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¿Vale la pena vivir sin tener una relación con algo infinito, sin interesarse por una posibilidad eterna y divina? Jung creía que no

¿Puede encontrar el ser humano sentido por sí mismo? Esa es una de las grandes cuestiones con las que el pensamiento se enfrenta, especialmente a partir del siglo XX. ¿Se puede encontrar sentido en un mundo que no otorga ningún valor absoluto, ningún centro que se mantiene siempre fijo e inmutable? ¿Hacia qué orientar la existencia si es que estamos realmente solos y no hay nada trascendente? El psicólogo suizo Carl Jung creía que el hombre necesita de algo trascendente para encontrar  sentido en el mundo, si no algo externo, sí algo que trascienda su propio ego, algo que se revela como sagrado, otro y numinoso. En sus memorias Jung escribió:

La pregunta decisiva para el hombre es: ¿está relacionado a algo infinito o no? Esta es la pregunta reveladora de su vida. Sólo si sabemos que la cosa que realmente importa es infinita podemos evitar fijar nuestros intereses en cosas fútiles y en todo tipo de objetivos que carecen de verdadera importancia. Así entonces, exigimos que el mundo nos conceda reconocimiento por las cualidades que consideramos como nuestras posesiones personales: nuestro talento o nuestra belleza. Entre más un hombre hace énfasis en falsas posesiones, y entre menos sensibilidad tiene a lo esencial, menos satisfactoria es su vida. Se siente limitado porque tiene objetivos limitados, y el resultado es envidia y celos. Si entendemos que aquí en la vida tenemos un vínculo con algo infinito, nuestros deseos y actitudes cambian.

No es sólo ésta la pregunta decisiva del ser humano, es quizá también la cita decisiva de la obra de Jung, como sugiere Peter Kingsley en su nueva obra Catafalque, un estudio de la vida y obra de Jung y su relación con Henry Corbin, justamente a la luz de una relación con algo infinito. Todo el método psicoanalítico de Jung se puede leer como un movimiento, sobre todo a través de la imaginación, para entrar en contacto con eso infinito. Jung consideraba que la segunda parte de la vida no era más que una cuestión espiritual -un problema, una urgencia, un llamado que hacía el alma por manifestarse, por integrarse y mostrar sus oscuras, aterradoras, mas divinas profundidades-. Jung creía que la psicoterapia había surgido justo como respuesta a un cierto declive en las religiones organizadas. El hombre no podía vivir sin algo que le diera sentido y seguía teniendo sed de espíritu, pero ya no podía saciarlo fácilmente con lo que le ofrecía la religión, en gran medida porque la ciencia le presentaba de manera poderosa un modelo de realidad que era difícil de conciliar con la religión. Paradójicamente, aunque Jung quería hacer ciencia, y defendió su psicología analítica como algo científico, al final su trabajo se se acerca más a la religión y sobre todo a la magia o a la teúrgia. Y no digo esto peyorativamente, aunque probablemente a cierto Jung -a quien él llamaba "el primero", en su doble personalidad- no le habría gustado oír esto. Sin embargo, el mismo Jung, aunque buscó legitimar su trabajo con la academia y el prestigio de la ciencia, fue muy consciente de las limitaciones de la ciencia y criticó el dogmatismo del materialismo científico.

Esta idea de Jung de que para obtener sentido y vivir dignamente es necesario tener como referente algo infinito, es esencialmente una idea religiosa. La podemos encontrar en numerosas religiones, particularmente desarrollada en el cristianismo y en las tradiciones indias que practican el bhakti o la devoción. En gran medida parte de la noción de que una persona se transforma en aquello que conoce, parafraseando a San Juan de la Cruz, el amante queda en el amado transformado. Conocer y amar son en este sentido idénticos. Si le ponemos nuestra atención e interés a algo limitado, impermanente y superficial, así seremos nosotros. Como dice el Buda en el Dhammapada: "eso en lo que pensamos, eso seremos". Spinoza tiene un pasaje similar al de Jung en su De intellectus emendatione:

Toda nuestra felicidad o infelicidad depende solamente de la cualidad del objeto en el que fijamos nuestro amor [...] Pero el amor hacia un objeto eterno e infinito alimenta la mente con una alegría pura sin rastros de tristeza.

