Un ejemplo de esta horrorosa ley se estaba ya sintiendo en España: profesores de filosofía "reciclados" que ahora daban clases de actividad empresarial.

Es para celebrarse, entonces, que el parlamento español ha revertido esta medida y la filosofía retomará el papel protagónico que le corresponde (o al menos se acercará más a él), como señala un artículo en El País. Ahora la ética y la filosofía se enseñarán en un ciclo secuencial durante los tres últimos cursos de secundaria, algo que las equipara con las matemáticas, la lengua o la historia. 

No debería ser necesario tener que defender a la filosofía, pero justamente por esta enorme ausencia de las humanidades en la vida moderna, muchas personas han olvidado la importancia de desarrollar una mente capaz de pensar por sí misma y de cuestionar no sólo a la sociedad sino la realidad misma y hacerse las preguntas que dan sentido y enriquecen la existencia. En la era de la "posverdad", la filosofía y sus "ramas" -la ética, la lógica, la epistemología, la estética, etc.- son el remedio a indicarse. Como sugiere el editorial de El País, en tiempos en los que las fake news, las cámaras de ecos, la superficialidad de la cultura de las celebridades, los algoritmos orientados al consumo y demás cosas por el estilo ponen en riesgo no sólo la democracia sino los valores esenciales de la civilización occidental, es necesario voltear a la filosofía. Y esto ha motivado a los legisladores y sobre todo a los filósofos, quienes han tenido que "ensuciarse" y hacer labor política -cuyo único fin, como dijo Tomás de Aquino debe ser proveer las condiciones para la vida contemplativa-.

Conscientes del valor de la filosofía como fundamento de convivencia democrática, algunas comunidades autónomas —dentro de sus competencias— han venido dando carácter obligatorio a Historia de la Filosofía. Este desafío, a la postre, será elevado a rango de ley si todos los partidos mantienen firme el compromiso adquirido esta semana.

Sobre este tema hay que mencionar al profesor de literatura Terry Eagleton, quien renunció a su puesto en Oxford, en protesta al manejo de las universidades como empresas capitalistas y a un énfasis en carreras que pueden generar grandes ganancias económicas a las universidades, todo lo cual ha producido un declive en las humanidades, e incluso que ya no se abran ciertas carreras. Eagleton considera que el valor de las humanidades yace en que "no se conforman a las nociones dominantes" y que desarrollan el pensamiento crítico, algo que es urgente en las "burbujas" de la Web.

Al suprimir o marginar a las humanidades de las universidades también perdemos la esencia de la "universidad", el lugar en el que se expande el conocimiento de lo particular a lo universal, lo cual sugiere un amplio abanico, un encuentro de todos los mundos, una totalidad, y no sólo un limitado espectro racionalizado y atomizado conforme a la utilidad y la preponderancia económica. La palabra "universidad" pierde su sentido y por lo tanto, cuando Eagleton ve la gradual muerte de la universidad no está del todo equivocado; las instituciones educativas superiores siguen y seguirán pero tal vez las universidades estén muriendo, porque "el espíritu" original está dejando el cuerpo o el campus. Y, por supuesto, para que tengamos alumnos que quieran cursar una educación superior filosófica y humanista, es necesario plantar las semilla en la educación media. 

 

Lee también: La educación como negocios y los alumnos como consumidores (sobre la muerte de las humanidades)

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Comentario a un famoso fragmento de un sermón alemán de Meister Eckhart.

Meister Eckhart (1260-1328) es una de las figuras más interesantes e influyentes del misticismo cristiano. No obstante que algunas de sus ideas fueron condenadas como herejes por el Papa Juan XXII poco después de su muerte, Eckhart ha sido una importante influencia entre pensadores tan diversos como Nicolás de Cusa, Schopenhauer, Heidegger, Jung, Thomas Merton, Ananda Coomaraswamy y muchos más. Se ha dicho que es el más oriental de los místicos occidentales y se han escrito numerosos estudios comparándolo con el vedanta y el budismo, algunos de ellos hechos por brillantes académicos como Rudolf Otto o D.T. Suzuki. La teología apofática de Eckhart y sus ideas del desasimiento, la nada fructífera y una especie de ciudadela o luz interior donde reside la divinidad intocada por la contingencia, remiten a conocidas ideas orientales de manera asombrosa. El maestro dominico se caracterizó por escribir sermones sumamente inspirados en alemán medieval que para muchos conocedores son algunos de los grandes tesoros del misticismo universal. En el sermón 27 en la versión de Maurice O'C Walshe podemos leer el siguiente pasaje:

Ahora bien, él dice [San Pablo] "Tus pensamientos", y todos los poderes "serán conocidos por Dios, pensamientos de gratitud y oración." Si una persona no tuviera nada que ver con Dios más que dar las gracias, eso sería suficiente.

Esta idea de Eckhart de que realmente la única actividad indispensable y por sí misma suficiente para una vida espiritual es dar las gracias es una de las más populares entre sus lectores, acaso por su pura simpleza, despojada de todo excedente y aparatosidad religiosa. Sólo dar gracias. En el caso de Eckhart, seguramente al hecho luminoso de que el mundo está naciendo permanentemente -que la Palabra o Logos se está creando perpetuamente- para regocijo de los que perciben la creación. "El principio en que Dios creó 'el cielo y la tierra' es el primero y simple ahora de la eternidad", escribió el maestro en otro de sus sermones.

