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Lo que escribió Virginia Woolf a las mujeres del futuro en 1929 (el mensaje feminista fundacional)

Arte

Por: pijamasurf - 10/21/2018

El importante pasaje de "A Room of One's Own" en el que Virginia Woolf exhorta a las mujeres del futuro a escribir, explorar el mundo y la vida intelectual

En 1929, en el libro A Room of One's Own, Virginia Woolf escribió algunos de los pasajes fundamentales de un temprano feminismo, siendo ella misma uno de los grandes referentes del feminismo. El mismo título de la novela ha pasado a ser un guiño a la liberación femenina: tener una habitación propia, un espacio independiente para la autoexpresión.

Woolf se dirigió a la mujer escritora del futuro, pues pensaba que el mundo necesitaba de mujeres escritoras, "al pedirte que escribas más libros te estoy instando a que hagas lo que será bueno para ti y para el mundo en general". Tenía razón: la conciencia colectiva necesitaba de más imágenes femeninas, de más referentes y miradas que asimilaran el ángulo femenino de la existencia. El pasaje clave merece citarse extensamente:

Te pediría que escribas libros de todo tipo, sin arredrarte ante ningún tema no importa cuán trivial o cuán vasto parezca. Espero que cuentes con dinero suficiente para viajar y disfrutar de tiempo libre, para contemplar el futuro o el pasado del mundo, para quedarte soñado por un libro y divagar por las calles, y dejar que la corriente de tu pensamiento se sumerja en la profundidad del río.

Pues de ninguna manera te limito a la ficción. Si quisieras complacerme -y hay miles como yo- escribirás libros de viajes y aventura, e investigación y academia, y de historia y biografía, y de crítica y filosofía y ciencia. Al hacerlo seguramente beneficiarás el arte de la ficción. Pues los libros tiene una forma de afectarse entre sí. 

Sin duda este mensaje, que ha sido recogido y difundido por innumerables medios, ha sido parte seminal del discurso y la inspiración feminista, de la llamada liberación femenina. Particularmente la idea -que no era fácil de aceptarse en su época- de mujeres que ganan dinero por su actividad intelectual y lo gastan en su propio recreo, viajando y disfrutando de la gran vida. Mujeres que siguen sus ideas hasta donde las lleven, y que son capaces de soñar y perderse en sus sueños y pensamientos. Es, por supuesto, también el mensaje de un modernidad que defiende los valores del individuo y tiene como su religión la autoexpresión. Hacer de la vida una obra de arte, ése era el mensaje, un mensaje que luego las marcas cooptaron y empezaron a vendernos las herramientas y productos para fabricar esa obra de arte que debía ser nuestra vida.

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¿Y si volviéramos a cantar para comunicarnos?

Arte

Por: Mateo Tierra - 10/21/2018

De cuando canto y habla eran inseparables. La dimensión emocional amplificada de "Hmmmmm", el protolenguaje paleolítico

¡Qué cantarín es este idioma! No es coincidencia que cada lengua y país (así como dialecto y región) conserve una melodía única junto a sus manifestaciones musicales y artísticas distintivas. Desde la sutil modulación de las lenguas tonales asiáticas hasta la sonoridad ondulante de las lenguas latinas, nuestros oídos perciben cómo cada forma de hablar tiene su música propia. Paralelamente, el musicólogo Alan Lomax evidenció cómo la música de una región cataliza las necesidades emocionales de tal colectivo:

Propongo la noción de sentido común de que la música de algún modo expresa emoción y que, en consecuencia, cuando un estilo musical distintivo y consistente vive en una cultura o atraviesa varias, se puede suponer la existencia de un conjunto característico de necesidades o impulsos emocionales que son de algún modo satisfechos o evocados por esta música.

(Estructura de la canción y estructura social, Alan Lomax, 1962)

Partiendo de las ideas de Lomax, podemos llevar su hipótesis al siguiente corolario: la melodía o musicalidad del habla, al igual que sucede con las manifestaciones musicales, también cristaliza estos mismos impulsos perennes de cada región, es decir, las estructuras psicológicas del Volksgeist. ¿Por qué? porque existió una época en que música (canto) y habla eran indistinguibles.



El West Side Story paleolítico. De cuando la vida era un musical salvaje

Retrotraigámonos entre 500 mil y 300 mil años. Aquí no hay lindy hop, música incidental ni versos rimados. Tan sólo imaginemos una cotidianidad donde toda comunicación hablada proviene del canturreo y los sonidos onomatopéyicos ¡Exacto!, tal y como sucede en el lenguaje-canto animal. Este es el humus originario del que proviene el protolenguaje del Homo heidelbergensis. También acuñado “Hmmmmm” por el profesor Steven Mithen en su libro The Singing Neanderthals: The Origins of Music, Language, Mind and Body (2005), esta curiosa onomatopeya es un acrónimo de las cualidades de esta habla tan cantarina: holístico, manipulador, multimodal, musical y mimético.

