*

X
La peligrosa idea de pensadores inclinados al gnosticismo como Böhme, Hegel o Jung

Con él estaba yo (Sophia)

ordenándolo todo,

Y era su delicia de día en día.

Proverbios 8, 30

 

Una de las reflexiones teológicas más fascinantes es la que se pregunta por la razón de la existencia del universo. ¿Qué es lo que podría mover a Dios a crear un universo en el que aparentemente existe otredad, separación e incluso sufrimiento y mal? ¿O por qué una divinidad, que es descrita como la perfección misma y como tal sin carencia alguna, habría de crear un mundo? Un hadith islámico dice: "Yo era un tesoro oculto que quería ser conocido; por eso creé el mundo". Mucho se ha comentado esta frase. Se ha sugerido que la Creación, que es también la limitación del absoluto, es, paradójicamente, una manifestación de la naturaleza ilimitada de la divinidad, una de sus infinitas posibilidades. Ibn Arabi comenta: "Él deseó ver Su propia esencia en un objeto global el cual, habiendo sido bendecido con la existencia, resume la totalidad del orden divino para que ahí Él pudiera manifestar Su misterio a Sí mismo".

En el cristianismo generalmente se considera que el universo, siendo una creatio ex nihilo, es el acto supremo del amor de Dios que dona el ser, en su bondad excesiva, a lo inexistente -y lo dona constantemente, pues el mundo es también una creatio continua, una creación eterna, de la misma manera que en la vida intertrinitaria, en la perichoresis, el Padre, el Hijo y el Espíritu están compartiendo siempre su ágape-. El ser humano es quien recibe este regalo de belleza infinita -una invitación a lo trascendente en lo inmanente- y quien está llamado a aceptar el regalo de manera consciente, a decir "sí" a Dios, a la propuesta que hace la divinidad con la naturaleza entera para celebrar una boda al fin del tiempo. Teólogos como Eckhart o Dionisio entienden que fundamentalmente Dios es incognoscible y no se accede a una unión mística más que a través de una vía apofática, de un desconocimiento, de lo que se ha llamado luego una "docta ignorancia" o una "noche oscura": un desandar, un desnudarse y desapegarse de todo lo creado. La divinidad es una "oscuridad brillante", que trasciende el ser mismo, no es un ente más -ni siquiera el más poderoso- en una lista de entes, y aunque genera el mundo a través de un "poder extático supraesencial", siendo la unidad de todas las cosas y el mismo impulso erótico que mueve a todos los seres, yace más allá de todo concepto y designación, por lo cual sería demasiado osado, si no absurdo, intentar sondear su raciocinio o proceso intelectual de creación. 

La interpretación que generalmente se hace en el hinduismo es que la creación es la lila o el juego divino de Dios, que en su suprema creatividad expresa su esencia a través de la manifestación de innumerables mundos y seres que son su recreo y deleite, pues la divinidad es el Purusha, el supremo disfrutador del cosmos material. Generalmente se considera que la divinidad tiene tres atributos, una suerte de trinidad, Sat-Chit-Ananda: ser, conciencia y deleite. Esto nos permite entender que el universo está hecho para el deleite del ser que es conciencia absoluta. Y en el caso de los avatares, en la tradición vaishnava, éstos encarnan en el mundo para rectificar el dharma o proveer una vía actualizada al cariz del tiempo para que el ser humano pueda alcanzar lo divino, no del todo distinto a la idea patrística de que Dios se hizo hombre para que el hombre pudiera hacerse Dios. En el caso del bhakti de Krishna, como se expresa en la Bhagavata Purana y luego particularmente entre los devotos de la secta de Bengala (gaudía), el descenso de Dios al mundo es entendido ya no sólo como una rectificación moral sino como un deseo de experimentar el deleite del amor devocional. En el caso de Chaitanya, quien es considerado avatar de Krishna, esto se lleva a un condición radical: desear experimentar las deliciosas relaciones eróticas (no carnales sino espirituales) que las pastoras (gopis) de Vraja tuvieron con Krishna en el eón pasado, por lo cual el santo Chaitanya desciende no sólo como Krishna, sino en el modo erótico de Radha, su gopi preferida y shakti. De esta manera, al mismo tiempo Dios experimenta la máxima intensidad emocional de la devoción y por otro lado responde al clamor de sus devotos al brindar una base práctica -en imitación de Krishna-Chaitanya- para que los devotos experimenten la misma divinidad y se unan con Él o Ella. Notablemente, estos avatares suelen vivir una especie de amnesia divina por un cierto periodo (o de manera intermitente) al someterse al maya del mundo, sin embargo, ésta sumisión es descrita como voluntaria y como un acto de compasión a los devotos que con la pureza de su devoción magnetizan a la divinidad.

Para acercarnos más al punto de lo que quiero explorar aquí, veamos lo que dice Sri Aurobindo sobre la cuestión puesta al principio de este artículo:

Preguntas cuál es el principio de todo esto:

Y es esto…

La existencia que se multiplicó por sí misma

Por el puro deleite de ser

Y se proyectó en trillones de seres

Para que pudiera encontrarse a sí misma

Innumerablemente.

(Thoughts and Glimpses)

