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La pregunta es: ¿por qué el ser humano necesita de la Matrix?

Filosofía

Por: pijamasurf - 04/22/2019

¿Es posible salir de la Matrix? ¿O el ser humano necesita de esa fantasía para realizar su existencia?

En 2019 la cinta Matrix cumplió 20 años de haberse estrenado. El aniversario es en cierta forma significativo porque la película fue en sí misma una especie de símbolo de una época que la humanidad parecía estar franqueando en el momento del estreno. 

Como sabemos bien, la cinta presentaba un mundo distópico en el que los seres humanos son usados como baterías por máquinas que sólo de esta manera pueden proveerse de la energía que necesitan para operar. La "Matrix" es un mundo ficticio, creado artificialmente a imagen y semejanza de la civilización humana de finales del siglo XX, al que están conectados millones de seres humanos, cuyos cuerpos se encuentran sin embargo en cápsulas en donde su energía es ordeñada desde el nacimiento y hasta la muerte.

Ahora, 20 años después, la metáfora parece ominosamente profética. En una época cada vez más dominada por los algoritmos y cada vez más preocupada por producir más, ir más rápido, llegar más lejos (aunque sin que nadie se pregunte en qué dirección o con qué sentido), el escenario apocalíptico imaginado por los hermanos Wachowski no parece muy fantasioso que digamos, sino más bien una realidad latente. 

Poco tiempo después del estreno de la cinta, el filósofo Slavoj Zizek la tomó como motivo de reflexión y ofreció algunos comentarios al respecto. Ya entonces Zizek era conocido por su uso del cine y otras expresiones de la cultura popular para explicar ideas de pensadores como Hegel, Marx o Freud.

En el caso de Matrix, una de las interpretaciones más agudas que hizo Zizek fue la que incluyó en su guion de The Pervert's Guide to Cinema, un documental de 2006 dirigido por Sophie Fiennes en el que el filósofo realiza una suerte de iniciación a conceptos fundamentales del psicoanálisis y la filosofía crítica a través del cine. A partir de la cinta de los hermanos Wachowski, Zizek se pregunta no por qué la Matrix necesita de la energía humana (lo cual es relativamente obvio), sino más bien por qué la mente humana necesita de la fantasía de la Matrix. Visto de otra manera: ¿por qué, en la realidad de la cinta, las máquinas no pueden simplemente tomar la energía humana y usarla, sino que necesitan fabricar toda ese realidad virtual en donde los seres humanos creen vivir y, sólo así, generan la energía que las máquinas necesitan? ¿Por qué el ser humano necesita de ese mundo fantástico que para dar cauce a su energía?

Como vemos, la pregunta y la reflexión que ofrece Zizek a manera de respuesta son cruciales para entender el devenir de la existencia humana. Muchos de nosotros vivimos sin estar al tanto del potencial que circula por nuestros cuerpos y que de alguna manera es la misma energía que anima a todos los otros seres vivos, desde los organismos microscópicos hasta las plantas, los felinos, las ballenas o las aves. 

En nuestro caso, sin embargo, esa energía (que Zizek, siguiendo a Freud, llama "libido"), no puede manifestarse tan "libremente" como ocurre, por ejemplo, entre los animales. Aunque nuestro destino como seres vivos sea el mismo –nacer, desarrollarnos, morir–, en el caso del ser humano ese devenir tiene otros significados y, por ende, nuestra energía de vida puede seguir otros circuitos.

Como explica Zizek, para nosotros la realidad pura y bruta no basta. Paradójicamente, para vivir necesitamos de un elemento que es en cierto grado irreal pero que, al ser sostenido intersubjetivamente (es decir, por una suma de individuos), adquiere la realidad de la que carecía en su origen. 

Quizá por eso la metáfora de la Matrix es tan efectiva, pues no hay nada que el ser humano pueda experimentar fuera de ese orden simbólico. Todo, desde las necesidades más básicas (como la comida o el sexo) hasta las invenciones más sofisticadas que nuestra especie ha creado en este proceso, todo para el ser humano existe porque existe antes en el orden de lo simbólico o, para seguir con la metáfora, porque fue cargado antes en el programa de la Matrix. 

En otras palabras: el lugar del ser humano es dicho orden simbólico. Por decirlo así, la Matrix, el orden simbólico, es nuestro único playground, nuestro terreno de juego, de acción. De ahí que no exista tal cosa como un "afuera" de la Matrix, o una posibilidad de escape. O bueno, sí es posible "desconectarse", pero a eso la civilización le llama delirio, locura o psicosis. Los sujetos delirantes viven fuera del orden simbólico.

Pese a todo, vivir en la Matrix no es del todo un destino que tenga que aceptarse con resignación. La buena noticia en el campo de lo intersubjetivo es que, como decíamos antes, en su origen estuvo la fantasía, lo cual significa que hasta cierto punto no es del todo real. Es decir, es maleable, susceptible de modificaciones, transformaciones, reemplazos. En eso también acertaron los hermanos Wachowski. 

