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¿Puede el placer ser algo banal cuando la belleza es esencialmente deleite y la belleza, en el sentido clásico, está indisociablemente ligada al bien y a la verdad ?

"Alta cosa es la virtud, excelsa y soberana, invicta e infatigable; el placer en cambio, es abyecto, servil, frívolo, caduco y tiene su morada en tabernas y prostíbulos", dice Séneca. El argumento sobre el cual se fundamenta aquella proposición que postula es:

El soberano bien es inmortal, no puede dejar de ser, no conoce la hartura ni el arrepentimiento; porque un espíritu recto no se desvía de su derechura, ni tiene odio de sí mismo, ni introduce cambio en la determinación tomada. Mas el placer, cuando mayor gusto da, luego fenece; no tiene mucho espacio y por eso lo llena en seguida y engendra tedio y al ímpetu primero marchita. Además de esto, nunca es cosa segura aquella cuya naturaleza es móvil, y por eso no puede tener ninguna realidad aquello que viene y pasa aceleradísimamente….

Por mi parte, yo discrepo con su tesis así como con el enfoque que le brinda al argumento, el cual, enfocado de forma diferente, podría sostener una tesis opuesta. Para refutar su propuesta es menester invalidar el argumento sobre el cual se forja. O, mejor dicho, será preciso modificar la perspectiva otorgada a aquel argumento: propicia me resulta la idea de brindarle una nueva orientación, de suerte que, tan sólo modificando su disposición anterior, lo pueda emplear para fundamentar la tesis contraria.

¿La cualidad efímera del placer no posee, acaso, un doble filo, pudiendo ser tanto su condición virtuosa como defectuosa según el enfoque dado? Aquello que Séneca denigra por su naturaleza móvil, yo, por esa misma razón, lo exalto hasta el cielo, hasta el firmamento Olímpico.

Lo que permanece sujeto a uno con cadenas de hierro, lo seguro y estable, jamás causa placer. Más bien resulta soso y aburrido, diluyendo su colorido en la insipidez de la monotonía. El placer, por el contrario, se halla en el riesgo de lo inseguro, en las arenas movedizas de lo incierto, en aquello que cruza las carnes del corazón por un instante para quizás no volver jamás. Es precisamente eso lo que lo torna en precioso tesoro, como un oasis en medio del desierto, como el cometa radioactivo en la oscuridad y amplitud del cielo, como el arcoíris entre cumbres nevadas.

Placer es un espíritu libre, indómito: carece de dueño. No es aquello imperecedero dado a los cobardes, que necesitan aferrarse a algo y hundir sus garras en tierra firme y segura. Es don, gratuidad que impulsa a los desprendidos de entrañas. Únicamente el ser desapegado en su espíritu goza plenamente de él, sin temor a perderlo, sin necesidad de su eternidad tampoco. Sólo él se atreve a tomar riesgos. El placer es un acto de desprendimiento puro.

Quizás al maestro Séneca el placer, luego de acaecido, tedio le ocasione ("…luego fenece; no tiene mucho espacio y por eso lo llena en seguida y engendra tedio…"). Según mi experiencia personal en torno al placer, es sólo su ausencia completa la que engendra tedio. Al contrario, la presencia efímera del placer cruza transfiriendo un halo de virtud a todo lo que toca. Cuando el placer se esfuma, aún permanece esa misteriosa presencia que todo lo envuelve tornándolo llevadero y digno, lo que ocasiona, a su vez, mayor placer.

Toda moral cumple una función práctica dentro de la sociedad: garantiza el orden social y el bienestar de sus miembros. Evidencia de que la moral no es un fin en sí misma, sino un medio. Aquella estructura compleja que implica una serie de virtudes basadas en un sistema de valores, posee la función de tornar la vida de sus miembros lo más placentera posible. Una virtud que no sirve al placer de la comunidad, sirve a su dolor o es indiferente y por lo tanto inútil. Y el ser humano, por naturaleza, tiende a evitar el dolor y a buscar el placer. Y es en aquella búsqueda, precisamente, donde se halla el origen de la medicina, de la ciencia, del arte, inclusive de la religión. Si un sistema moral se desvía de su función original, no otorgando placer de ningún tipo a sus miembros, entonces es insano y debe ser reformulado.