Esta frase conjuga tanto la noción clásica hindú de la razón de ser del universo como el deleite de la deidad, como una noción un tanto más esotérica y controvertida, de que la divinidad se encuentra a sí misma en el universo. Aurobindo no es precisamente ortodoxo dentro de su tradición (si bien es cierto que el hinduismo suele asimilar o cooptar la heterodoxia en vez de condenarla) e interpreta el cosmos dentro de una lógica evolutiva y dialéctica, cercana al pensamiento de Hegel con el que tenía varias similitude. Su conocida máxima dice: "La materia es vida encubierta; la vida es mente encubierta; la mente es espíritu encubierto" (espíritu que es supramental o supraconsciente). Y vemos aquí un proceso de desvelamiento progresivo o síntesis del espíritu absoluto, a la Hegel. El mismo Aurobindo interpreta el famoso himno de la creación del Rig Veda 10.129 diciendo que el Uno que desea y que con su ardor crea el mundo, no es actualidad pura (como en Aristóteles) sino potencia inmanifiesta, es decir, un potencial ilimitado de ser que al limitarse y generar el universo entra en un proceso de evolución que no es más que la materialización del espíritu (simbolizada por el Dios que se sacrifica), con su inversión o regreso a su causa, y entonces también una espiritualización de la materia (que es simbolizada por la reconstitución del Dios en el sacrificio que realiza el hombre, sacrificio que reocurre internamente en el yoga). Esto puede leerse también como un proceso a través del cual la divinidad se hace completamente consciente de sí misma. El universo como el cuerpo en el cual Dios se hace consciente de su propia naturaleza divina. Ahora bien, esta lectura es un tanto polémica, pues implicaría que la divinidad no crea el mundo como una decisión libre y consciente o por puro exceso de su bondad, sino que el mundo es su conciencia, o al menos el transito o síntesis de un potencial de conciencia hacia una actualización de esa conciencia, o un hacer consciente el inconsciente, siendo la divinidad el Yo del Universo. Esto se relaciona fácilmente con la idea de Hegel de que Dios se hace consciente en la conciencia de los individuos y la historia es la manifestación y el desdoblamiento del espíritu que se va integrando cada vez más, hasta, como si fuere, despertar y autorrealizarse absolutamente.Ciertamente Hegel puede leerse (en una de las múltiples lecturas que admite su pensamiento) como un pensador gnóstico, algo que comparte con Carl Jung, el psicólogo suizo que llevó en gran medida las ideas de Hegel y Schelling (aunque hurgando también en la tradición gnóstica y alquímica) a un aspecto psicológico y teúrgico. De la misma manera que el Espíritu empuja, por una tensión inherente por hacerse consciente en la historia y crea la cultura (arte, religión y filosofía), un espíritu, que Jung llama el "arquetipo del sí mismo", empuja en la oscuridad de la psique hasta manifestarse, haciendo una síntesis del inconsciente y la mente consciente que es una iluminación de todo lo que yacía en la oscuridad, incluso en el sentido bíblico, pues "una luz brilló en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron". Jung busca que la oscuridad comprenda la luz, que el arquetipo del sí mismo o Dios se haga consciente, que se produzca la iluminación de la conciencia, para lo cual la luz debe comprender a la oscuridad, lo que en su psicología se conoce como integrar la sombra.

Tal es el sentido del "culto divino", es decir, del culto que el hombre puede prestar a Dios para que la luz surja de las tinieblas, para que el Creador se haga consciente de su creación y el hombre de sí mismo… El hombre, en virtud de su espíritu reflexivo, se ha destacado del mundo de los animales y demuestra, por medio de su espíritu, que la naturaleza ha puesto en él un elevado premio, y precisamente a la evolución de la conciencia. A través de ella se adueña de la naturaleza, al reconocer la presencia del mundo y confirmar en cierto modo al Creador. De este modo el mundo se convierte en fenómeno, pues sin reflexión consciente no lo sería. Si el Creador fuera consciente de sí mismo, no necesitaría ninguna criatura consciente.

(C. G. Jung, Recuerdos, sueños, pensamientos)

El ser humano, entonces, está llamado a realizar una conjunción de los opuestos, un acto de alquimia simbólica en el que lo femenino y masculino, la materia y el espíritu, el inconsciente (los arquetipos) y lo consciente (el ego) se integran. Este es el proceso de individuación en el cual se recapitula -en un microcosmos-, el proceso de la creación del universo, pero también el mito de de la expulsión del paraíso (que es el brote de la conciencia individual) y la resurrección de Cristo (que es la individuación o síntesis del arquetipo del sí mismo). O, también, la deificación del hombre como la encarnación continua de Dios, lo cual es igual, para Jung, a su hacerse consciente. Jung reconoce a Heráclito (con su enantiodromía) como uno de sus antecedentes y por supuesto nos habla de que encontró confirmación de sus ideas en la tradición alquímica, poco o nada nos dice de su similitud con Hegel o con Böhme (a quien cita, pero no como una inspiración directa de su teología psicológica).

Como ya fue sugerido, podemos encontrar, aunque no usando la palabra "inconsciente" obviamente, esta misma idea bajo ciertas lecturas de una mística apofática cristiana y neoplatónica, en el sentido de que Dios es incognoscible, simple y supraesencial, y por lo tanto no puede ser aprehendido conscientemente ni él mismo ser consciente, pues la conciencia implica diferenciación o individuación, ser consciente de otro objeto, de lo que Heidegger llamó lo óntico, y Dios no es una "cosa" o un "ser" entre otros seres. Pero esta noción que será central igualmente para Hegel como para Jung se empieza a formular dialécticamente en Jakob Böhme, quien fuera tan influyente entre los pensadores del idealismo y el romanticismo alemán. Böhme fue un humilde zapatero que vivió a finales del siglo XVI y a principios del siglo XVII y que tuvo una serie de experiencias místicas que lo impulsaron a dejar una obra altamente original, acaso llegando a algunos de los mismos "abismos" metafísicos que el neoplatonismo y la teología apofática, pero sin tener contacto con estas doctrinas. Böhme está muy lejos de ser un pensador sistemático y su prosa es famosamente enigmática aunque no sin tener una gran fuerza poética y una intuición mística difícil de igualar, así que se presta a diferentes lecturas, y en algunos pasajes parece decir que la divinidad descansa en su propia sabiduría por la eternidad. Aun así habla de Dios como un abismo (Ungrund) inaccesible e incognosible y algunos dirían inconsciente. En su propio abismo, "Dios no conoce lo que es. Pues no conoce principio y nada como sí mismo, y tampoco final" (Aurora, capítulo 23). En este abismo se produce una especie de hambre o anhelo de "darse y mostrarse a sí mismo". Este deseo se convierte en una especie de tormento divino que altera la pureza de la deidad, pero paralelamente a este deseo, a veces traducido como "ira divina" (identificado con el Padre), se produce un deseo de regresar al estado de unidad y deleite de la deidad y ese es el amor divino (identificado con el Hijo o Logos). Esta interacción entre la ira divina y el amor divino (que es identificada con el Espíritu Santo) genera la dinámica para la manifestación y procesión del universo. Sin esta oposición o conflicto, dice Böhme en La Vía de Cristo, "el dios oculto permanecería desconocido a la vida natural". Böhme introduciría un cuarto elemento a su visión trinitaria, Sophia, la sabiduría de Dios, que es tanto el espejo de la divinidad en el mundo, como la matriz divina del mundo en la cual el hombre se deifica. No será difícil ver al lector cómo lo anterior prefigura notablemente algunas de las ideas claves de Hegel o la alquimia psicológica de Jung o incluso también del inconstante pero genial Schelling (al menos alguna de sus versiones). Y tendría otro destacado avatar, de una manera completamente inmanente, en la filosofía procesal de Whitehead, que ha dado luz incluso a una teología procesal. Como escribió en Proceso y realidad: "Dios es completado por el individuo, en fluidas satisfacciones de hechos finitos, y las ocasiones temporales son completadas por la unión eterna con sus seres transformados, purgados hacia la conformidad con el orden eterno que es la 'sabiduría' absoluta final". Aquí ya tenemos algo más que una sinergia entre Dios y la creación, pues se puede leer que es la misma creación la que es, paradójicamente, la creadora de Dios en tanto su naturaleza última como divinidad. Y así el panteísmo o panspsiquismo de Whitehead puede fácilmente devenir en un ateísmo, como algunos también han leído subversivamente a Hegel (por ejemplo Feuerbach). 

