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Por qué Marie Kondo se equivoca groseramente sobre los libros

Buena Vida

Por: pijamasurf - 02/14/2019

La gurú del orden recomienda deshacerse de todos los libros no leídos

En uno de sus libros, en una recomendación controversial, Marie Kondo, la gurú japonesa del orden y la limpieza, exhorta a sus seguidores a vaciar los libreros de todos los libros no leídos. Ella misma se limita a tener unos 30 libros, una cifra sumamente pobre. Según Kondo, "no hay significado en los libros que sólo están en los libreros"... pero esto es absolutamente falso.

Evidentemente, los libros tienen significado, aunque estén cerrados y acomodados en los libreros. Por una parte, cuando han sido leídos comunican toda una historia de relaciones con su contenido, una memoria que es también espacial y que se detona cuando los miramos. Si no han sido leídos, de todas maneras comunican un significado, pues seguramente han sido adquiridos por alguna razón, algún tipo de atracción, que aunque no haya sido ejercida sigue latente. Nos recuerdan algo que queremos saber o el estilo y la personalidad de su autor, y a veces casi, como la arquitectura, una música congelada. Por otra parte, es obvio que los libros que tenemos comunican parte de lo que somos, tienen ese significado de mostrar nuestra vida intelectual, algo que puede ser ciertamente vanidad, pero que no deja de ser una especie de mente externa, entre la cual habitamos.

Es cierto que mucho de esto mismo se puede decir también de la ropa o de cualquier objeto -pues todo comunica algo, guarda memorias y da señales de quiénes somos-. Pero a diferencia de otros objetos, los libros no sólo son objetos nostálgicos, de colección o de vanidad; son pensamientos latentes, dinámicos, y generalmente, los mejores pensamientos que el ser humano ha pensado, que aguardan para seguir conversando: el diálogo del espíritu en el tiempo. Uno tendría que ser altamente imaginativo -y más bien, sentimental y fetichista- para encontrar esto también en prendas de ropa o en coches de juguete.

La regla modificada que se debería seguir es simplemente no mantener libros que uno no piensa leer. Si simplemente cierto libro no te atrae ni te interesa, es mejor regalárselo a alguien. Pero si el libro te interesa y mueve tu intelecto al deseo, aunque en este momento no consideres apropiado leerlo, ese libro tiene un sentido en tu vida. Es como un futuro posible, una línea de tiempo que te llama y, también, parte de tu imaginación. De la misma manera que hay personas muy sociales que pueden mantener relaciones con muchas personas, hay personas que pueden mantener relaciones con muchos libros -y algunas de amor- incluso sin leerlos del todo, a veces cultivando una especie de coqueteo previo, una larga seducción, hasta finalmente llegar al momento adecuado, en el estado de ánimo propicio -o por la sincronicidad o serendipia de la vida- en el cual se hace posible, finalmente, leer ese libro.

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Empresario holandés quiere cambiar su edad legal de 69 a 49 para tener mejores prospectos en la vida (y en Tinder)

Buena Vida

Por: pijamasurf - 02/14/2019

Emile Ratelband busca que una corte le permita bajar su edad de 69 años a 49; argumenta que es discriminado

Emile Ratelband es un empresario holandés que dice estar en una condición física superlativa. Según él, los exámenes médicos sugieren que fisiológicamente tiene 45 años. Los doctores le han dicho que "es un joven dios". Y el mismo así se siente, según informa una corresponsal de El País en Holanda.

A su edad, la mayoría de las personas están al borde de jubilarse. Pero Emile está llenó de vitalidad, se acaba de convertir al budismo y da clases de PNL. Antes fue panadero y restaurador, es una pequeña celebridad en su ciudad natal y ahora se desempeña como coach. Sin embargo, él mismo sufre un problema que lo merma: la discriminación por su edad.

Emile ha expuesto su caso a un tribunal de la ciudad de Arnhem, así que lo suyo no es sólo una queja de cómo es la sociedad. Para evitar sospechas, dice que renunciará a su pensión hasta que vuelva a cumplir la edad de la misma. Los jueces le han hecho preguntas interesantes, que bordean con el surrealismo. Por ejemplo: "¿Dónde quedan esos 20 años que usted quiere quitarse?", o "¿Quién era ese niño que sus padres cuidaron?". Su caso plantea una grieta ontológica, además de un problema burocrático. 

El problema que enfrenta Emile, quien tiene siete hijos de tres parejas, es sobre todo que ahora le cuesta encontrar pareja. Al parecer, la sociedad se guía por el número, más que por la apariencia: "Si entro en Tinder para concertar una cita y digo que tengo 69 años, nadie me responde. Si pongo que son 49, y con mi aspecto físico, estoy en una posición ventajosa". Y argumenta que si las personas transgénero pueden cambiar de sexo y manifestarlo en su pasaporte, él también debería poder hacerlo. Ratelband también es "fluido", pero no en cuanto al sexo, sino a la edad. Quizá Emile no está consciente de que en este sentido su caso no es especial, si bien él señala que su edad fisiológica de 45 (¿o 49?) años puede comprobarse. Este es el eterno dilema de innumerables personas que se aferran a su juventud y que quieren seguir accediendo a los cuerpos jóvenes. Lo que sí parece ser cierto, es que la sociedad tiene a glorificar la juventud y a discriminar y hacer menos a los viejos.

Tal vez Emile debería concentrarse más en estudiar a fondo el budismo y practicarlo, pues esta filosofía religiosa enseña a meditar en la muerte y a aceptar la impermanencia sin apegarse a los objetos de los sentidos. De cualquier manera, su caso es fascinante y revela un tema que será interesante en un futuro, cuando las personas empiecen a vivir más años: los "viejos" se sentirán todavía jóvenes y querrán seguir participando en el estilo de vida de la juventud, algo que ya se puede observar hoy en día, pero esto será más pronunciado.