*

X

Este es el efecto de crecer en una casa donde haya libros

Libros

Por: pijamasurf - 11/03/2018

Cuando la lectura se convierte en un hábito de vida, sus efectos son tan trascendentes como la educación escolarizada

¿Por qué los libros son tan importantes en la vida? Si la respuesta a esta pregunta fuera obvia, la lectura sería un ejercicio tan cotidiano y recurrente como revisar Facebook o ver una serie en Netflix.

Sin embargo, sabemos bien que no es así. Los libros suelen tener una existencia adversa, con casi todas las circunstancias en contra, incluso en países con un índice elevado de lectores. 

Además, desarrollar las competencias necesarias para la lectura es una tarea ardua en una época como la nuestra, tan dominada por la prisa y el instante, por el estímulo permanente de la percepción y la sed de reconocimiento inmediato, un escenario poco propicio para una actividad que se desarrolla poco a poco, que requiere paciencia, que plantea un desafío a quien la emprende.

Con todo, como todo esfuerzo, la lectura ofrece sus recompensas, o al menos tiene sus efectos. En su caso, por tratarse de un trabajo que demora en hacerse, se trata de consecuencias duraderas, enraizadas profundamente en la subjetividad del lector. Bien puede decirse que aquello que se cosecha de la lectura, ya no se pierde nunca.

Evidencia de ello son los resultados de un estudio publicado recientemente, en el que se investigaron los efectos en el desarrollo personal de crecer rodeado de libros. 

El estudio fue llevado a cabo por Joanna Sikora (de la Universidad de Canberra) junto con M. D. R. Evans y Jonathan Kelley (de la Universidad de Nevada) y se publicó en el número de octubre pasado de la revista Social Science Research. Grosso modo, la investigación consistió en analizar información de 160 mil personas de entre 25 y 65 años recabada en 31 países distintos, la cual tuvo como eje una pregunta muy específica: ¿cuántos libros recordaban que había en su hogar cuando tenían 16 años?

Por supuesto, las respuestas fueron muy variadas. El máximo se encontró en Noruega, donde en promedio una persona crece rodeada de 212 libros, y el mínimo en Turquía, donde dicha cifra alcanzó apenas los 27 volúmenes. En este estudio, el promedio general fue de 115 libros.

Por otro lado, a partir de otras preguntas se analizaron las habilidades de las personas encuestadas en tres áreas particulares: su alfabetización general, su conocimiento y comprensión de la aritmética y su capacidad para comunicarse y entender la información.

Desde un punto de vista cualitativo, en la investigación se constató que el efecto de crecer en un hogar donde haya libros se mantiene independientemente de la cantidad de volúmenes. En general se observó que incluso una persona con apenas 9 años de escolarización, si crece rodeada de libros y cultiva el hábito de la lectura, puede tener los mismos niveles de alfabetización y conocimientos que otra que cursó estudios universitarios pero ha vivido desde siempre lejos de los libros.

En este sentido, el estudio revela que en este caso la cantidad no está reñida con la calidad de los efectos. Poco importa si, como dijera Quevedo, se trata de “pocos pero doctos libros juntos”, o si, por el contrario, una persona tiene la fortuna de crecer rodeada de grandes bibliotecas. Por lo que se observa, lo verdaderamente trascendental es estar en contacto continuo con los libros, tenerlos cerca, al alcance, de tal modo que se consideren objetos cotidianos, como un cepillo de dientes o como el vaso que se usa para tomar agua. 

Así de normales, así de necesarios, así de vitales.

 

También en Pijama Surf: 10 libros para ‘acelerar’ tu evolución personal

 

Imagen de portada: Ang Lee, Life of Pi (2012)

Te podría interesar:

'Tierras líquidas': el paraíso roto y la búsqueda de la identidad en la Riviera Maya

Libros

Por: pijamasurf - 11/03/2018

Un libro que narra desde el crisol de la antropología líquida el boom de la Riviera Maya; y crónica de la pérdida de la inocencia y la destrucción de un paraíso turístico

La tragedia ecológica más grande de la historia: El descubrimiento de América.
Jacques Cousteau

El fenómeno del Caribe mexicano, la explosión desmedida de destinos turísticos de "clase mundial" en los cuales se oculta a la vez que se revela una identidad en tránsito, fincada en raíces de agua... Un fenómeno que no ha sido realmente estudiado desde dentro, de la única manera que puede hacerse: como una polifonía nómada, hecha de jirones, de impresiones ambulantes, de conversaciones entre viajeros -tomando unas cervezas, fumando porros, tocando música en la calle-, de conexiones inesperadas... postales de un cuerpo líquido. Esto es lo que ha hecho Igor Nieto Joly en Tierras líquidas, una antropología fugitiva de Cancún, Tulum y sobre todo Playa del Carmen, esa ciudad energética y demoníaca que en 20 años ha pasado de tener 5 mil personas a 250 mil. 

Nieto vivió unos años en Playa del Carmen y mientras trabajaba como fotógrafo de bodas (algunas de ellas celebradas en la excasa de Pablo Escobar), llevando a turistas a nadar con tiburones ballenas y otros trabajos ocasionales, recogió las historias de personas que viven en estos lugares. Ningún lugar tiene una historia definitiva, la memoria está siempre agujerada y, por lo demás, bebe de la imaginación, pero si acaso se podría contar la historia de un lugar de manera que podamos siquiera acercarnos a sentir todo lo que es, esta historia, especialmente en un lugar en el que todos están de una u otra manera de paso, donde todos vienen huyendo de algo y buscando otra cosa, debería contarse a través del abanico de la diferencia, a través de los contrastes y de las tensiones. Evidentemente, el ángulo de Nieto es limitado por sus propias características, pero aun así, el libro aspira con suficiencia a proveer esa multiperspectiva. Escuchamos de su propia voz las historias de vida de una partera maya, un pizzero italiano (uno de los fundadores de Playa) un pastor presbiteriano chilango, un fotógrafo francés, una maestra de yoga suiza, un mariachi veracruzano, una mochilera argentina, un director de marketing de hoteles mallorquín, un tarotista new age de Ciudad Juárez y varias personas más que viven en Playa del Carmen (o como le dicen también, Playa del Karma).