No robar significa respetar el placer de lo que el otro posee. No matar significa no privar al otro de los placeres de la vida. Tratar a los demás como le gustaría a uno que lo tratasen significa tratar a los demás de forma que uno les pueda otorgar placer. La belleza física es virtuosa para los griegos, por ejemplo, porque otorga placer a quien la observa y a quien la posee. La inteligencia es virtuosa, también, ya que es útil para quien desea ingeniar maneras de adquirir placer, además de causar placer intelectual por sí misma con su uso dialéctico. La generosidad es virtuosa pues el ser generoso otorga al otro aquello que le causa placer, no negándoselo como sí lo hace el avaro, que genera displacer. La compasión es virtuosa porque quien se compadece del otro busca sustraerlo de su sufrimiento y conducirlo al placer.

A veces, ocurre que los sistemas morales se desvían de aquello que acabo de exponer, presentando normas inútiles que no satisfacen a las personas y sometiendo al placer a aquellos preceptos en lugar de crear pautas que sirvan al placer. Tal ocurre al repudiar al placer en pos de la supuesta "virtud".

La alusión a las tabernas y prostíbulos que realiza Séneca deja en claro que el concepto de placer que maneja es de carácter vulgar. Alude a los placeres más bajos, ignorando que en el reino del placer existe una extensa escala que va desde lo menos hasta lo más, que desciende en lo soez y asciende hasta lo más elevado. Existen placeres de índole física, emocional, intelectual y espiritual. El placer que proporciona la comida o los masajes es de tipo físico; el que proporciona un chiste o el triunfo en un concurso es de carácter emocional; el que brinda una teoría filosófica o una pieza musical es de naturaleza intelectual; el que proporciona amar gnósticamente a una criatura y ser amado por ella, así como el que brinda la meditación, la contemplación y la vivencia mística, es de naturaleza espiritual.

El placer es valioso en cualquiera de sus niveles, pero su valor incrementa a medida que asciende por ellos. Los niveles superiores no niegan a los inferiores ni son incompatibles con ellos, sino que, por el contrario, son complementarios, de suerte que se potencian y retroalimentan entre sí. El placer máximo se encuentra en el justo medio o equilibrio perfecto que permite satisfacer todos los niveles del ser por medio de los diversos tipos de placer. ¿Por qué en el justo medio? Porque si se brinda un placer en exceso en un nivel éste imposibilita el placer en los demás niveles, y si no se brinda el placer o se lo brinda empobrecidamente en otro nivel se dificulta el flujo espontáneo del placer en los otros niveles. Para que el placer se extienda a todos los niveles y no se estanque, debe ser llenado en su justa medida, ni más ni menos.

¿Qué mayor placer que el que proporciona la Belleza? Junto con Platón yo concuerdo con que la Belleza, la Verdad y el Bien son los aspectos de una misma naturaleza y se encuentran unificados de modo que son inherentes entre sí. Ergo, rehuir el placer implicaría rehuir la Belleza, la Verdad y el Bien, y, por ende, distanciarse del recto sendero del Espíritu.

¿Séneca no era, acaso, espiritual? Desde luego que lo era, pero también era un vulgar en su concepción del placer: era un intelecto agudo y una sensibilidad prosaica.

 

Blog de la autora: Revolución Espiritual

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15 formas en que la vida cambia cuando dejas de beber alcohol en exceso

Buena Vida

Por: pijamasurf - 12/10/2018

Algunos de los efectos que experimenta la mayoría de quienes deciden dejar de beber en exceso

La relación entre el alcohol, el ser humano y la sociedad no es sencilla de clarificar. El alcohol ha estado presente en la cultura desde tiempos remotos y, desde cierta perspectiva, puede decirse incluso que se trata de un producto de la civilización. 

En parte es a causa de dicha antigüedad que el alcohol tiene un margen amplísimo de tolerancia social. A pesar de sus efectos nocivos en la salud personal y pública, el consumo de alcohol se mira como un hábito “normal”, cotidiano, que se sanciona escasamente.

