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Enero seco: el reto de pasar el primer mes del año sin beber alcohol

Salud

Por: pijamasurf - 01/03/2019

Después de los excesos de diciembre, un reto para restituir tu salud

Para muchos de nosotros, el último mes del año se caracteriza por el exceso y el desenfreno. Con cierto eco de las fiestas saturnales de la antigua Roma, diciembre y sus fiestas suelen despertar en nosotros el impulso de saciar nuestros impulsos y nuestros deseos e incluso de llevarlos un poco más allá de lo que la mesura y la sensatez dictan, a veces incluso sin quererlo e indirectamente obligados por las circunstancias, que en esta época son particularmente difíciles de contravenir.

Quizá por eso, en estos días circula una iniciativa para hacer de enero un mes “seco”, esto es, abstenerse específicamente de consumir bebidas alcohólicas (y quizá así compensar parcialmente los excesos en los que se incurrió en días pasados).

El origen de esta iniciativa no es del todo seguro. Todo parece indicar que surgió como una propuesta espontánea en el Reino Unido, primero parcialmente popular pero que en 2014 era ya tan conocida que fue apoyada por las instancias gubernamentales de salud pública. 

Hoy en día, la idea del “Dry January” (“enero seco”) es ampliamente practicada en países anglosajones, con resultados notables. En el mismo 2014, más de 17 mil personas residentes en Inglaterra dejaron de beber en dicho mes, y de éstas, mil continuaron en régimen de abstinencia durante los siguientes 6 meses y el 72% aceptó que ese mes sin beber les previno de volver a incurrir en episodios particularmente dañinos para sí, relacionados con el alcohol. Sorprendentemente, un 4% dejó de beber por completo.

Si, como aseguró el poeta William Blake, el camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría, en este caso valdría considerar la vía de la moderación como una forma de aprovechar la vida, vía a la cual, paradójicamente, se llega una vez que el exceso ha mostrado el camino.

 

También en Pijama Surf: 15 formas en que la vida cambia cuando dejas de beber alcohol en exceso

 

Imagen de portada: The World's End (Edgar Wright, 2013)

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El CBD y la nueva medicina cannábica no psicoactiva: ¿La panacea o el nuevo aceite de serpiente?

Salud

Por: pijamasurf - 01/03/2019

El cannabidiol es uno de los medicamentos más prometedores de las últimas décadas, pero hay que tomar las cosas con calma

El CBD o cannabidiol es uno de los químicos más abundantes de la cannabis, conocido porque, a diferencia del THC, no tiene efectos psicoactivos significativos y por ello puede ser usado por todo tipo de personas, incluso niños. Aunque lo cierto es que la investigación sobre estos químicos naturales está en sus primeros años, se cree que muchos de los beneficios médicos que al parecer se encuentran en la cannabis vienen del CBD -si bien, ciertamente no todos- . Esto ha hecho que en los últimos 2 años prolifere una industria con un enorme hype en torno a esta sustancia, desde promesas de sanación de enfermedades como el cáncer, hasta productos de belleza y bienestar. La euforia del CBD está en marcha y el New York Times recientemente investigó qué tanta ciencia hay detrás de este euforia. Pero antes, un poco de la historia de cómo llegó a ser tan popular o por qué tanto revuelo.

Uno de los momentos cruciales en la historia reciente de la marihuana medicinal ocurrió en 2006, cuando Charlotte Figi logró reducir sus ataques epilépticos producidos por el síndrome de Dravet de 400 a la semana a sólo cuatro. Se conoce a Figi como la niña que cambió las leyes de la marihuana médica en Estados Unidos. Su familia utilizó una cepa desarrollada por la compañía Stanley Brothers de Colorado que tenía mucho cannabidiol pero poco tetrahidrocannabinol (THC). Stanley Brothers luego nombró a su compañía Charlotte's Web y han logrado crear una cepa que contiene menos del 0.3% de THC, lo cual elimina casi absolutamente todo efecto psicoactivo. En tono de broma, esta cepa híbrida que combina cáñamo industrial con una planta de marihuana fue llamada "la decepción de los hippies". Los hermanos Stanley dicen que su cepa de cannabis no tiene "casi ningún valor para los consumidores tradicionales de marihuana".