Una última consideración merecería hacerse sobre la postura del budismo. Es famosa la negativa del Buda a responder a las grandes preguntas metafísicas -para no desviarse de aspectos prácticos de la vida espiritual- y además se suele notar que el budismo es una religión no teísta. Dicho eso, esta noción de que la divinidad se hace consciente de sí misma en el proceso del mundo, no es difícil de incrustar dentro de ciertas escuelas budistas, especialmente si se cambia el término "Dios" por "mente" o "conciencia". Pues es indudable que en el budismo, al menos a partir del mahayana, existe un principio mental eterno, el cual al confundirse sobre su propia naturaleza genera el samsara y el cual al reconocer su naturaleza, lo que en gran medida significa notar que todos los fenómenos están vacíos o existen solamente en relación a la propia mente, entonces despierta al nirvana, que no existe realmente separado del samsara, no es otra dimensión de realidad, sino esta misma realidad reconocida por lo que realmente es. Samsara: ignorancia; nirvana: sabiduría Ahora bien, este mismo proceso puede describirse como un primero caer en la inconsciencia (o ignorancia) y luego un cobrar conciencia (sabiduría, budeidad). Es conocido el relato budista que habla, de manera similar a la historia gnóstica de la perla, de un príncipe heredero que viaja a otro reino y olvida que es un príncipe, que su condición es la de un monarca. Esta es la alegoría del drama que todos vivimos: hemos olvidado quiénes somos realmente, nuestra identidad o ego humano es el resultado de un lapsus (que se repite y reafirma en cada percepción). Recordar enteramente quiénes somos es despertar a la budeidad que es nuestra naturaleza esencial inalienable, sólo temporalmente oscurecida. El traductor de textos tibetanos Herbert Günther sugiere que la filosofía del dzogchen (el más alto vehículo del budismo tibetano), en su descripción de la caída o desvío hacia el samsara y su posterior despertar a la budeidad o iluminación, puede leerse como una "totalidad perdida y una totalidad recobrada", es decir, el Todo, que es pura conciencia sin contenido (en esencia apofática), se confunde y se divide, creando un mundo dual de sujetos y objetos, para luego encontrarse y alcanzar un misterioso conocimiento no-dual, en el que siguen existiendo los fenómenos, pero éstos son experimentados holísticamente, con una intensidad extática que es la propia inteligencia del universo excitándose para conocerse a sí misma. El maestro zen Hakuin Ekaku escribió en un famoso poema: "De la misma manera que sin agua no hay hielo, sin los seres no hay Buda". Es decir, Buda sólo existe en respuesta a este proceso de caer en la ignorancia y entrar en el samsara para despertar a los seres que sufren y por lo tanto se podría leer que en el budismo también el universo es la forma en la que la mente prístina (cuyas cualidades son ciertamente similares a lo que llamamos "divino") se hace consciente de sí misma, y este hacerse consciente de su propia naturaleza (que es, al final, supraconsciente) es el drama de la existencia, un drama que, sin embargo, no es entendido como una tragedia o un proceso dialéctico que se desdobla en la historia, sino más bien como un espectáculo mágico, como una benigna y hermosa ilusión, como lo es un arcoíris, por ejemplo, y el mismo cosmos es visto como un campo búdico, el adorno de la mente de sabiduría. A diferencia de lo que piensan Hegel y Jung, el despertar a esta conciencia iluminada divina -en el vajrayana y en el dzogchen- no es algo que requiera de un "proceso", de una evolución personal o colectiva, ni de una síntesis o conjunción de opuestos;  es algo que es reconocido en el instante, en la eternidad del aquí y el ahora, que ya ha ocurrido y seguirá ocurriendo siempre. Pues todo conflicto es esencialmente ilusorio, aunque quizá paradójicamente, sin eso que percibimos falsamente como un conflicto -el samsara o la caída en la ignorancia- no habría budas, no habría esta integración de la conciencia del todo en la parte, en la que la gota descubre que es el océano, pero sin dejar de ser la gota -lo cual es lo más maravilloso, pues de otra forma sólo tendríamos una inefable fusión acosmista con el absoluto (Brahman), como parece ocurrir en el vedanta no-dual de Shankara-, y no la conformación de un universo como un mandala o un palacio de luz. Guenther comenta y traduce al bodhisattva tibetano Longchenpa, que visualiza el estado de iluminación del cosmos como un palacio de dicha eterna que es la majestuosidad misma de un rey o buda (que no es una persona sino un proceso), a veces llamado Kuntuzangpo: "La vida mental, encarnada en nosotros como seres humanos se esparce a través del universo. ¿No es esto algo digno de celebrarse?"

Dentro del castillo decorado con el despliegue de la riqueza espontánea (del Ser),

yace sentado en su trono el rey Cognitividad prístina autoexistente;

y mientras tanto todas las ondulaciones creativas de su cognitividad prístina (asumiendo)

la semblanza de un (continuo) ir y venir, se han convertido 

en los ministros (del Rey) administrando sus dominios,

el rey, junto a su noble reina Disposición a la cognitividad prístina autosuficiente,

y sus hijos y sus sirvientes,  autoemergentes concesionarios del sentido [los sentidos perceptuales],

yacen inmersos en el movimiento extático del deleite último, brillando en su propia luz,

sin división alguna.