Por supuesto, el alcohol no es en sí mismo un problema. En un pasaje de Las bodas de Cadmo y Harmonía en que Roberto Calasso comenta la invención del vino según la mitología griega, no duda en decir de la ebriedad que “era justamente lo que le faltaba a la vida, lo que la vida esperaba”. ¿Por qué? En buena medida, porque un poco de alcohol aligera la vida, vuelve por un momento más asible algo que de inicio nos parece confuso o enigmático. 

El problema, sin embargo, es el exceso, como también han señalado una miríada de filósofos y pensadores desde tiempos inmemoriales. Es en el exceso del consumo de alcohol donde todas sus virtudes posibles se convierten en calamidades, y entonces el don y el regalo se transforman en una maldición.

Es desde esa perspectiva que compartimos ahora este listado, que tiene como inspiración un texto aparecido hace unos días en el sitio Walking Times. Grosso modo, se trata de una serie de efectos positivos que ha constatado la mayoría de las personas que dejan de beber, algunos a las pocas semanas de tomar dicha decisión y otros en un plazo más prolongado. Pero, en todos los casos, son efectos relativos al bienestar general.


1. Mejora general de la salud física

El primer gran efecto que notan prácticamente todas las personas que dejan de beber alcohol es una mejora general en su salud. Pérdida de peso, mejor aspecto de la piel, noches de sueño profundo y reparador y una mejor salud digestiva son algunos de los efectos a corto plazo, mientras que a mediano y largo plazo el corazón, el hígado y el cerebro son los órganos más beneficiados.

 

2. Mejora en la salud mental

Cuando se bebe en exceso, tomar la decisión de dejar de hacerlo es ya un reflejo de la voluntad de mejorar (de la pulsión de vida ganando terreno frente a la voluntad de autodestrucción, para decirlo en términos freudianos). Pero dicho impulso no se detiene ahí. Otras circunstancias de orden psicológico como la ansiedad o la depresión también se transforman, particularmente en aquellas personas en las que el consumo del alcohol es un síntoma de una condición subyacente.

 

3. Menos gastos innecesarios

El consumo de alcohol está asociado típicamente con un gasto irracional del dinero, de ahí que detener esa conducta tenga efectos también en las finanzas personales. Este es otro de los cambios que las personas que dejan el alcohol notan casi inmediatamente en sus vidas.

 

4. Un mejor empleo del tiempo

Usualmente el consumo desmedido de alcohol requiere un gasto considerable de tiempo, de entrada por el tiempo dedicado a la bebida en sí y después, por el tiempo destinado a la recuperación física que implica beber en exceso. Dejar de beber cambia eso por completo, y es común que ese tiempo termine usándose de manera más provechosa para uno mismo.

 

5. Un mejor entendimiento de uno mismo 

En el marco de la subjetividad, el consumo de alcohol a veces sirve para enmascarar condiciones sobre las cuales se tiene poco conocimiento personal. Así, hay quien bebe, por ejemplo, para animarse a hablar con desconocidos en una fiesta, para bailar, para bromear, etc. En pocas palabras, para vencer circunstancias como la timidez, la ansiedad, el aburrimiento u otras. Sin embargo, la tarea existencial del ser humano es más bien conocer en lugar de engañarse, es decir, preguntarse la razón y las causas de dichas dificultades para así poder sobreponerse a ellas. Dejar de beber también es una oportunidad para observarse, conocerse y cambiar aquello de uno mismo que el alcohol parece modificar.

 

6. Una mejor aceptación de uno mismo

En el sentido del punto anterior, un mejor conocimiento de uno mismo casi siempre conduce a la aceptación de quien se es, no a manera de resignación, sino de comprensión.

 

7. La vida se hace menos problemática

Con cierta frecuencia, el alcohol trae problemas a la vida. Financieros, de relaciones personales, con el trabajo y las responsabilidades en general, de salud, con el manejo del tiempo y más, la mayoría de los cuales, cuando se observan en retrospectiva, se revelan innecesarios, gratuitos y fáciles de evitar. En ese sentido, detener el consumo excesivo de alcohol es también poner un freno a todo ello. 