Según el NYT, Estados Unidos está viviendo su momento CBD, la sustancia es el "nuevo aguacate" o "lo que era el bitcoin en 2016", entre un fad más y el Santo Grial. Diferentes celebridades celebran sus virtudes y al parecer hay algo de evidencia científica que sugiere que puede funcionar, pero no para todas las cosas para las que se promueve. Como suele ocurrir, la excitación supera a la realidad. Los entusiastas del CBD aseguran que sirve para tratar cosas tan diversas como la inflamación, el dolor crónico, el acné, la ansiedad, el insomnio, la depresión, el estrés postraumático y hasta el cáncer. La lista es tan grande que el periodista del NYT se pregunta si acaso el CBD "no representa una cura para el siglo XXI en sí mismo". Y es que vivimos en la era de la ansiedad, como ya sentenciaba Auden hace 70 años, y si algo parece poder tratar esta sustancia es la ansiedad y sus secuelas (lo demás está por verse).

Entre los productos que han surgido se incluyen aceites de baño, helados, gomitas (y gomitas para perros), ricotta y miel con CBD, sesiones de meditación o yoga aceitadas por el elixir, bebidas desintoxicantes contra la cruda, champús, labiales, antiarrugas, lociones, lubricantes sexuales... tarot, cristales mágicos y CBD. Hay una gran excitación, pero esto mismo viene de la mano de una gran confusión, pues no mucha gente sabe realmente qué es el CBD. Aunque carece de la potencia psicoactiva del THC, los usuarios hablan de un "high" corporal y no mental, como tomar un baño de vapor. Otros dicen que otorga una sensación de alivio generalizada y una ecuanimidad, como lo que se siente después de meditar o de una buena sesión de yoga. Otros lo usan como un lubricante social para tratar la ansiedad social.

El NYT señala que muchos de sus usuarios hablan de esta sustancia cannábica en un lenguaje cuasirreligioso, casi sugiriendo que muchos de sus beneficios podrían tener que ver con el signo de nuestros tiempos, el malestar de nuestra cultura, el estrés de la tecnología, el desencanto con la vida, etc. Cada era tiene una droga; la generación X dio a luz al Prozac y quizás nuestra generación más ecoconsciente, vegana y demás, encumbrará al CBD. En una sociedad dominada por los millennials, que según el Times tienden a padecer ansiedad (por el cambio climático, la incertidumbre política, el terrorismo, la inteligencia artificial, por todo), el CBD parece ser lo que el doctor ordenó o lo que nosotros mismos nos recetamos: ¿una mezcla de bendición botánica, placebo y capitalismo ecochic?:

Qué tiempo más conveniente para que la Madre Naturaleza nos brindara esta cura perma-chillax que parece encajar con todas las tendencias culturales al mismo tiempo: nuestra obsesión con el wellness y con nuestras propias personas, la llegada de las terapias alternativas al mainstream y la infatigable marcha por la legalización de la marihuana.

Algunos incluso la ven como un heraldo del empoderamiento de las mujeres, un emblema del feminismo -la suavidad de la planta y su poder medicinal-, pues muchas compañías están siendo impulsadas por mujeres. Para ser justos, hay algunos científicos, como Esther Blessing de la Universidad de Nueva York, que consideran que es uno de los medicamentos más prometedores que han surgido en las últimas décadas. Especialmente, existen indicios de que puede servir para tratar adicciones, trastornos de estrés y enfermedades mentales como la epilepsia y la esquizofrenia (aunque faltan más pruebas). El tema es que no existe ninguna evidencia de que funcione en las dosis que se están vendiendo en la plétora de productos que están desfilando en el mercado. El hecho de que un café o una gomita tenga CBD, difícilmente hará una diferencia; para que funcione, debe tener unos 300mg de CBD, según la doctora Blessing. Además, existen posibles interacciones negativas con otras medicinas.

Así que, como siempre, ni una ni otra, ni blanco ni negro, un verde brillante con tonos grises. El CBD no es la panacea, y tampoco es el viejo aceite de serpiente. No obstante, su boom es sintomático tanto de la ansiedad de nuestra época (que anhela un fácil remedio para su condición) como de la explosión de la medicina alternativa y de la mercantilización de la salud. Eso, y se siente rico cuando estás cansado y te duelen los músculos o la cabeza.