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Murakami explica el secreto que anima sus novelas: 'debes atravesar la oscuridad para llegar a la luz'

Arte

Por: pijamasurf - 10/18/2018

Murakami en una entrevista sobre el mundo actual y el viaje a través de la oscuridad que su literatura emprende

Haruki Murakami es uno de los escritores más populares del mundo, uno de los pocos escritores que es considerado a la vez un gran escritor en términos literarios -aunque tiene sus detractores- y además un escritor cuya literatura es del agrado del gran público. Por ello es el eterno candidato al Nobel. En una reciente entrevista, Murakami, quien sigue estando sorprendido por su popularidad, cree que su fama literaria se debe a la confusión y al caos político en el que vivimos. Dice que su literatura fue especialmente popular en los años 90 en Rusia con la caída del comunismo, en una etapa de caos y confusión. Y su nueva novela, traducida al inglés como Killing Commendatore, podría beneficiarse del reino caótico de Trump. Murakami, quien dice que casi nunca sueña en la noche, pues sueña despierto, se ve a sí mismo, más que como un storyteller, como un storywatcher, alguien que observa y que deja que las cosas que mira cobren vida propia.

En un momento de la entrevista particularmente ominoso, Murakami responde a la pregunta de cajón sobre lo que piensa de la política estadounidense actual, de lo que la prensa ve como un momento especialmente oscuro. Notablemente, Murakami traza una parábola entre los acontecimientos actuales y el misterioso éxito de su obra e incluso, la sustancia secreta que opera en ella:

Cuando yo estaba en la adolescencia, en los años 60, vivíamos en la era del idealismo. Creíamos que el mundo sería mejor si sólo lo intentáramos. Las personas ya no creen eso, y pienso que es muy triste. Las personas dicen que mis libros son extraños, pero más allá de esa extrañeza, debe de haber un mundo mejor. Sólo que debemos experimentar la extrañeza antes de que podamos llegar a ese mundo mejor. Ese es el tema fundamental de mis relatos: debes atravesar la oscuridad, por lo subterráneo, antes de que llegues a la luz.

Murakami, que se mostraba reticente a explicar su arte, aquí revela su esencia, una suerte de psicología profunda, de viaje arquetípico envuelto en una atmósfera sumamente rara, entre la cultura pop y un realismo embrujado. Son las pequeñas cosas las que nos hacen poner atención, pero al final lo que nos carga es ese viaje a través de la oscuridad y esa luz que se atisba de repente. No se logra la trascendencia necesariamente, pero lo mágico cotidiano ocurre. Y hay esperanza. Uno encuentra a su gato perdido, como nota el entrevistador haciendo referencia a una famosa novela del escritor japonés. 

 

Foto: The Guardian

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¿Y si volviéramos a cantar para comunicarnos?

Arte

Por: Mateo Tierra - 10/18/2018

De cuando canto y habla eran inseparables. La dimensión emocional amplificada de "Hmmmmm", el protolenguaje paleolítico

¡Qué cantarín es este idioma! No es coincidencia que cada lengua y país (así como dialecto y región) conserve una melodía única junto a sus manifestaciones musicales y artísticas distintivas. Desde la sutil modulación de las lenguas tonales asiáticas hasta la sonoridad ondulante de las lenguas latinas, nuestros oídos perciben cómo cada forma de hablar tiene su música propia. Paralelamente, el musicólogo Alan Lomax evidenció cómo la música de una región cataliza las necesidades emocionales de tal colectivo:

Propongo la noción de sentido común de que la música de algún modo expresa emoción y que, en consecuencia, cuando un estilo musical distintivo y consistente vive en una cultura o atraviesa varias, se puede suponer la existencia de un conjunto característico de necesidades o impulsos emocionales que son de algún modo satisfechos o evocados por esta música.

(Estructura de la canción y estructura social, Alan Lomax, 1962)

Partiendo de las ideas de Lomax, podemos llevar su hipótesis al siguiente corolario: la melodía o musicalidad del habla, al igual que sucede con las manifestaciones musicales, también cristaliza estos mismos impulsos perennes de cada región, es decir, las estructuras psicológicas del Volksgeist. ¿Por qué? porque existió una época en que música (canto) y habla eran indistinguibles.



El West Side Story paleolítico. De cuando la vida era un musical salvaje

Retrotraigámonos entre 500 mil y 300 mil años. Aquí no hay lindy hop, música incidental ni versos rimados. Tan sólo imaginemos una cotidianidad donde toda comunicación hablada proviene del canturreo y los sonidos onomatopéyicos ¡Exacto!, tal y como sucede en el lenguaje-canto animal. Este es el humus originario del que proviene el protolenguaje del Homo heidelbergensis. También acuñado “Hmmmmm” por el profesor Steven Mithen en su libro The Singing Neanderthals: The Origins of Music, Language, Mind and Body (2005), esta curiosa onomatopeya es un acrónimo de las cualidades de esta habla tan cantarina: holístico, manipulador, multimodal, musical y mimético.

