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Pintura de Banksy se autodestruye después de venderse en 1.4 millones en Sotheby's (VIDEO)

Arte

Por: pijamasurf - 10/08/2018

Obra de Banksy que se autodestruye ahora vale el doble

El legendario maestro del street art ha vuelto a hacer una de las suyas. El viernes pasado en Nueva York se realizó una subasta de una copia de la famosa Girl with Balloon de Banksy. La pieza había sido vendida por 1.4 millones de dólares en la famosa casa subastadora Sotheby's. Pero los asistentes se llevaron una sorpresa cuando, casi inmediatamente después de cerrarse la subasta, empezó a sonar una alarma y la pintura se destruyó.

Aparentemente Sotheby's no estaba enterada de esta travesura clásica del estilo de Banksy, quien es conocido, además de por su elusividad, por sus posturas antisistema. 

Por otro lado, el mundo del arte moderno es tan particular que se ha apropiado de la destrucción de la pintura. Como dice Alex Branczik, director del departamento de Arte Contemporáneo de Sotheby's, "estamos viendo qué significa esto en el contexto de una subasta. La destrucción ahora es parte integral de la obra de arte". El acontecimiento importa mucho más que la belleza de la obra.

Información reciente sugiere que la pintura ahora valdría el doble, lo cual ha generado todo tipo de teorías de la conspiración que señalan que Sotheby's debió de haber estado enterada de lo que iba a suceder, ya que debe de haber examinado la pintura a detalle. De confirmarse, esto sería una muestra de lo que cada vez resulta más evidente: el arte contemporáneo es una farsa multimillonaria. 

El mismo Banksy grabó un video explicando cómo había colocado un "shredder", un mecanismo para hacer trizas la pintura. ¿Sotheby's se dio cuenta de esto y dio su propio golpe maestro fársico capitalista? ¿O hay algo aún más siniestro?

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Por qué el incendio del Museo Nacional de Brasil es una de las grandes tragedias de la historia

Arte

Por: pijamasurf - 10/08/2018

El devastador incendio del 2 de septiembre en Río de Janeiro dejó perdidas inconmensurables

El pasado 2 de septiembre, un incendio en el Museo Nacional de Brasil borró en algunas horas gran parte del pasado de este país. Aunque el incendio fue una importante noticia internacional, no se ha dimensionado realmente la magnitud de este siniestro.

Al momento, el recuento del incendio en el Museo Nacional de Río de Janeiro indica que se perdieron más del 90% del total de las piezas que albergaba el recinto: 20 millones de objetos, que abarcaban 11 mil años de historia y numerosas culturas. Pero además, la misma fachada del museo -un palacio- era un tesoro nacional, ya que fue por algún tiempo la residencia del emperador Dom Joao VI, rey de Portugal, quien fundó el mismo en 1818.

El incendio no sólo se llevó el pasado sino también parte del presente, pues allí mismo se ubicaba un centro de estudios de posgrado, posiblemente el más importante en antropología en toda Latinoamérica. No sólo se quemaron objetos de arte; se quemaron numerosos libros, tesis, proyectos de investigación y demás.

La razón del incendio sigue sin determinarse del todo, pero el director del museo, Luiz Fernando Dias, ha acusado a los gobiernos de negligencia, puesto que desde el 2014 los gobiernos no proveyeron los 520 mil reales anuales necesarios para mantenimiento y se hicieron recortes de seguridad. Según Dias, ya existían signos visibles de decadencia antes del incendio. La celebración de los 200 años del museo en junio de este año ocurrió sin que asistieran ministros de Estado.

La población de Río de Janeiro consideraba al Museo Nacional uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad, el segundo más importante después del famoso Cristo Redentor. 

Brasil se encuentra en una situación política sumamente agitada y el presidente Michel Temer tiene apenas un 5% de aprobación. Temer anunció que se reconstruirá el museo, pero la gente cree que se trata de un desesperado intento por salvar la cara y no confían en que la reconstrucción empiece pronto, ni mucho menos.

En una crónica del New Yorker se relata cómo esta tragedia ha sido vivida por habitantes de Río de Janeiro y estudiantes del Programa de Antropología de la universidad federal.