No es que, como Neo, puedas hackear la Matrix al grado de detener balas y volar por los aires, pero sin duda sí es posible encontrar los huecos del orden simbólico, sus errores de programación, sus glitchs y sus bugs, para usarlos a tu favor. 

Sin embargo, para ello es necesario hacer conscientes al menos dos elementos de la existencia que solemos experimentar desde la inconsciencia y a veces incluso fuera de nuestra voluntad: el orden simbólico y nuestra energía de vida. Tomar conciencia de que estamos vivos (y lo que eso significa) y que, en el caso del ser humano, la vida necesita de un orden simbólico para realizarse son dos pasos fundamentales en la consecución de un estado en el que no se vive ni oprimido por las circunstancias ni en sufrimiento constante por las contradicciones propias de la existencia sino, más bien, en posesión plena de los recursos con los que contamos.

 

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7 principios morales que rigen a todo grupo humano y aseguran la cooperación

Filosofía

Por: pijamasurf - 04/22/2019

La moralidad es, por encima de todo, un recurso que favorece la convivencia

La moral suele ser un motivo de división radical en las opiniones y la visión del mundo de las personas. Para algunos, los principios morales son en cierto grado incuestionables, tanto como la obediencia que se les debe profesar. A otros, en cambio, la moral les parece una suma de principios que contienen y censuran la espontaneidad propia del ser humano, conduciéndolo a formas de actuar poco favorables para su desarrollo personal.

Una y otra postura son de cierta manera sólo discursivas, pues nadie acata estricta y absolutamente todas las reglas morales que existen en una sociedad y, por otro lado, tampoco es posible vivir entregados por completo al llamado de nuestros impulsos y apetitos, sin tomar en cuenta el medio social del cual formamos parte. Lo más común es más bien oscilar entre uno y otro extremo: hay principios morales que obedecemos, consciente o inconscientemente, y otros que en el marco de nuestra subjetividad hemos sido capaces de cuestionar e incluso desechar.

En este sentido, es posible tomar la moral con menor radicalismo y, en cambio, entender que se trata de un recurso generado por la comunidad humana con el fin de facilitar la convivencia. Cuando todos estamos más o menos de acuerdo en ciertos principios básicos que regulan nuestros intercambios en sociedad, es más fácil llevarlos a cabo, o al menos todos partimos de una base común sobre la cual pueden construirse relaciones de mayor profundidad.

Hace poco, Oliver Scott Curry, antropólogo de la Universidad de Oxford, dio a conocer los resultados de una investigación personal que condujo a propósito de las similitudes de las reglas morales en distintas comunidades humanas. Aunque desde el sentido común podemos tener la idea de que el comportamiento humano siempre ha sido igual, o que nociones como “lo bueno” o “lo malo”, lo aceptable o lo intolerable, entre otras afines, se mantienen inalteradas desde tiempos remotos, lo cierto es que todo lo que concierne a lo humano es histórico, es decir, resultado de condiciones específicas de una época y, por lo mismo, se encuentra en cambio constante. Al respecto, Scott Curry comenzó su investigación luego de dirigir una clase en donde los estudiantes participantes no podían llegar a un acuerdo sobre si la moral es algo innato o adquirido.

Luego de 7 años de estudio sobre el tema, el antropólogo pudo establecer siete principios morales que son comunes en 60 sociedades distintas, de acuerdo a observaciones recabadas de 600 fuentes diferentes. Dichos principios son:

- Ayudar a la familia

- Ayudar al grupo al que se pertenece

- Devolver un favor

- Ser valiente

- Obedecer a los superiores

- Dividir los recursos con justicia

- Respetar la propiedad de otros

En parte, esta síntesis de principios comunes a distintos grupos sociales sirve para entender que su constancia puede generar la falsa impresión de que se trata de reglas que han existido desde siempre, por decirlo de alguna manera. Sin embargo, no es así, y su persistencia en el tiempo y en la diferencia de circunstancias obedece más bien a otra razón.

De acuerdo con Scott Curry (cuyo estudio fue publicado en el número más reciente de la revista especializada Current Anthropology), la razón que explica este fenómeno es, más bien, que a través de esos siete principios el ser humano encontró una base sólida para asegurar la cooperación entre individuos. 

Como es sabido, la cooperación es una de las características más propias de los primates avanzados y, en el caso de la especie humana, es sin duda una de nuestras fortalezas. No obstante, con el advenimiento del lenguaje y de la inteligencia superior surgió la contradicción entre el interés del individuo y el interés colectivo, que no siempre coinciden; la moral es una de las formas más efectivas de hacer prevalecer el interés colectivo, pues como vemos por los principios expuestos por Scott Curry, en todos ellos la acción individual se ejerce para generar un beneficio para la convivencia.

Aunque de manera esquemática, esta investigación nos ayuda a reflexionar sobre el carácter histórico de la moral y, sobre todo, sobre su utilidad. Si bien en ciertos momentos de la historia la moral ha sido llevada al extremo de reprimir violentamente la subjetividad, no cabe duda de que también es posible reconocer su función como elemento que aviva el sentido de comunidad.

 

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