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La adolescencia se extiende ahora hasta los 24 años, según este estudio

Salud

Por: pijamasurf - 12/30/2018

Los límites de la juventud han cambiado

Por mucho tiempo, la especie humana no hizo una gran diferencia entre la infancia y la madurez. En sociedades tan disímiles como los nómadas primitivos o el Londres de la Revolución Industrial, es posible encontrar testimonios de niños que participaron pronto en su vida de las actividades propias de la vida adulta, particularmente el trabajo físico y aun la actividad sexual. 

Así, la juventud fue un invento que poco a poco fue formándose y extendiéndose en la cultura humana, acaso con el propósito inconsciente de hacer más dócil ese tránsito entre una y otra etapa de la vida. La idea del "adolescente incomprendido", tan popular en las últimas décadas del siglo XX pero presente también en varios otros momentos de la historia, obedece a ese carácter intermedio que tiene la juventud: el joven se siente ajeno a sí mismo porque socialmente ya no es considerado el niño a quien se debe cuidar pero, por otro lado, tampoco es el adulto que tiene un lugar asegurado en el orden social. 

A esto cabe agregar, por supuesto, el fin del período de latencia de la sexualidad, que marca el regreso de la fuerza libidinial que fue reprimida en la infancia, el desarrollo de los llamados caracteres sexuales secundarios y, en general, el redescubrimiento de las necesidades sexuales. No por casualidad a los jóvenes se les ha mirado también como dueños de una energía vasta pero desconocida y por ello mismo incontrolable.

En suma, la biología y la cultura contribuyen a hacer de la adolescencia una etapa confusa, particularmente por el hecho de no tener un lugar claro en el paso de la infancia a la edad adulta.

Mucho de esto se mantiene, sin duda, pero también está cambiando. Para nadie es un secreto que en nuestra época la juventud parece extenderse cada vez más, a límites incluso un tanto irrisorios. Apenas en la generación anterior o aun la previa a ésta, una persona de 30 años difícilmente podía ser considerada "joven" y, más bien, se le miraba como asentada ya en la madurez de la vida, probablemente en la etapa más fértil de ésta. Hoy en día, hay personas de 30 años que en ciertos aspectos no difieren mucho de un joven de 15 o de 20, pues socialmente se ha generado una zona de tolerancia hacia las conductas derivadas de la edad ganada con el tiempo.

Prueba de ello es un estudio publicado en la revista académica The Lancet Child & Adolescent Health, según el cual la adolescencia va ahora de los 10 a los 24 años de vida de una persona. Ambos extremos llaman la atención: por un lado, la juventud empieza mucho más temprano que antes y por otro, como decíamos, su fin se marca lejos de lo que estábamos habituados a considerar. El estudio en cuestión fue realizado por investigadores australianos, entre otros, Susan Sawyer, directora del Centro para la Salud Adolescente del Royal Children's Hospital de Melbourne. 

De acuerdo con esta investigación (que puede consultarse en este enlace), el inicio de la juventud parece adelantarse sobre todo en los países desarrollados, donde las mejoras en la calidad de vida y la dieta han provocado que el hipotálamo comience a liberar las hormonas asociadas con el despertar sexual en edades cada vez más tempranas, con lo cual la pubertad ahora empieza cerca de los 10 años de edad (y no a los 14, como sucedía antes). En el Reino Unido, por ejemplo, se ha notado un adelanto en la primera menstruación de las mujeres, que en promedio ocurre ahora entre los 12 y los 13 años, 4 años menos del momento en que ocurría a inicios del siglo XIX.

En cuanto a la extensión de la juventud hasta más allá de los 20 años, los investigadores argumentan esta afirmación a partir del hecho de que el cerebro no termina de desarrollarse sino hasta esa edad, lo cual a su vez podría explicar por qué los jóvenes no suelen estar adaptados para las responsabilidades de la vida adulta antes de los 25 años.

En este panorama, cabría añadir el factor social. ¿Cuántos de los "jóvenes" de nuestra época se siguen considerando tales sólo porque no poseen los medios para formarse una vida independiente, fuera del hogar familiar que los acogió en su infancia? En nuestra época, los dictados de la biología no suelen coincidir con las posibilidades sociales para su realización, y a veces, aunque un joven sepa en el fondo que debe asumir la responsabilidad de su vida, se enfrenta a limitaciones de distinto orden para conseguirlo. ¿Qué hacer en ese caso? ¿La voluntad basta y sobra para encarar la adversidad? ¿Es la adolescencia también una etapa adversa por definición? 