En base a estas cinco características, Mithen deduce que esta forma de comunicación primitiva indisoluble entre canto y habla tenía como fin manipular la realidad presente. Es decir, el Homo heidelbergensis no se andaba con abstracciones, trataba de comunicar e interceder en el momento presente: “¡Fuego!” o “¡León, corre!”. De tal forma, el canto, en su vertiente melódica y musical, le otorgaba aquella expresividad complementaria a su sencillo vocabulario (basado en vocablos elementales).

Dado que pensamos a través del lenguaje, con la creciente complejidad de nuestro pensamiento simbólico, nuestro lenguaje también acabó sofisticándose. Las florituras melódicas o la excesiva musicalidad podían llegar a entorpecer los enunciados a medida que aumentaba la cualidad abstracta del lenguaje. Parece que la solución práctica fue limitar el canto, adoptando un estilo de recitación que pudiera condensar la mayor cantidad de información en el menor tiempo, algo así como la cualidad narrativa del estilo recitativo en ópera (versus el paulatino despliegue melódico y emocional de las arias).

El canto, tal y como lo concebimos hoy, fue desterrado de la comunicación en tiempo real (la manipulación de los eventos presentes). A cambio, optó por convertirse en una sublimación del lenguaje, una autorrevelación emocional sin significado concreto ni contenido objetivo. Aunque no todo son malas noticias: a pesar de este divorcio entre canto y habla, nuestro lenguaje oral mantuvo reminiscencias de este pasado musical.

 

Ah-yu-yu-yu-yu-yú, ¡Prrrrrrrrrr!

Cuando tratamos de comunicarnos con bebés o infantes “exageramos” la cualidad musical de nuestra habla: Acentuamos el dibujo melódico que da coherencia a las frases, jugamos con el carácter rítmico o repetitivo de los enunciados, hacemos oscilar de forma más manifiesta el volumen (desde el susurro en pianísimo hasta una sorpresa en forte; tal y como en un instrumento musical), producimos juguetonas onomatopeyas, etc. Es decir, recalcamos el carácter musical que acompaña a la semántica de las palabras a fin de potenciar la dimensión emocional del mensaje.

Otro ejemplo es el dibujo melódico del habla, es decir, el salto entre notas distantes (conocidos como intervalos) tan presente en las lenguas latinas. Por ejemplo, una forma común de realizar preguntas reside en acabar la oración con un salto de quinta (p. ej.: un salto de do a sol; el mismo intervalo que da inicio a la archiconocida melodía de Star Wars): “¿Ho-la? ¿Hay alguien a-?”. Esta última sílaba nos otorga esa sensación de frase “abierta”, esperando respuesta.

De hecho, culturas antiguas fueron muy conscientes de estos residuos musicales del lenguaje. En la mousiké griega (el arte de las musas) era esencial esta unión primigenia donde contenido textual y canto, junto a otras expresiones como la mímica, la danza o la declamación poética, inspiraban este reencuentro velado de lo que fuimos.

 

5 pasos para hacer tu “Hmmmmm” casero

¿Recuperaríamos el canto en nuestro día a día como una forma de comunicación abiertamente emocional? Quién sabe qué sucedería si conociéramos la melodía que vibra dentro de nuestros semejantes: rabia, aplomo, envidia, vehemencia, regocijo... quizá fuera desfavorable llegar a saber tanto, ¿dónde quedaría espacio para el disimulo? O acaso todo lo contrario, ser tan cristalinos podría mermar los malentendidos comunicativos: aquellos casos donde las palabras contradicen la verdadera intención del individuo, ¿qué opina el lector?

En un intento de recuperar esa comunicación ancestral tenemos la posibilidad de hacer nuestro propio experimento casero con el “Hmmmmm”. Estos son los cinco pasos a seguir:

1. Encuentra a un interlocutor de tu especie (el Homo heidelbergensis ya está extinto).

2. Rescata un episodio anímico de tu pasado, sea fuente de aflicción o de dicha.

3. Puedes emplear palabras para narrar el suceso o sustituir todo el contenido semántico repitiendo unos mismos vocablos sencillos de significado neutro (p. ej. “pan integral”). Con esto último obtendrás mayor conciencia en la dimensión emocional y melódica del “Hmmmmm”.

4. Declama tu vivencia a tu compañero y que él responda recogiendo tu energía. Vuestras melodías se entrelazarán mutuamente creando caminos divergentes hacia nuevos territorios sensibles.

5. Disfrutad de vuestra emocionalidad Homo sapiens.

 

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