El pasaje citado de San Pablo que Eckhart comenta es Filipenses 4:4, donde también se dice que que lo único que se debe hacer es "regocijarse en Dios y no tener otro cuidado." El deleitarse en la divinidad es una forma de oración y una forma de alabanza o agradecimiento. Pablo en su Carta a los Tesalonicenses (5:16) dice: "Regocíjense, oren sin cesar, en todo den las gracias." De aquí luego Eckhart.

Ahora bien, he creído que esta idea de Pablo y de Eckhart aplica universalmente y describe la esencia de la espiritualidad, pues nos remite a una actividad para la cual no es necesario practicar cierto credo ni dominar una técnica, sino que admite una actitud natural de celebración y humildad ante la vida misma y ante el poder universal -el nombre que se le dé ciertamente no será lo más importante, lo que sí es indispensable es una sensación de asombro o admiración (thaumazein) ante un universo que ciertamente uno no ha creado y en el cual existe belleza y bondad-. Dar las gracias es siempre un reconocimiento de la vida como regalo, como un bien dado. Y del mundo como algo con significado y sentido. Pues de otra manera sería absurdo dar gracias. Todos sabemos que dar las gracias como obligación, mecánicamente y sin sentir gratitud es patético (en el sentido moderno de la palabra). Así, la auténtica gratitud ya nos habla de un sentido de honestidad y de una actitud abierta a la belleza y a la bondad, y por lo tanto de una conexión con los tres trascendentales de la filosofía clásica.

La espiritualidad más inmediata y accesible a todos parece ser el dar gracias: por el amor que hemos encontrado, por la belleza del atardecer, por lo que hemos aprendido en el sufrimiento o por el sólo hecho de ser... La gratitud es siempre un acto de amabilidad que es la vez receptivo, pues reconoce y acepta la belleza y la bondad de la existencia (o la existencia como regalo, su eterna fuente), y a la vez activo, pues se extiende hacia aquello que considera bueno y bello y con su alegría participa en la actualidad pura de la gracia. Asimismo, la gratitud -como el amor- nunca puede ser egoísta, es un acto de humildad que supone primero un vaciamiento del ego para poder atender a aquello a lo que se agradece, para poder apreciarlo como tal sin la contaminación del ensimismamiento y el interés personal; y luego otro vaciamiento hacia fuera, habiendo llenado ya la copa del alma de esa belleza y de esa bondad a la cual uno se ha hecho sensible y por la cual se agradece; un derramarse de la emoción espontánea, un desbordarse del vino fluyente en la abundancia de esa misma gracia. Realmente en la gratitud como respuesta natural a la gracia -no al regalo específico, sino a la gracia que subyace a la existencia, al eterno deleite de la energía*- se comprueba la plena infinitud del mundo, la inagotabilidad de la fuente que sustenta. El río regresa al mar infinitamente. Como dice la Upanishad:

purnam adah, purnam idam purnat purnam udachyate; purnasya purnam adaya purnam evavasisyate 

La fuente de todo es una plenitud, todo lo que ha surgido es esa plenitud, de lo pleno lo pleno surge; si se quita lo pleno de lo pleno: lo pleno pleno permanece.

Uno de los más grandes poetas espirituales de la historia, Rainer Maria Rilke, escribió que la razón de ser del poeta, y su actividad esencial, es simplemente alabar; celebrar y cantar el hecho de la existencia, ser una especie de mediador entre lo divino y lo humano al hacerse poroso a la totalidad de la existencia. "Deja que todo te suceda a ti: belleza o terror... ningún sentimiento es un error", escribió. El acto en la conciencia de quien percibe el hecho misterioso de que el mundo es, de que ha sido dado, se convierte en una afirmación, en un sí cósmico -Om, Amen, Svaha-, en un acto de participación con esa misma creación. El mundo en toda su perfecta e infinita creatividad se completa cuando el poeta lo bebe y canta, cuando alguien percibe la belleza y dice que es buena: cuando el hombre reconoce la gracia de la divinidad que actúa sin necesidad alguna. La percepción se convierte en oración y toda lo que aparece en teofanía. Terminamos con Rilke, quien lo ha dicho mejor:

Alabar, querida mía, seamos generosos con la alabanza.

Nada es nuestro. Posamos nuestras manos delicadamente

en los cuellos de flores intactas.     

 

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La canción, como nos la enseñas, no es un aferrarse,

no es un buscar llegar a una conclusión final.

Cantar es ser. Algo natural para un Dios. 

¿Pero cuando sólo somos? ¿Cuándo nosotros

nos volvemos uno con la tierra y las estrellas?

 

*

Dios nos habla a cada uno de nosotros al crearnos,

y luego camina con nosotros en silencio fuera de la noche.

Pero las palabras, que nos fueron dichas antes del comienzo,

esas palabras son las siguientes:

-

Impulsado hacia delante por tus sentidos,

ve hasta el límite de tu deseo;

encárname.

 

En el fondo de las cosas crece un fuego,

para que sus sombras, alargadas,

me cubran por siempre, completamente..

 

Deja que todo te ocurra a ti: belleza y terror.

Sólo sigue adelante: ningún sentimiento es un error.

No dejes que te corten de mi fuente.

Cerca está el país

llamado Vida.

 

Lo reconcerás

por su gravedad.

 

Dame tu mano.

 

Citas de Rilke del Libro de las Horas y de Los Sonetos a Orfeo, 

* "La energía es deleite eterno", escribió Blake

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Twitter del autor: @alepholo