(The Matrix of Mystery, 120)

*  *  *

 

Más allá de toda esta discusión especulativa, debo mencionar que este es uno de los más abstrusos senderos de exploración metafísica y no es fácil obtener una respuesta definitiva, por lo cual dejaré un poco abierta la cuestión. Lo que sí me parece cierto es que el sentido y propósito del mundo y de la existencia humana es hacerse consciente de la divinidad (nosotros hacernos consciente de ella), pero esto no necesariamente es lo mismo a decir que la divinidad se hace consciente en el mundo y en el ser humano, pues se puede argumentar que la divinidad es consciente eternamente, es decir, es conocimiento absoluto, omnisciencia. El Ser, según notó Parménides, es en esencia inteligible; esto no es que el Ser puede ser entendido o conocido, el Ser es inteligencia o conocimiento, sin que haya separación entre su esencia y su existencia. Dicho eso, es cierto que tener una divinidad consciente, como entendemos generalmente la conciencia (experiencia subjetiva de un mundo objetivo), difícilmente parece algo sostenible metafísicamente (por eso Parménides intentó negar lógicamente la existencia del cambio y con ello del mundo objetivo, pues sólo existía el Uno). Por otro lado, algunas tradiciones encontraron una variedad de términos, algunos muchos más sutiles que nuestra muy limitada palabra "conciencia", para describir una pura cognitividad no-dual (por ejemplo turiya, el misterioso "cuarto estado" o el rigpa de los tibetanos, por citar sólo dos términos), que acaso permitiría que el absoluto fuera, desde siempre, pura conciencia de sí (como también lo era el dios de Aristóteles), aunque ciertamente no conciencia de algo más, pero que, además, pudiéramos misteriosamente acceder y actualizar esa "conciencia" individualmente. Asimismo, un Dios que toma una decisión de crear el mundo como nosotros decidimos veleidosamente comprar un cereal en el supermercado o ver una película parece un tanto ridículo y antropomórficamente reduccionista. Este deseo o voluntad de crear el mundo difícilmente se puede describir como una decisión consciente, debe de ser más bien, como lo describe un teólogo como Serguéi Bulgákov, la coincidencia o unidad de la libertad y la necesidad en Dios (algo a lo cual quizá algunos artistas logran acercarse cuando crean dejando que se manifieste la mente inconsciente o en una ráfaga de espontaneidad pura que hace pensar en la manía divina descrita por Platón). Debe de ser la esencia de la divinidad crear -y en el mismo instante que crea (que es la eternidad) conoce su creación-, la manifestación de su propia eternidad sobreabundante, esa plenitud que describe el Isha Upanishad: "De la Plenitud viene la plenitud. Si la plenitud es tomada de la Plenitud, la Plenitud permanece". O esa autoebullición efervescente (bullitio) en la que consiste la vida de la deidad, según Eckhart, y que nos recuerda el tapas del himno védico, el ardor divino que engendra a la mente y el fuego de la ira divina del dios de Böhme. Esto no tiene que suponer un conflicto endémico en la divinidad, una conflagración original o un proceso a través del cual se completa o se realiza. Puede ser entendido como un regalo, pura gratuidad, un exceso de bondad, de luminosidad creativa, que no busca necesariamente completarse sino simplemente celebrarse. Yo era un tesoro oculto que quería ser conocido. Quizá sólo sea el lenguaje el que nos hace suponer que el "querer" y el "conocer" son dos cosas temporal y espacialmente separadas. Si la divinidad es omnipotente, desear o pensar es ser. El "tesoro" es perfecto en sí mismo, como el oro, no necesita ser completado ni transfigurado y sin embargo puede ser  disfrutado, ya que es también infinito, en una comunión. El ser (Sat) que es conciencia absoluta (Chit) tiene por esencia también el deleite (Ananda), el despliegue de su gloria. Quizá el universo entero no sea más que la exuberancia de un pavo real en su danza iridiscente, divina seducción, exceso erótico. Pero como dice el mismo himno de la creación del Rig Veda:

¿Esta creación de dónde surgió? 

           Quizás fue producida o quizás no. 

           El que la vigila desde el cielo más alto,

           él sólo lo sabe. O quizás no lo sabe.

La mejor respuesta al misterio es el asombro, la curiosidad filosófica, el thaumazein de los griegos y la mejor respuesta a lo sublime, a la inmensa belleza del cosmos, es la devoción y la alabanza. En este sentido, y haciendo una concesión a Böhme, Hegel y Jung, y a los mismos alquimistas con sus fabulosas operaciones teúrgicas y teratológicas, me ha parecido adecuado concluir con un poema a ese fantástico "Dios inconsciente" o a esa divinidad que se conoce y glorifica en el mundo, que hace lúcido su sueño: el universo.

Canto a un Dios inconsciente

I am the whore and the holy one.

I am the wife and the virgin...

I am the bride and the bridegroom,

and it is my husband who begot me.

I am the mother of my father

and the sister of my husband

and he is my offspring.

"The Thunder, Perfect Mind" (poema gnóstico)

 

Soy la hoja que separa la noche del día, 

el abismo en el que el dios se arroja,

el altar de su inmolación,

la materia en la que se extravía

y la chispa de su redención.

Soy la oscura tierra saturnal,

la rosa profunda,

la boca virginal,

la abeja que fecunda...

Soy el Viejo Tiempo

y el Niño que juega en el mar, 

con las piedras y el viento. 

Soy el espíritu que sopla

por donde quiere 

y la grieta

por donde la luz hiere. 

Soy la boda del cielo y la tierra

y el rocío que la sella.

Soy la lengua de fuego y agua

el beso de la mujer quemada por el Sol,

el bautizo del hombre que llega

con la espada  del juicio y del amor.

Soy la cabeza cortada del cuervo, 

el calabozo de las bestias

el león del abismo protervo

y todas las batallas siniestras...

                                     Hasta que el diluvio llega a su final 

                                       y se asoma la cola del pavo real.  

Soy el Behemoth que va por la montaña,

el Leviathan que aletea en la hondonada

y hasta esa tosca y satánica bestia

que al final deberá ser asimilada

en la síntesis del espíritu universal.

Soy el hombre que despierta,

bajo un árbol al amanecer

viendo a los ojos a la diosa de la belleza,

su estrella infinita,

después de vencer a la Muerte

y su legión demoníaca,

espectros de la mente.

Soy la serpiente que sube por el tronco

y enhiesta es un ave celeste.

Soy la manzana dorada

que crece en la isla bienaventurada,

los frutos de la hercúlea labor,

la inmortalidad y su licor. 

Soy el héroe que mata al dragón

y la ninfa que ávida se entrega al ganador.

Soy la mujer que baila con la cabeza del profeta,

la que derrama la copa intoxicada

por la luna, el vino y la sangre.

Soy el hombre que penetra la tierra,

que muere como la semilla de trigo

y renace en el fruto del vientre.