El objeto de nuestro amor es como el fuego que todo lo lleva a su propia naturaleza fogosa y, al ser eterno e infinito, como el fuego que consume todo los metales que no son oro.

Fue la religión, los grandes santos y sabios de las diferentes tradiciones, los que notaron primero que el amor era la razón de ser del hombre y que solo en el amor encontraba su plenitud. Pero notaron también que el amor dirigido a un objeto impermanente y limitado era un amor condenado a la inconsistencia y al sufrimiento. De aquí que se presentara la solución: un amor a un ser eterno, infinito, perfecto, omnipresente y omnibenevolente. Y en ese amor, entonces, una posibilidad divina: una comunión y por lo tanto, una deificación. Pues esto es lo que implica la intimidad del amor: conocer al amado y participar de alguna manera en su esencia. 

 

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La influencia de la alquimia en la obra de Blake

William Blake tempranamente experimentó una serie de visiones místicas que serían seminales en su obra, la cual estaría siempre marcada por el daemon de la imaginación. Blake, por otra parte, aunque en gran medida autodidacta, tuvo acceso a la obra de otros místicos y alquimistas que fueron también importantes en la conformación de su particular visión.

Kathleen Raine, una de las grandes expertas en la obra de Blake, traza la influencia de la alquimia en la obra de Blake en su libro Blake and Tradition. Una influencia que no podemos descartar además por la conexión que existe entre la alquimia y el gnosticismo, como ha sido demostrado por Carl Jung. Y por supuesto, el cristianismo de Blake es un cristianismo gnóstico. Hacemos aquí una glosa de lo que expone esta gran crítica literaria que se caracteriza por una gran sensibilidad a la imaginación poética. 

Para los alquimistas el espíritu y la materia, activo y pasivo, luz y oscuridad, arriba y abajo, son, como el yin yang de los chinos, principios complementarios, ambos igualmente enraizados en lo divino. El deus absconditus está oculto y operando en la materia, en igual medida que se encuentra en el orden espiritual. Las palabras de Blake sintetizan la filosofía alquímica: "Dios está en los efectos más bajos al igual que en las causas más altas". El matrimonio del cielo y el infierno está escrito bajo la influencia directa de esta filosofía -explícitamente, puesto que Blake reconoce su deuda a Böhme y a Paracelso-.  

La cita completa de Blake, que emula la Tabla Esmeralda de Hermes Trismegisto, es:

Dios está en los efectos más bajos al igual que en las causas más altas, y así Él se ha convertido en un gusano para nutrir a los débiles. Puesto que debemos recordar que la creación es Dios descendiendo en correspondencia a la debilidad del hombre, ya que nuestro Señor es la palabra de Dios y todas las cosas en la Tierra son la palabra de Dios y en su esencia son Dios.

Y en otra parte, Blake parece explicar el motivo de su hierosgamos entre el cielo y el infierno: "Dios está adentro y afuera: incluso en las profundidades del infierno".

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Raine sugiere que Blake concibió su matrimonio entre lo superior (lo celeste, el águila) y lo inferior (lo infernal, la serpiente) con base en la tradición alquímica, específicamente la Tabla Esmeralda que ha servido como plantilla para innumerables alquimistas, describiendo las correspondencias entre el cielo y la tierra y la "operación del Sol" o el restablecimiento de la materia a su condición original. Blake seguramente había leído al alquimista Thomas Vaughan, hermano del poeta laureado Henry Vaughan, quien parafrasea a Hermes Trismegisto, sosteniendo que en una estela de Menfis estaba escrito: 

Heaven above, Heaven beneath;

Starres above, Starres beneath;

All that is above, is also beneath;

Understand this, and be happy.

[Cielo arriba, cielo abajo;

estrellas arriba, estrellas abajo;

todo lo que está arriba, también está abajo;

entiende esto, y sé feliz].