Todas las voces son parte de una sociedad amorfa, que se rehúsa a definirse, que quiere escapar de las etiquetas y los órdenes preestablecidos, pero que paradójicamente siempre está al borde de irse a otro lado, de regresar, en su deriva ansiando un centro, una estabilidad, un tiempo que ya no es. Aquellas fiestas en los orígenes en esas playas límpidas, cuando aún no llegaban los cruceros, cuando no se habían construido los hoteles all inclusive, donde cuerpos hermosos con inquietudes espirituales y sonrisas luminosas celebraban la energía virginal y la belleza impoluta de la naturaleza; aquellos días cuando el idilio era posible, el sueño mágico y místico de México, cuando se podía creer en que se vivía fuera de la sociedad y sus estructuras estultificadas. Como dice uno de los italianos que llegó a Playa en los años 80 del siglo pasado, "en ese entonces había una inocencia". Pero como dice un hombre español que ha visto el modelo de Mallorca de turismo de masas ir y venir, cada playa "paradisíaca" tiene también su ciclo: nace, crece, se desarrolla y muere. Una tierra que vende cierta pureza, cierta virginidad, cierta inocencia de la naturaleza, de la arena blanca de las playas, de la selva, del México profundo, adquiere también su muerte en el mismo impulso de su deseo. Y la gente que persigue el sueño después de un rato también pierde la inocencia, persiguiendo los dólares que vienen y van, o los cuerpos extranjeros que también aparecen fulgurantes por un momento y se pierden; buscando sacar provecho de ese flujo constante, de ese concurso de fuerzas sin centro. 

Paralelamente corre el correlato del boom particular, de esta extraña idea de progreso que es la Riviera Maya, la joya de la marca MÉXICO, ciudades sin razón de ser más que albergar turistas, sin historia. Lugares que inventan su identidad en función a los deseos del turismo. Tierras que eran antes de una civilización que misteriosamente se desvaneció, donde posteriormente se resguardaban piratas y donde se hacinaba a prisioneros; donde ahora imperan los narcos, los DJs, las modelos y los emprendedores; ahora paraíso momentáneo del jet set internacional y desastre ecológico en ciernes. Paraíso que, en todo su relumbre, muestra siempre ya su carcasa macilenta; en medio de la gente bonita y rica, no se logra evitar que se cuele el olor de la putrefacción. El aroma de las "muchachas en flor" y el copal se mezcla con el miasma y la podredumbre del manglar violado por "alguien de fuera". Hay tráfico a las 4:30am, personas que regresan de la fiesta o que van a un rave en un cenote se mezclan con los trabajadores que se dirigen al trabajo (a veces, teniendo que viajar 60km) y procesiones de "turistas robots telecomandados por guías" que van a una pirámide o a bucear.  

Tierras líquidas nos ofrece un retrato borroso y fragmentario de una "modernidad líquida", afectada de nomadismo, huyendo de las ciudades y del pasado para buscar una vida holística y cósmica o sólo más simple, que ya no existe o que brota por un instante para ser devorada por el deseo de expansión, por una voluntad de poder que nunca alcanzará la paz. Es también una crónica vagabunda del avasallamiento de las tradiciones -avasallamiento sobre avasallamiento, de lo poco que quedaba-, de la premura inconsciente del capital. Hoteles que se erigen sobre patrimonios de la humanidad, reservas de una diversidad iridiscente que son ofrecidas no al mejor postor sino al primero. Una radiografía no sistemática también de la identidad del mexicano, de sus complejos de inferioridad, de su desidia, de su paciencia, de su simpatía, de su bonachonería, de sus compensaciones psicológicas (sentirse conquistados y ahora querer conquistar a las mujeres extranjeras, fracasando generalmente justo por estar atados a su malinchismo y a su machismo, acaso poco preparados para el surgimiento del nuevo Shakti). E incluso, en menor medida, de la identidad de los argentinos (distinguibles por su egoísmo, según una guía de turistas argentina) y de los italianos, quienes han sido los pioneros siempre, los grandes conquistadores de tierras desconocidas, amantes de la vida fácil, astutos y carismáticos pero fáciles de corromper y duchos para la estafa. 

Las vacaciones, esa invención moderna, infinito recurso del mercado, deber oficinista, único aprisco de la realidad asfixiante, mezcla de candor onírico y artificialidad empalagante. Cabañas ecochic. Espiritualidad de fin de semana. Nuevas colonias. ¿Futuros infiernos? ¿Nuevas Ibizas o nuevos Acapulcos? Dice Nieto:

Nadie nació aquí, nadie creció aquí, nadie fue a la escuela aquí, nadie tiene amigos de la infancia o familia aquí... escenarios adaptados a las exigencias extranjeras de las que depende, donde artificialmente se genera una identidad local que puede ser reinterpretada para satisfacer las demandas de un mercado mundial en búsqueda de experiencias "exóticas". 

Y sin embargo... el sol y el mar... la belleza y el sueño y la magia...

 

Fotos: Igor Nieto Joly

 

Puedes adquirir 'Tierras líquidas' aquí

Y ver más imágenes del proyecto aquí