Soy ella que lleva el velo y cuida el fuego,

la mujer cuyo fruto es el sol,

la que duerme con el corazón despierto,

la esposa del Cordero.

Soy la centella que se aleja de un fuego eterno,

que se separa para que Dios experimente

su propia creación como un sueño

hasta volverse consciente.

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Twitter del autor: @alepholo

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Meditación de los cuatro inconmensurables: los pensamientos que llevan a las moradas divinas

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/05/2018

Una guía práctica para meditar sobre los cuatro inconmensurables y generar bodhicitta, la mente búdica

El budismo puede considerarse una ciencia de la mente (sin dejar de ser una religión) y en sus más de 2 mil 500 años de existencia ha generado una serie de prácticas dedicadas a cultivar emociones y pensamientos positivos que transforman la conciencia y se difunden por el cuerpo como una sustancia alquímica. 

Uno de ellos es la práctica de los cuatro inconmensurables, también llamados en sánscrito brahmavihāras, literalmente las "moradas de Brahma", una referencia a la dimensión divina que genera el cultivo de los cuatro inconmensurables, igualmente conocidos como "las actitudes sublimes". Aunque existen perspectivas que indican que los cuatro inconmensurables predatan al budismo, el budismo los emplea de manera muy hábil para producir lo que dentro del mahayana (el vehículo universal) se llama bodhicitta, esto es, la mente de la iluminación o despertar. En otras palabras, cultivar amor bondadoso (maitrī en sánscrito), compasión (karuā), alegría empática o regocijo (mudita) y ecuanimidad o imparcialidad (upekṣā) es la estrategia más efectiva, según la experiencia de cientos de miles de meditadores budistas durante milenios, para alcanzar la iluminación. En este artículo revisaremos qué significan estas cuatro actitudes o pensamientos y presentaremos una meditación para cada uno de ellos, a partir de las enseñanzas del maestro de meditación budista Alan Wallace.

En el budismo tibetano se suele utilizar la siguiente oración que abarca los cuatros pensamientos inconmensurables:

Que todos los seres posean la felicidad y sus causas [amor bondadoso o benevolencia].
Que todos los seres estén libres del sufrimiento y de sus causas [compasión].
Que todos los seres permanezcan para siempre en el gozo [alegría empática].
Que todos los seres permanezcan en ecuanimidad, libres de la aversión y del apego [ecuanimidad].

Tony Karam, director de la Casa Tíbet de México, explica que "El cultivo de los pensamientos inconmensurables tiene como objetivo a todos los seres sensibles"; es por ello que se consideran inconmensurables, ya que abarcan a todos los seres del universo y, también, "porque producen efectos inconmensurables, fortalecen virtudes y cualidades positivas que determinan la calidad de la vida presente y, desde la óptica budista que contempla el renacimiento, de nuestras vidas futuras".

 

Una breve introducción al shamatha

Antes de realizar las prácticas de los cuatro inconmensurables recomendamos practicar un par de minutos una meditación para aquietar la mente, utilizando la técnica de shamatha (pacificación de la mente). Primero, establece una posición meditativa: generalmente se recomienda sentarse en el suelo sobre un cojín, pero puede ser también en una silla o en cualquier posición que mantenga la espalda recta. Antes de iniciar la meditación como tal, tómate unos momentos para observar tu posición, liberar tensión y relajar los músculos: debes estar completamente relajado pero manteniendo la espalda recta. Cada vez que notes que estás tensando alguna parte del cuerpo, sin hacer esfuerzo, suelta la tensión al exhalar. 

Si lo consideras apropiado puedes, al iniciar tu meditación, hacer una invocación o un llamado para recibir las bendiciones de los budas o los seres iluminados de cualquier religión con la que sientas afinidad (igualmente, durante las meditaciones de los cuatro inconmensurables puedes cambiar las menciones budistas a tu propia religión o contexto espiritual). Puedes imaginar que recibes la luz de la sabiduría y la bondad de estos seres infinitos. Que esta bendición es utilizada para tu propio beneficio y el beneficio de todos los seres. Al terminar la meditación puedes tomarte unos segundos para dedicar todo el mérito y todas las sensaciones de paz y claridad que has logrado a la felicidad de los seres sensibles.

Para la práctica de shamatha, la más sencilla forma de comenzar es poner atención a la respiración. Puedes llevar tu atención a las sensaciones táctiles que se producen en tu nariz al inhalar y exhalar el aire; concéntrate en esa zona y, si empiezas a divagar, solamente regresa la atención a la respiración (esta es la esencia del mindfulness; no una concentración perfecta, sino la recolección de la atención). Si te cuesta trabajo mantener la atención únicamente en la respiración puedes contar cada inhalación y respiración como una unidad y continuar hasta 21, o incluso repetir un mantra. Lo importante es establecer tu mente en lo que se conoce como su estado natural: tranquila y clara. 

Alan Wallace ofrece una meditación dirigida de shamatha en este enlace (empieza en el minuto 8:00), utilizando la técnica de asanga, en la que la concentración con cada aliento se lleva a todo el campo somático, es decir, todas las sensaciones corporales que se corresponden al inhalar y exhalar. "Cualquier pensamiento, imagen, o evento mental que surja, no le prestes atención de manera deliberada. Deja que se desvanezcan". Mientras que existen movimientos en la mente y en las sensaciones, la atención se mantiene fija y quieta.

Wallace provee un tip muy útil, que toma del gran maestro Padmasambhava. Al momento de inhalar se intensifica la atención, la conciencia de esa misma respiración, el aire entrando por las fosas nasales y esparciéndose por el cuerpo o algún punto que se elija; pero al exhalar, la atención se suelta completamente, se relaja. Cuando inhalas vuelves a llevar la atención al proceso de la respiración y al exhalar sueltas, y así sucesivamente.

Establecer una práctica de shamatha ayuda para todo tipo de meditaciones, ya sean de compasión, analíticas y demás. 

 

MEDITACIÓN DE LOS CUATRO INCONMENSURABLES

A continuación presentamos cuatro meditaciones, una para cada uno de los inconmensurables, según fueron enseñadas por Wallace en un reciente retiro que estuvo disponible en su sitio web. En los audios, primero se hace una introducción y se genera la motivación adecuada y luego se prosigue con la meditación como tal. El esquema general es primero aplicar el inconmensurable sobre el cual se medita a uno mismo, luego a personas en específico con las cuales tenemos vínculos y después a todo el mundo. 