Más que responder a estas preguntas, cabe formularlas en el marco de nuestra propia vida. Cabría preguntarse si, más allá de la biología, la extensión de la juventud no sirve también a otros propósitos de tipo social, cultural y económico.

 

También en Pijama Surf: Contra el culto a la juventud: morir viejo y tener razón

 

Imagen de portada: Baby Driver (Edgar Wright, 2017)

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¿Anfetaminas para los niños? Tomar Adderall es (casi) igual a tomar crystal meth

Salud

Por: pijamasurf - 12/30/2018

Nuestra sociedad margina a las personas que consumen crystal meth y, sin embargo, dosifica a sus niños con Adderall para que pongan atención, pese a que las 2 sustancias son casi idénticas

El crystal meth o metanfetamina es una droga que se volvió famosa en la conciencia popular por la serie Breaking Bad y popularmente es considerada como una droga dura, adictiva, que destruye los dientes de las personas (algo que, sin embargo, no se debe realmente a esta sustancia). La diferencia entre el crystal meth y la metanfetamina es que el crystal meth suele ser fumado en una pipa de cristal y se trata de una forma concentrada, pero al final es la misma sustancia.

El doctor Carl L. Hart cuenta sobre su experiencia tomando metanfetamina antes de una junta, paradójicamente, del National Institute on Drug Abuse, por la cual pasó sin mayores problemas, si bien él mismo se denomina un experto en las anfetaminas. Hart considera que existe una enorme campaña de paranoia. Ante este mensaje, señala:

el público permanece casi completamente ignorante del hecho de que la metanfetamina produce efectos casi idénticos que aquellos producidos por la popular sustancia para el trastorno del déficit de atención: d-anfetamina (dextroanfetamina). Mejor conocida como Adderall.

Y de hecho, la misma metanfetamina es una sustancia aprobada para tratar el famoso ADHD, y no sólo esto, también está aprobada para tratar la narcolepsia y la obesidad.

Hart señala que él pensaba que la adición del grupo del "metil" la hacía más soluble en lípidos, y por lo tanto, con una acción más rápida en el cerebro y posiblemente más adictiva. Pero hizo un estudio en el que reemplazó metanfetamina con d-anfetamina para el consumo de 13 personas que regularmente consumen metanfetaminas. Los usuarios no notaron grandes diferencias y cuando se les pidió que eligieran entre tomar las drogas o diferentes cantidades de dinero, eligieron tomar la d-anfetamina una cantidad de veces similar a la metanfetamina, lo cual sugiere que los usuarios regulares del crystal meth no pudieron distinguir entre las dos.

Hart apunta que la intensidad subjetiva de la metanfetamina tiene que ver con el método de administración y no con la sustancia en sí misma. El crystal meth suele ser fumado o inhalado. Hart escribe esto no con la intención de que las personas empiecen a consumir metanfetaminas, sino para desestigmatizar su uso. En Estados Unidos existe el término peyorativo "meth-heads", pero estrictamente, todos los niños y jóvenes que son tratados con anfetaminas para sus problemas de atención también son "meth-heads", sin el "meth", pero al final es lo mismo. Quizá, a partir de aquí se debería generar un punto medio. Por una parte, reflexionar sobre el hecho no poco grave de la sobremedicación de fármacos como las anfetaminas, los opiáceos o las benzodiazepinas, todos los cuales pueden ser adictivos y tienen importantes efectos negativos cuando se abusa de ellos. Por otro lado, notar que quizá mucha parte de los efectos negativos que sufren las personas que consumen ciertas drogas no vienen de las drogas en sí mismas, sino de la distorsión social, el miedo y el estigma que se tiene respecto de ellas. Como dijo famosamente Tim Leary en su momento, "el LSD es una sustancia que genera psicosis en personas que no la han tomado". Así que sería bueno pensar dos veces si realmente es necesario que un niño tome anfetaminas para poner atención y también pensar dos veces cuando se discrimina a un consumidor de crystal meth (y en general de cualquier droga) pues, después de todo, lo que está haciendo es algo que la misma sociedad alienta.