 

8. Se vive con menos arrepentimientos 

¿Cuántas veces, al despertar luego de una borrachera, te has arrepentido de algo que dijiste o hiciste? Pues bueno, al dejar de beber también desaparece esa sensación de tu vida.

 

9. Experimentas de otra manera las adicciones

La adición es un patrón de conducta que encuentra en el alcohol una de sus expresiones, que en realidad pueden ser muchísimas. Entender por qué estás enganchado(a) al alcohol, qué sucede cuando lo dejas y cómo cambia tu vida después de ello también tiene como efecto entender mejor los patrones que te llevan a tener una conducta adictiva.

 

10. Vives de otra manera las relaciones personales

Como si se tratase de una criatura con voluntad propia, la adicción al alcohol suele encontrar sus propias formas de aferrarse a la existencia de una persona, y una de ellas son las relaciones personales. Con frecuencia, quien bebe en exceso suele encontrar a las personas con quienes validar su comportamiento, esto es, amigos o compañeros con quienes igualmente puede beber y con los cuales no sentirá cuestionada su conducta. No obstante, cuando la adicción se detiene, también se revela el valor verdadero de dichas relaciones.

 

11. Y las conversaciones…

¿Alguna vez has estado sobrio en compañía de personas que están ebrias? Salvo ciertas excepciones, suelen ser momentos incómodos, pues es posible observar hasta qué punto el alcohol puede hacer a alguien testarudo, superficial o incoherente.

 

12. Puedes adquirir una mejor comprensión de la naturaleza humana

Siguiendo el ejemplo anterior, una observación objetiva de la ebriedad revela también otra cosa: la fragilidad del ego humano, el temor en el que viven la mayoría de las personas y el esfuerzo mayúsculo que muchos hacen por aparentar que son más o mejores de lo que creen que los demás piensan de ellos. No es casual que bajo el influjo del alcohol numerosas personas peleen, se enganchen en discusiones estúpidas o parezcan tener la “valentía” de la que carecen en sobriedad.

 

13. Y del entorno en el que nos encontramos…

El alcoholismo no surge de la nada. Existe una compleja red de significantes sociales y culturales por la cual una persona cree encontrar en el alcohol la respuesta a preguntas subjetivas que tocan su existencia. Ese no es el mejor lugar para buscar, en efecto, pero la cultura le hace creer que sí. La publicidad, la romantización artística de la bebida, la tolerancia social: esos son algunos de los factores por los que alguien puede llegar a creer que beber alcohol le dará las respuestas que está buscando.

 

14. Aprendes a tomar decisiones en función de tu bienestar

Cuando dejas de beber por voluntad propia, es más fácil tomar otras decisiones orientadas a tu bienestar personal. En cuanto a tu comida, por ejemplo, el tiempo que dedicas a alguna actividad física, el uso que le das a tu dinero, etcétera.

 

15. Adquieres una mejor experiencia de vida

En el sentido del punto anterior, la elección de dejar de beber alcohol conduce en general a una mejor experiencia de vida, pues ésta se vive más bien desde el entendimiento y no desde el efecto alterado de conciencia al que llevan las bebidas alcohólicas. La conversación que se tiene con una persona, la atracción sexual, la coordinación del cuerpo, la idea de uno mismo: todo ello pasa ahora por el filtro de la conciencia, de aquello que has aprendido de ti mismo y de la perspectiva que tienes sobre la vida.

 

BONUS: En el proceso, has aprendido a tomar conciencia de tu vida

La toma de conciencia es un proceso amplio al que una persona puede arribar por distintas vías, pero sin duda la decisión de dejar de beber es una de ellas. Como hemos expuesto a lo largo de esta nota, dejar el alcohol (o cualquier otra adicción) es en general un movimiento subjetivo que demuestra el deseo de aprovechar realmente la existencia, lo cual, paradójicamente, no muchas personas parecen estar dispuestas a hacer. Como dijera Oscar Wilde, la mayoría se conforma con vivir apenas, sin darse cuenta de que la existencia es una oportunidad única para hacer muchísimas cosas.

 

En la medida en que el alcohol es un factor capaz de detener y obstruir el desarrollo integral del ser humano, ¿no valdría la pena interrogar el lugar que le damos en nuestra vida?

 

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