*    *    *

1. Amor bondadoso

12:02: Alan Wallace hace una introducción en la que cita las palabras del Buda sobre la motivación del amor bondadoso.

La meditación empieza en el minuto 19:09.

Sigue el audio de la meditación en inglés

En El banquete, Platón coloca la siguiente frase en los labios de la sacerdotisa de Eros, Diotima: amor es el deseo de lo bueno para siempre. Este es el verdadero amor bondadoso: querer el bien para siempre, para todos. Podemos meditar en ello.

Tony Karam señala que el amor bondadoso es la noción de que:

Todos los seres comparten algo en común: buscan la felicidad y el bienestar genuino y duradero. Todos los seres merecen actualizar estas metas y la exploración de las causas genuinas a través de las cuales pueden ligar estos efectos. [El amor bondadoso es] generar un vínculo para lograr esto y participar y sustanciar esta empresa de la búsqueda de la felicidad.

 

Introducción de Alan Wallace parafraseada:

Primero, establece tu cuerpo y mente en su estado natural, como con un suspiro de alivio, dejándolo sumirse en el fondo del ser. 

Pensamos en el amor bondadoso aquí como un des-ocultamiento de nuestra capacidad natural de amar y ser generosos, la cual existe no sólo como una capacidad sino como la cualidad inherente de nuestra conciencia prístina, la naturaleza búdica. Sólo espera ser revelada, y al cultivarla en la práctica alineamos nuestros pensamientos y aspiraciones con los impulsos que brotan de la naturaleza búdica en sí misma, permitiendo que brillen en todas direcciones. Descubrir y desarrollar son las dos caras de la misma moneda.

Que todos los seres sean felices y estén protegidos. Que sus mentes estén contentas... todos los seres, débiles, fuertes, altos, bajos, grandes pequeños medianos, visibles e invisibles. Aquellos que habitan cerca y aquellos que habitan lejos, aquellos que han nacido y que no han nacido, que todos los seres sin excepción sean felices. 

Deja que los pensamientos ilimitados de amor llenen el mundo, abajo y arriba, a lo largo y ancho, sin obstrucción, que desaparezca el odio, que se extinga la envidia. 

 

Propiamente, la meditación comienza así:

Primero haz que surja tu visión, tu visión única de la felicidad verdadera. ¿Cuál es el deseo de tu corazón? Se dice en las enseñanzas budistas del shamatha que es la alegría la que calma la agitación de la mente. ¿Cuál es la alegría que calmaría tu mente? Te invito a que consciente e intuitivamente afirmes la realidad de tu propia naturaleza búdica, tu propia capacidad infinita para el bienestar, para la compasión y la sabiduría, abastécete de la energía creativa y del poder de tu propia conciencia. Deja que esta naturaleza búdica, esta conciencia prístina, se afirme a sí misma. Simbólicamente visualiza una esfera de luz blanca radiante, del tamaño de una perla, en el centro de tu pecho, en el chakra del corazón. Este es el surtidor de tus deseos más profundos, la fuente del cumplimiento de todos tus deseos. Y, como si fueras a levantar agua de un pozo, con cada exhalación imagina cómo brotan incontables rayos de pura luz blanca emanando de esta perla, difundiéndose por todas las células de tu cuerpo, todos los aspectos de tu mente, de todo tu ser. Y con cada exhalación generas la aspiración de encontrar la felicidad que buscas.

Con cada respiración ve cómo la luz consume en tu ser todo lo que obstruye el flujo de la energía del amor bondadoso. Imagina cómo tu ser se llena de esta luz de tal manera que tu cuerpo se convierte en un cuerpo de luz, transparente, radiante y vacío. Una encarnación de amor bondadoso. Imagina que tu cuerpo está sobresaturado de esta luz hasta el punto de que ya no puede contenerse y se expande como un campo de luz en todas direcciones, abarcando el espacio en el que te encuentras y a todas las personas que te rodean. Con cada respiración el campo de luz de amor-bondad se expande, desde la esfera de luz en tu corazón hasta ir cubriendo toda la región en que te encuentras, la ciudad, el país, el mundo, el universo, en todas las direcciones del espacio en las que existen seres sensibles. Todos felices, libres de aflicciones y sufrimiento.

Por último, abandona toda visualización, todos los objetos de la mente, todas las aspiraciones y descansa en tu propia conciencia autoluminosa.

 

Meditación resumida:

Primero establécete en la posición meditativa, dirige tu atención a tu respiración, relaja tus músculos. Sitúate en el espacio de tu conciencia. Libera tus pensamientos y suelta todas tus preocupaciones. Imagina una experiencia, un momento, una sensación de genuina felicidad, de amor. Visualiza esa expresión de tu más alta realización. Al inhalar imagina cómo se forma una esfera de luz en el centro de tu pecho -es el núcleo indestructible de tu ser-. Al exhalar imagina cómo se expande tu núcleo luminoso y va llenando el espacio que te rodea. La luz emana en todas direcciones cubriendo tu vecindario, tu ciudad, tu país, el mundo, y el espacio entero. Imagina cómo la luz llena de felicidad a todos los seres sensibles que abarca. Finalmente, deja de visualizar y descansa en la vacuidad luminosa, sin objetos ni pensamientos. 

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2. Compasión

La meditación empieza en el minuto 27:40.

Sigue el audio en inglés

En una serie de estudios en la Universidad de Wisconsin-Madison en los cuales se midió a diferentes monjes budistas meditando, se descubrió que la meditación de la compasión emite las frecuencias cerebrales más altas, picos elevados de gamma que los científicos han asociado con la felicidad.

Tony Karam explica así el inconmensurable de la compasión:  

La compasión se refiere al reconocimiento de que todos los seres desean trascender el sufrimiento, merecen hacerlo y deben conocer las causas que propician dificultades y problemas recurrentes. [Busca] generar un vínculo de empatía, ya que conocemos las características de las experiencias del dolor que nosotros mismos deseamos evitar,  y hacer lo necesario para ayudar a los demás a trascender el sufrimiento, que desde la perspectiva filosófica budista tiene como origen la ignorancia y el desconocimiento de la realidad. 

 

Meditación dirigida por Alan Wallace:

Este momento es un acto de compasión para nosotros mismos. Como con un suspiro de alivio, libera esta mente ruidosa y afligida hacia las profundidades silenciosas del espacio del cuerpo, hacia el fondo no conceptual. Establece tu mente en el estado natural. Con cada exhalación suelta y relaja, calma y alivia las perturbaciones de la mente y el cuerpo.

