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La legendaria entrevista de Carl Jung en la BBC, completa y subtitulada

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/05/2018

En 39 minutos, Carl Gustav Jung realizó un un lúcido repaso por su vida y su obra

Aunque parezca paradójico, no son muchas las personas en la historia de la humanidad que se han abocado a entender qué significa ser humano. La mayoría transita por la existencia viviendo sin reflexionar apenas sobre ese hecho tan enigmático y admirable que nos distingue como especie: haber desarrollado la conciencia y el entendimiento.

Sin embargo, entre las personas que dedicaron su vida a estudiar dicho fenómeno podemos contar a Carl Gustav Jung. Psiquiatra, alumno de Freud, investigador incansable, filósofo, historiador de las creencias que el ser humano ha creado a lo largo de su historia… los títulos que podrían dedicarse a Jung son múltiples, pero siempre en torno a un mismo propósito: entender la naturaleza de la especificidad humana.

El video que ahora compartimos es un raro testimonio de la sabiduría del maestro suizo. Se trata de una entrevista realizada en 1959, cuando Jung tenía 84 años. John Freeman, a la sazón periodista de la BBC, acudió a la casa del maestro en Küsnacht, Suiza, a las orillas del lago de Zúrich. 

Durante 39 minutos ambos conversaron cordialmente y, en el caso de Jung, con una lucidez sorprendente. 39 minutos en los que Jung recorrió la historia de su vida, de la niñez al momento presente, el desarrollo de sus ideas, las conclusiones sobre el ser humano que había obtenido de sus estudios y más.

Como dato anecdótico cabe decir que Jung murió año y medio después del encuentro, por lo cual este registro puede considerarse al mismo tiempo un testamento intelectual y una síntesis que puede ayudar para quien comience a conocerlo.

 

También en Pijama Surf: 'Mysterium Coniunctionis', la obra maestra de Carl Jung en la que explica la psicología de la alquimia

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AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/05/2018

2 de los más grandes poetas de la civilización occidental fueron, a su manera, profetas de los peligros de la tecnología

Friedrich Hölderlin fue sin duda uno de los más grandes poetas de la civilización occidental, tal vez aquel que más tersamente captó el sentido sagrado que tiene (o tenía) la poesía. Hölderlin, quien fue compañero de cuarto en la habitación de Hegel, consideraba que la vocación del poeta era servir a lo divino e incluso traer a la tierra la voz celeste, atajar, como si fuere, el rayo de los dioses -la palabra que crea- y divulgarla en el mundo a través del canto y la alabanza. En su poema "Vocación del poeta", Hölderlin escribe:

¡Un llamado y una tarea distinta es dada a los poetas!

Servimos sólo a los dioses, para que

escuchen los latidos amables de nuestros corazones

más cerca y cantados siempre nuevos.

A Hölderlin a veces se le identifica con el poeta que anhelaba el "regreso de los dioses", tanto de los dioses griegos como de Cristo. Pero también podemos hablar de Hölderlin como el poeta que brinda el testimonio de que la divinidad sigue hablándole al hombre -cuando éste hace silencio y se deja poseer extáticamente-, y asimismo como el poeta que narra cómo lo divino abandona el mundo, cuando un "miedo" divide a los hombres de los dioses, cuando hay una fractura en el corazón de la existencia; los dioses y la experiencia de lo divino abandonan el mundo sólo en tanto que el hombre se vuelve más opaco. Como ha sugerido Roberto Calasso, hemos dejado de percibir a los dioses, pero no porque sepamos más -como nos vanagloriamos- sino porque sabemos menos. El escritor italiano escribe en su libro Ardor:

"Los dioses están despiertos": acercarse a los dioses significa estar despierto. No hacer el bien, no satisfacer a los dioses con homenajes y ofrendas. Simplemente estar despierto. Eso es lo que permite que cualquiera se vuelva "más divino, más calmado, más ardiente".

Calasso aquí describe el tapas védico, esa cualidad ardiente de la mente, lo que podemos llamar el fuego de la atención -atención que para Simone Weil será sinónimo de amor-. Hölderlin y Rilke, su alumno separado casi por 1 siglo, estarían de acuerdo en que lo divino desaparece porque dejamos de poner atención. Y es que la misma atención es la divinidad: el fuego que transforma al amante en el amado, parafraseando a San Juan de la Cruz; es el fuego de la conciencia que en los Vedas se alumbra en el agua al principio del cosmos.

Hölderlin y Rilke -entre sus múltiples confluencias- coincidieron en que las costumbres de la modernidad, y particularmente la industralización, nos llenaban de distracciones y nos colocaban en un estado mental poco propicio para la percepción divina -es decir, para lo genuinamente poético, pues el poeta es quien percibe a la divinidad, quien ve el acto creativo constantemente sucediendo-. Hoy sabemos claramente que el uso de la tecnología digital puede afectar la facultad de la atención, y sabemos también que los algoritmos de las grandes plataformas de Internet pueden llegar a mitigar la libertad y manipular el deseo.

Hölderlin escribe en su poema "La despedida":

¿Así que queríamos partir? ¿Pensábamos que era astuto

y bueno? ¿Entonces por qué nos produjo terror

como un asesinato? Nos conocemos tan poco en realidad

Pues desde dentro un dios nos mueve.

 

¿Traicionar al dios? A aquel que primero creó

el sentido y la vida, a aquel que inspiró

y protegió nuestro amor,

eso es lo único que no puedo hacer.

 

Pero un mal distinto, una esclavitud distinta,

ahora la mente del mundo inventa

y a través de la técnica y la costumbre,

día a día se roba nuestra alma.

A su vez, Rilke escribe en uno de sus Sonetos a Orfeo:

La Máquina pone en riesgo todo lo que hemos logrado.

La dejamos que reine en lugar de que obedezca.

Para construir la casa, cortar la piedra con rápida fuerza:

la mano del obrero tarda demasiado en sentir la dirección.

 

La Máquina nunca titubea, o nos podríamos escapar

y sus fábricas se irían desvaneciendo en el silencio.

Piensa que está viva y que hace todo mejor

con la misma resolución crea y destruye.

Y luego dice que, sin embargo, sigue habiendo lugares donde "todavía podemos sentir la fuente: el juego de los puros poderes/que -cuando lo sientes- hace que te hinques". Rilke habla metafóricamente de cien lugares, pero uno se pregunta: ¿cuántos quedan actualmente? ¿Dónde sigue sonando la música inefable de lo numinoso que arrastra al hombre hacia su destino?