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Sapos montan serpiente para escapar de una tormenta en Australia (VIDEO)

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 01/06/2019

Captan a una pitón con un 'pasaje' de 10 sapos montados en Australia

Ride the highway west, baby
Ride the snake, ride the snake.

Jim Morrison, "The End"

Increíbles imágenes capturadas en Australia muestran a un grupo de sapos montando una serpiente durante una fuerte tormenta. En las imágenes subidas a la red por Paul Mock, del poblado de Kununurra, en el oeste de Australia, se ve a unos 10 sapos de caña (Rhinella marina) montados sobre una pitón de 3.5m que se mueve sinuosamente en el pasto.

Temiendo que la tormenta de 70mm de lluvia causara una inundación cerca de su propiedad, Mock salió en la noche y encontró a la pitón local Monty, que estaba también huyendo de la tormenta, pero con una banda de sapos que habían "pescado" un ride.

A Mock le pareció fascinante que la serpiente no se interesara en alimentarse de los sapos. Lo más extraño es que, tras analizar las imágenes, diversos biólogos sugieren que en realidad los sapos de caña se intentaban aparear con la serpiente, colgados de su piel viscosa, buscando la supervivencia en medio de los extremos de la naturaleza.

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Como penitencia de confesión, Amphilochios de Patmos pedía que se plantara un árbol

La isla de Patmos, además de ser sumamente bella, es un lugar importante para la religión cristiana, pues se cree que allí se escribió el Apocalipsis de San Juan, el último libro de la Biblia. Esta isla, a la par de ser un lugar turístico para cristianos y no cristianos que buscan la belleza de sus playas, es centro de un importante monasterio. El monje Amphilochios de Patmos vivió buena parte de su vida allí y restauró algunos de los templos de la isla pero, más aún, reforestó el lugar, en un hermoso gesto que funde la fe con el amor a la naturaleza.

Amphilochios de Patmos nació en 1889 y entró al monasterio de San Juan el Teólogo en Patmos desde los 17 años. En 1913 viajó a Monte Athos, la famosa isla montañosa que ha sido el gran bastión del cristianismo ortodoxo en su veta mística y es actualmente Patrimonio de la Humanidad. En Athos aprendió carpintería y posteriormente regresó a Patmos, donde fue ordenado diácono. Amphilochios tuvo una vida primero inclinada a la contemplación monástica, que incluyó algún tiempo en la "cueva del Apocalipsis", pero luego tuvo que cumplir funciones clericales.

Según el obispo Kallistos Ware, lo que caracterizaba a Amphilochios es que era un ecologista antes de la ecología. Su frase célebre era "Amen a los árboles. Quienes no aman a los árboles no aman a Cristo". Y según el obispo Kallistos, tenía la costumbre de dictar como penitencia de confesión a las personas de la isla que plantaran un árbol. Plantar un árbol era su oración de penitencia y su alabanza a la divinidad. Y luego Amphilochios, quien se convirtió en el viejo guardián de la isla hasta su muerte en 1970, iba a checar los árboles para ver que estuvieran sanos y fueran regados. Al parecer, este hábito hizo que con el tiempo la isla se llenara de árboles. Algo muy apropiado para su fe y para el bienestar del lugar, pero que además nos regala una bella historia que mezcla la espiritualidad con la ecología, dos aspectos de la existencia que en realidad no pueden disociarse del todo, pues como ha dicho, por ejemplo, el monje zen vietnamita Thich Nhat Hanh, el problema ecológico del mundo es en realidad un problema espiritual, que parte de la concepción del ser humano como separado de la naturaleza.