Ahora dirige tu atención al espacio de la compasión y reflexiona sobre tu vida como es ahora, lo que te ha llevado hasta aquí, los tipos de sufrimiento en tu cuerpo y en tu mente, en tus relaciones con otras personas... Los tipos de sufrimiento a los que sigues estando vulnerable, hoy como ayer y hace muchas vidas y los cuales, si continúas con estos patrones, serán replicados en el futuro. Considera esta hipótesis del Buda: la raíz de nuestra vulnerabilidad al sufrimiento yace en la reificación [objetificación] de nuestros cuerpos y mentes y en la identificación con nuestro cuerpo y otros seres como si éstos tuvieran existencia inherente [fija, estable y separada], esta es la ilusión fundamental que abre las puertas del sufrimiento; aversión, resentimiento y hostilidad a lo de los demás y aferramiento y apego a lo mío. Considera las causas internas en tus propios hábitos mentales, en los cuales yace la raíz de tu sufrimiento.

Es el momento de la visión, la compasión no surgirá sin la visión de la liberación del sufrimiento. Así que lleva a tu mente la posibilidad de que finalmente sane y se libere de las aflicciones internas y oscurecimientos. Imagina la libertad interna, de tal forma que permanezcas libre aun cuando suceda lo que el resto del mundo llamaría adversidad, pero tú estás libre, imagina eso. Imagina que esta libertad no yace sólo como una mera posibilidad sino que existe una dimensión de tu ser que ya es libre. No es una posibilidad, es una realidad oculta, que es actual. Deja que tu conciencia prístina afirme su propia existencia y simbólicamente visualízala como una fuente de luz insondable e inagotable. Una esfera de luz en tu corazón, todo-purificante, todo-liberadora. Y con cada respiración genera esta aspiración hacia ti mismo, compasión por ti mismo, mientras traes a tu atención todo el espectro del sufrimiento al que eres vulnerable. Con cada inhalación, mientras generas la aspiración a la liberación, imagina el sufrimiento como una oscuridad simbólica que es llevada a este punto de luz en tu corazón, donde se disuelve sin dejar rastro alguno. Toda la oscuridad disolviéndose en la luz de la conciencia prístina, aliento con aliento.

Imagina que te liberas de todas las aflicciones a las que eres susceptible. Imagina al exhalar que te liberas.

Ahora dirige tu atención al espacio de tu conciencia; en el contexto de cultivar compasión, abre tu mente y corazón a la realidad de todos los seres sensibles, ligera y libre, y simplemente deja que alguien aparezca, puede ser alguien muy querido que sufre o puede ser alguien que no es tan cercano, incluso alguien que te provoca emociones negativas. Utiliza las imágenes mentales para llegar a la esencia de estos seres, pon atención cuidadosa y deja que se vuelvan reales, nítidos, claros. Pon atención al sufrimiento al cual son vulnerables, el sufrimiento que los esclaviza, porque nadie busca sufrir. Encuentra el punto en común hasta que la empatía emerja: "tú al igual que yo; como tú tienes aflicciones mentales yo también las tengo; como tú deseas estar libre yo deseo estar libre". Y con cada inhalación imagina el sufrimiento y las causas de sufrimiento, una nube de oscuridad que es llevada al núcleo luminoso de tu corazón e imagina cómo se disuelve y se extingue sin dejar rastro, en esta luz insondable de la naturaleza búdica [que es tu realidad más profunda].

 

Meditación resumida:

Primero establécete en la posición meditativa, dirige tu atención a tu respiración, relaja tus músculos. Sitúate en el espacio de tu conciencia. Libera tus pensamientos y suelta todas tus preocupaciones. Visualiza que eres libre del sufrimiento, que esto existe, no como una posibilidad futura, sino como una realidad más profunda. Esta libertad es la luz interna, el núcleo del ser. Con la inhalación imagina que todo tu sufrimiento, simbolizado en una nube de oscuridad, es absorbido por el núcleo de luz en tu corazón (el corazón espiritual) y con la exhalación imagina que eres libre de todo el sufrimiento y las aflicciones de tu mente y cuerpo. Todo el sufrimiento se disuelve en el núcleo de luz. Después deja que surjan otros seres, personas cercanas o lejanas, queridas o no tan queridas y haz el mismo ejercicio, imaginado el sufrimiento al que son vulnerables, llevándolo al núcleo de luz con la inhalación y liberándolo con la exhalación. Al final descansa en el espacio de tu propia conciencia prístina, sin objetos ni pensamientos. 

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3. Alegría empática

La meditación empieza en el minuto 23:47.

Sigue el audio en inglés aquí

Tony Karam dice sobre este inconmensurable:

El regocijo es un antídoto para la envidia, la cual tiene efectos muy dañinos para el individuo. Aprendiendo a regocijarnos de los éxitos y las acciones virtuosas en lugar de envidiarlas [logramos importantes beneficios].

 

Introducción de Alan Wallace:

El gran maestro Tsongkhapa dijo que la forma más fácil de generar mérito era regocijarse de la propia virtud. Y esto puede extenderse a la virtud de los demás. Esta meditación celebra el bien que has hecho tú y que han hecho los demás, la sabiduría de los maestros, la luz y la felicidad que también existe en el mundo y se coloca en la misma frecuencia, la sintoniza y la amplifica.

Esta meditación se basa en utilizar la energía positiva de manera inteligente para generar transformación. En el espíritu de la alegría empática, el hecho de que estés leyendo esto significa que tienes tiempo para cultivar tu mente y apreciar el dharma. Así que por 20 minutos congratúlate de poder cultivar tu corazón y tu mente de manera significativa, para generar beneficios a corto y largo plazo que contribuyan a la iluminación. Esto es algo que no debemos pasar de largo. Agradece. Establécete en un estado de quietud de mente y cuerpo. Dirige tu atención hacia adentro y reflexiona sobre tu vida y busca algo que te produzca genuina satisfacción y regocijo, en tu propia buena fortuna por haber realizado eso, aunque no haya sido trascendental. Atiende al bien que has generado, a tu entendimiento, y a lo bueno que has hecho, para ti y los demás. Con la inhalación lleva tu atención a la alegría de la bondad de esos momentos. Mientras exhalas el aire, emana la gratitud y la apreciación de esto, exhala la luz de la apreciación, de la alegría. Con conciencia de que una vida significativa no es algo que podría suceder en el futuro, ya tiene significado por estar aquí, tu vida es el resultado de esto. Reflexiona también en el bien, en la generosidad y en el enriquecimiento que otros te han brindado, en aquellos que han sido generosos y por los cuales has podido beneficiarte. 