En base a estas cinco características, Mithen deduce que esta forma de comunicación primitiva indisoluble entre canto y habla tenía como fin manipular la realidad presente. Es decir, el Homo heidelbergensis no se andaba con abstracciones, trataba de comunicar e interceder en el momento presente: “¡Fuego!” o “¡León, corre!”. De tal forma, el canto, en su vertiente melódica y musical, le otorgaba aquella expresividad complementaria a su sencillo vocabulario (basado en vocablos elementales).

Dado que pensamos a través del lenguaje, con la creciente complejidad de nuestro pensamiento simbólico, nuestro lenguaje también acabó sofisticándose. Las florituras melódicas o la excesiva musicalidad podían llegar a entorpecer los enunciados a medida que aumentaba la cualidad abstracta del lenguaje. Parece que la solución práctica fue limitar el canto, adoptando un estilo de recitación que pudiera condensar la mayor cantidad de información en el menor tiempo, algo así como la cualidad narrativa del estilo recitativo en ópera (versus el paulatino despliegue melódico y emocional de las arias).

El canto, tal y como lo concebimos hoy, fue desterrado de la comunicación en tiempo real (la manipulación de los eventos presentes). A cambio, optó por convertirse en una sublimación del lenguaje, una autorrevelación emocional sin significado concreto ni contenido objetivo. Aunque no todo son malas noticias: a pesar de este divorcio entre canto y habla, nuestro lenguaje oral mantuvo reminiscencias de este pasado musical.

 

Ah-yu-yu-yu-yu-yú, ¡Prrrrrrrrrr!

Cuando tratamos de comunicarnos con bebés o infantes “exageramos” la cualidad musical de nuestra habla: Acentuamos el dibujo melódico que da coherencia a las frases, jugamos con el carácter rítmico o repetitivo de los enunciados, hacemos oscilar de forma más manifiesta el volumen (desde el susurro en pianísimo hasta una sorpresa en forte; tal y como en un instrumento musical), producimos juguetonas onomatopeyas, etc. Es decir, recalcamos el carácter musical que acompaña a la semántica de las palabras a fin de potenciar la dimensión emocional del mensaje.

Otro ejemplo es el dibujo melódico del habla, es decir, el salto entre notas distantes (conocidos como intervalos) tan presente en las lenguas latinas. Por ejemplo, una forma común de realizar preguntas reside en acabar la oración con un salto de quinta (p. ej.: un salto de do a sol; el mismo intervalo que da inicio a la archiconocida melodía de Star Wars): “¿Ho-la? ¿Hay alguien a-?”. Esta última sílaba nos otorga esa sensación de frase “abierta”, esperando respuesta.

De hecho, culturas antiguas fueron muy conscientes de estos residuos musicales del lenguaje. En la mousiké griega (el arte de las musas) era esencial esta unión primigenia donde contenido textual y canto, junto a otras expresiones como la mímica, la danza o la declamación poética, inspiraban este reencuentro velado de lo que fuimos.

 

5 pasos para hacer tu “Hmmmmm” casero

¿Recuperaríamos el canto en nuestro día a día como una forma de comunicación abiertamente emocional? Quién sabe qué sucedería si conociéramos la melodía que vibra dentro de nuestros semejantes: rabia, aplomo, envidia, vehemencia, regocijo... quizá fuera desfavorable llegar a saber tanto, ¿dónde quedaría espacio para el disimulo? O acaso todo lo contrario, ser tan cristalinos podría mermar los malentendidos comunicativos: aquellos casos donde las palabras contradicen la verdadera intención del individuo, ¿qué opina el lector?

En un intento de recuperar esa comunicación ancestral tenemos la posibilidad de hacer nuestro propio experimento casero con el “Hmmmmm”. Estos son los cinco pasos a seguir:

1. Encuentra a un interlocutor de tu especie (el Homo heidelbergensis ya está extinto).

2. Rescata un episodio anímico de tu pasado, sea fuente de aflicción o de dicha.

3. Puedes emplear palabras para narrar el suceso o sustituir todo el contenido semántico repitiendo unos mismos vocablos sencillos de significado neutro (p. ej. “pan integral”). Con esto último obtendrás mayor conciencia en la dimensión emocional y melódica del “Hmmmmm”.

4. Declama tu vivencia a tu compañero y que él responda recogiendo tu energía. Vuestras melodías se entrelazarán mutuamente creando caminos divergentes hacia nuevos territorios sensibles.

5. Disfrutad de vuestra emocionalidad Homo sapiens.

 

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