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Cápsula impresa en 3D permite que usuarios mueran apretando un botón

Buena Vida

Por: pijamasurf - 05/24/2019

Una muerte elegante y, en teoría, placentera

Philip Nitschke, uno de los principales activistas a favor de la eutanasia, ha creado una máquina para suicidarse a partir de una impresora en 3D, la cual permite que los usuarios se autoadministren la muerte de una manera elegante y quizá hasta placentera.

La máquina de diseño futurista llamada Sarco tiene paneles transparentes y parece una especie de máquina para navegar al espacio, lo cual es adecuado, pues quizá eso sea la muerte también. Al apretar un botón, la máquina llena el ambiente de nitrógeno líquido, una sustancia que puede ser adquirida sin un permiso especial. Esto hace que la persona se sienta un tanto embriagada, al estilo "gas de la risa", al tiempo que los niveles de oxígeno van descendiendo. En teoría, la persona queda inconsciente y luego muere.

Para usar la máquina, los usuarios deben superar una prueba que es llevada a cabo por una inteligencia artificial, algo un tanto surreal pero que permite tener control sobre si la persona está decidiendo su muerte de una manera racional o no, con uso de sus facultades. Esta es la intención de la máquina, "permitir que adultos racionales tengan la opción de una muerte pacífica, voluntaria y legítima, en un ambiente estilizado y elegante". La máquina además es portátil, por lo que puede ser llevada a un lugar especial para la contemplación final, acaso a los Alpes o al Mediterráneo.

Nitschke dice que el día de la muerte es el día más importante de la vida y uno debería poder elegirlo. Sus aseveraciones son ciertamente controversiales, pero cada vez ganan más tracción en una sociedad altamente secular.

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Escuelas-bosque: nueva alternativa en la educación infantil

Buena Vida

Por: pijamasurf - 05/24/2019

Una interesante opción que puede servir de antídoto a la hiperurbanización y a la excesiva dependencia en la tecnología

La idea original de un kindergarten, un jardín de niños, es incorporar en la educación el juego y la convivencia con la naturaleza. Esta premisa ha quedado un poco de lado con la urbanización y tecnologización de la educación. Sin embargo, una nueva tendencia recupera el espíritu original de esta noción con las llamadas escuelas-bosque o escuelas de naturaleza, que en los últimos años han tenido mayor afluencia, especialmente en países como Dinamarca y Alemania.

En una nota reciente, el sitio Vanguardia señala que existen actualmente por lo menos seis escuelas de este tipo en Cataluña. Los estudiantes suelen tener de 3 a 6 años (a los 6 años la educación escolarizada es obligatoria) y se utilizan elementos naturales como piedras, semillas y animales para enseñar cosas que van desde "las matemáticas hasta lenguaje o psicomotricidad, sin pupitre alguno".

Este método es indudablemente bien recibido en una sociedad en la que se pierde cada vez más el contacto con la naturaleza y se busca usar como herramienta didáctica solamente la tecnología o la mediatización, a veces dejando de lado otros elementos importantes como la interacción en entornos en los que exista flora y fauna.

Según han notado los encargados de una de estas escuelas, en una investigación realizada por la británica Universidad de Loughborough, estudiar extramuros incrementa la confianza y la resiliencia de los niños.

Otro de los beneficios que han identificado los educadores de este tipo de escuelas, es que los niños se vuelven conscientes de su entorno. Empiezan a saber los nombres de las plantas, a entender el comportamiento de ciertos animales y, posiblemente, incluso de ciertos fenómenos naturales. Además, estas interacciones sirven para contrarrestar el ensimismamiento que suele ser parte de nuestra cultura mediatizada y la tendencia a "sobreproteger" a los niños e impedirles que exploren el mundo. 

Para los padres que buscan otorgarles a su hijos el beneficio de una escuela que les permita entrar en contacto con la naturaleza también están las escuelas Waldorf, que siguen una filosofía basada en el trabajo pedagógico de Rudolf Steiner, quien se inspiró en el método de Goethe, el gran explorador de la naturaleza con su "empirismo delicado".

 

Foto: Arrels Escola Bosc