Luego lleva tu atención al éxito y la felicidad de los demás. Piensa en aquellas personas que producen alegría y que buscan hacer el bien y deja que esta luz de la apreciación permeada con gratitud se expanda hacia el mundo. 

 

Meditación resumida:

Primero establécete en la posición meditativa, dirige tu atención a tu respiración, relaja tus músculos. Sitúate en el espacio de tu conciencia. Libera tus pensamientos y suelta todas tus preocupaciones. Haz que surja en tu mente una instancia en la que hayas hecho algo genuinamente bueno y provechoso para ti y para los demás. Aprecia el valor de eso y agradece. Con la inhalación te llenas de esa sensación de gratitud, apreciación y alegría. Y al exhalar liberas esa apreciación, gratitud y alegría como luz al mundo. Puedes hacer esto unos minutos y luego dejas que aparezca en tu mente una persona o un grupo de personas que producen bienestar, alegría y felicidad en el mundo y al inhalar agradeces y aprecias esa labor, y al exhalar haces que se expanda como luz en el mundo.

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4. Ecuanimidad

La meditación empieza en el minuto 12:12.

Tony Karam señala que la ecuanimidad o imparcialidad:

tiene como objetivo reconocer cómo todos los seres son iguales que nosotros en su búsqueda de trascender el sufrimiento y encontrar la felicidad y cómo todos merecemos obtener estas metas.

Sigue el audio en inglés aquí

 

Meditación dirigida por Alan Wallace:

Recuerda ocasiones en el pasado en las que cosas negativas han surgido, aflicciones mentales, comportamientos de los cuales en ese momento te arrepentiste, cosas que te hacen estar a disgusto contigo mismo. Esto es aversión contra ti mismo. Y luego piensa en una ocasión en la que lograste sacar lo mejor de ti, momentos verdaderamente integrales y positivos, de los cuales mereces regocijarte, amables, nobles... en los que realmente aprobaste tu comportamiento, momentos así deben de haber ocurrido alguna vez. Piensa en ello. En nosotros está todo el espectro, de lo más negativo a lo más positivo y todo el intermedio, pero el común denominador en todos estos momentos es que siempre quiero estar libre de sufrimiento, siempre quiero que florezca la felicidad, aunque hay momento en que estoy más afligido y errático que otros. No porque lo elija, sino porque ocurre. Así que con un sentido ecuánime de desearte el bien a ti mismo, y desear estar libre del sufrimiento y de sus causas internas, desarrolla esta ecuanimidad, esta entereza del corazón, este equilibrio de la mente. Que seas feliz y estés libre del sufrimiento. Con cada aire que exhalas deja salir la luz de la compasión, del amor bondadoso y la alegría, mientras te visualizas a ti mismo y con cada inhalación absorbe y extingue en la luz central del corazón el sufrimiento al cual eres susceptible y las causas subyacentes de este sufrimiento. Con cada inhalación generas la aspiración "Que yo sea libre" y al absorber esta oscuridad y extinguirla imaginas que eres libre. 

Con cada exhalación imagina que encuentras la felicidad que buscas, generando amor bondadoso... "Que seas verdaderamente feliz". 

Abre tu mente, expande tu conciencia a todo el universo y haz una invitación a todos los seres sensibles para que aparezcan. Ve quién aparece, sea amigo o enemigo, conocido o desconocido y una vez que aparezca un individuo o un grupo, en vez de poner atención a la imagen utiliza la imagen para poner atención al ser humano en sí mismo, llévalos a tu mente y procura por ellos.

No importa que sus hábitos y comportamientos te parezcan virtuosos o no, atiende a la profundidad en la que sientes la igualdad entre esa persona y tú mismo, la profundidad de la caridad, del deseo de liberarse del sufrimiento... desde esa profundidad de igualdad, mientras inhalas, imagina cómo absorbes la oscuridad de esos individuos, las causas internas de su sufrimiento, deseando "Que seas libre" y extinguiéndolas. Y al exhalar, exhalas la aspiración y la luz del amor bondadoso e imaginas que esa luz envuelve a esa persona y se difunde a través de ella... imagina que encuentra la felicidad, su deseo más profundo, más allá de aflicciones mentales. Inhala y exhala...

Luego deja que esa persona se disuelva y ve quién más aparece... y finalmente, amplía el espacio de tu atención y piensa en todo el mundo y haz esta misma operación. 

Por último, deja que tu conciencia descanse ya sin objeto de meditación, en la propia ecuanimidad, en la quietud de la respiración.

 

Meditación resumida:

Primero establécete en la posición meditativa, dirige tu atención a tu respiración, relaja tus músculos. Sitúate en el espacio de tu conciencia. Reflexiona sobre momentos negativos en los que sentiste una aflicción mental y una conducta de la cual en ese momento te arrepentiste. Luego imagina un momento positivo, en el cual te sentiste muy bien, contento y con una mente clara. Observa estos dos tipos de experiencia y genera ecuanimidad e imparcialidad ante ellos, nota cómo no obstante lo que ocurra siempre existe un deseo de liberarse del sufrimiento y esto es algo que todos los seres comparten. Al inhalar absorbe la aflicción y el sufrimiento, simbolizado como oscuridad, y llévalo a la luz central de tu corazón (el corazón se refiere al centro del ser, no al corazón físico). Extingue ahí ese sufrimiento y genera la aspiración "Que sea libre del sufrimiento" y al exhalar emana la luz del amor bondadoso. Repite esto mismo invitando a que se manifiesten diferentes personas, sin juzgar o editar cuáles aparecen, sean amigos o enemigos. Absorbe su sufrimiento, extínguelo y exhala luz de amor bondadoso. Luego haz esto con todo el mundo, toma la oscuridad del mundo y transmútala en luz. Disuelve todo objeto de meditación y descansa en tu propia conciencia, que es igual al espacio.

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Four immeasurables, chart 1 (vía Alan Wallace)

 

Si te has beneficiado de estas meditaciones y puedes costearlo, te invitamos a hacer una donación al Santa Barbara Institute for Consciousness Studies, que ha puesto disponible este material en línea de manera gratuita.

 

Este artículo fue publicado primero en Cadena Áurea de Filosofía