Esta es la idea central del hermetismo, que sería recogida por Paracelso con su concepto del firmamento interno, afirmando que en la constitución del hombre están las estrellas: "¿que otra cosa es la imaginación sino una estrella en el hombre que actúa a través de su círculo?". En su diccionario de alquimia, Martin Ruland hace eco de ello: "La Imaginación es la estrella en el hombre, el cuerpo celestial y supracelestial". Esta misma noción de la imaginación es central en Blake:

El mundo de la imaginación es el mundo de la eternidad, el seno divino al que todos iremos al morir el cuerpo vegetativo. En ese mundo eterno existen las realidades permanentes de cada cosa que están reflejadas en el cristal vegetal de la naturaleza. Todas las cosas están comprendidas en el cuerpo divino del Salvador, la verdadera viña de la eternidad, la imaginación humana.

La mente humana es luz celestial y la imaginación es un espejo en el cual se proyectan los rayos de la divinidad.

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Raine cree que la importante noción de la conjunción de los opuestos, que sería tan importante en Jung, pero que es también central en Blake, le viene también de la alquimia, la cual es la ciencia del matrimonio del espíritu y la materia, del fuego y el agua. "Lo que suele considerarse su aportación más original al pensamiento es justamente este concepto de un solo principio que opera en contrarios", dice Raine. Y ve en estos versos de las Visiones de las hijas de Albion una respuesta alquímica: "La materia-serpiente que se renueva a sí misma en la bóveda de la decadencia".

¿Acaso el águila no desprecia la tierra y desecha los tesoros que cubre?

Pero el topo sabe lo que allí hay y el gusano ya te lo dirá:

¿no erige él una columna en los cementerios putrefactos

y un palacio eterno en las fauces de la tumba voraz?

Tenemos aquí claramente la imagen de la renovación de la naturaleza en la muerte y una evocación del primer estadio de la alquimia, el llamado nigredo, en el cual la putrefacción es usada como una simiente para iniciar la obra, que culminará con la construcción de "un palacio eterno" (un cuerpo de luz). Blake personifica este estado de la materia asociado con Saturno, con la tierra negra, con el frío y con el invierno (el renacimiento del Sol en el solsticio) en Matron Clay, uno de los personajes de su poema The Book of Thel (el nombre Matrona arcilla es seguramente una alusión también a la arcilla adánica y a la prima materia de los alquimistas). "La Madre Tierra, la más baja y humilde materia, es la esposa del Padre, le dice la matrona Clay a Thel", explica Raine. La Tierra es el vaso hermético del espíritu, el Santo Grial, el vientre que es fecundado por la luz. En el poema de Blake, Clay le dice a Thel:

Me ves a mí, una cosa ruin, y en verdad lo soy,

Mi vientre en sí mismo es frío, y muy oscuro,  

Pero aquel que ama lo bajo, derrama su aceite sobre mi cabeza,

Y me besa a mí, y enlaza sus listones nupciales sobre mi seno,

Y dice "Tú, madre de mis hijos, te he amado a ti

Y te he dado una corona que nadie puede quitarte". 

Esto recuerda los numerosos dichos de los alquimistas que hacen referencia a que su materia prima será encontrada en lo más vil y desapercibido, como reza el dictum: in stercore invenitur, será encontrada en la tierra inmunda. De aquí se produce el cuerpo glorificado, que en el poema es representado por la corona que sella el matrimonio alquímico, la corona del espíritu que transfigura la "prisión de la materia" en un jardín de luz, el tálamo donde se opera "el milagro de la única cosa". La polarización entre lo espiritual y lo material es sólo una ilusión, un juego, una seducción y un sacramento. En famosos versos en los que se le da voz al "demonio del cuerpo" (el demonio -Pan, Dioniso- como la energía divina del cuerpo que no puede ser reprimida), Blake dice:

1.-El hombre no tiene un cuerpo distinto de su alma.
Aquello que llamamos cuerpo es una porción de alma
percibida por los cinco sentidos, pasajes principales del
alma en esta edad.
2.-La energía es la única vida, y procede del cuerpo;
y la razón es el límite o circunferencia externa de la energía.
3.-La energía es delicia eterna. 

Delicia eterna es el juego de los contrarios, la danza de los opuestos, la eterna escena que se repite cada año cuando la luz muere en la tierra negra, sólo para volver a renacer, como la serpiente que muda de piel. La delicia eterna que se repite en cada uno que repite esta operación solar, en el amor, en la alquimia.

 

Twitter del autor: @alepholo